![]() |
![]() |
![]() |
| |||||||||||
| Policías de élite, al servicio de Zetas El comando de 60 agentes fue equipado por los sicarios, según la Procuraduría
FRANCISCO GÓMEZ Según las indagaciones de la Procuraduría General de la República (PGR), se trataba de un comando de 60 policías municipales, todos ellos les servían a Los Zetas. Ese grupo de élite, creado por la policía municipal y equipado y financiado por los sicarios, utilizaba cascos blindados, lo último en chalecos antibalas, balas expansivas y hasta para perforar blindaje, junto con los mejores uniformes. Esos policías se encargaban de cobrar y regentear la venta de protección a narcomenudistas, así como levantar y ejecutar a los rivales del cártel del Golfo. De acuerdo con información de la PGR, el grupo era operado por uno de los comandantes cuya clave al estilo militar era Caballería, quien era el encargado de las acciones del grupo que, a pesar de ser parte de la estructura de la policía municipal, trabajaba sólo para Los Zetas. El director de la policía municipal y ahora prófugo Gabriel Torres González no sólo lo permitió, sino que participó en ello también. Desde su llegada al cargo ingresaron varios "recomendados" a puestos claves. Se les subió a las patrullas, y se les asignó a puntos muy específicos en la ciudad para mantener el control absoluto de todo. Saber quién, cuándo y cómo, según lo relatan elementos de la propia corporación. "La corporación estaba podrida, se echó a perder", reconocen los policías municipales más viejos. Los sábados y domingos, recuerdan, escoltaban a sus jefes cuando salían a divertirse o estacionar sus camionetas sobre la avenida principal, la Constitución de 1814. El colmo era que los patrulleros debían ir a comprarles hasta las botellas, mientras ellos se quedaban oyendo a todo volumen música de banda. Con todo un ejército de informantes, principalmente taxistas y desempleados que recorren o se colocan a lo largo y ancho de la ciudad, Caballería era el recolector de dinero de Los Zetas. Incluso, siempre trabajaba en los dos turnos. No podía abandonar ni descuidar su encargo por nada. Lo que de Caballería se sabe es que era un ex militar. Dentro de la corporación misma se le temía. Él junto con el director, Gabriel Torres González, mandaban. Ambos tenían el poder de despedir a todos los uniformados que se negaran a seguir sus órdenes o se atrevieran a protestar. La explicación de que cómo puede circular por este municipio y muchos otros un convoy de 10 o 20 camionetas con hombres encapuchados y armados, para secuestrar, matar gente y después desaparecer sin dejar huella, es muy simple. Eran ellos mismos. Se valían, dicen algunos uniformados, del "muro" que les formaban las patrullas y comunicaciones de la policía municipal, así como de su red de informantes. Con ello podían ir de un lado a otro sin ser molestados. Hace 90 días, el alcalde de este lugar, Antonio Cruz, dijo que los policías municipales peleaban con "las uñas contra matones que utilizan granadas, rifles equipados con silenciador y mira telescópica AK-47 y AR-5 y que, por si fuera poco, se trasladan en vehículos blindados". Se le olvidó mencionar que el jefe de la policía municipal, a quien aún defiende y niega que esté prófugo, contaba con una camioneta último modelo, blindada y cuyo costo es superior al millón y medio de pesos, según las autoridades federales. Pero toda esta impunidad con la que operaban comenzó a desquebrajarse desde el 5 de julio, cuando uno de los jefes de Los Zetas fue atacado aquí por un grupo rival. En el ataque de ese jueves contra cuatro hombres, aparentemente, José Antonio Morales Vega, El Muñeco, sobrevivió y fue llevado gravemente herido a la clínica particular Santa Fe. Se ordenó que fueran policías ministeriales los que resguardaran al herido, pero los municipales se opusieron. Una nueva orden obligó a los ministeriales a tomar la custodia del herido, pero cuando volvían al hospital fueron informados de que el herido fue trasladado en ambulancia, por su gravedad, a Uruapan. Municipales se encargaban de la seguridad, pero en el camino éstos descubrieron que no traían oficio de comisión y optaron por dejar la ambulancia y regresar. A los pocos minutos de ello, un grupo armado tomó por asalto la ambulancia y se llevó -rescató- al herido. Hoy nadie sabe de ese hombre.
|
|
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio © 2006 Copyright El Universal Online México, S.A. de C.V. | ||