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Un ejército para la microcirugía de la elección
Fidel Samaniego Caminaban por el vestíbulo de uno de los edificios de la fortaleza. Iban en mangas de camisa. Parecían cansados. "Vamos aunque sea unos segundos a agarrar un poquito de sol", propuso uno de ellos, los otros tres aceptaron. Y salieron a la explanada. Tuvieron suerte, no estaba nublado. El que promovió la breve escapada encendió un cigarrillo, lo fumó, lo disfrutó. Después, retornaron a lo suyo, a participar en la que es una microcirugía de la documentación de la elección presidencial. Un análisis exhaustivo, hoja por hoja, línea por línea, palabra por palabra. Y en todo momento, seguir lo que señalan los procedimientos legales. Así, hora tras hora, sin que tengan claro en qué momento van a salir de ese castillo de la pureza de las formas para descansar. Son en su mayoría jóvenes. Trabajan como secretarios de Estudio y Cuenta, o como asesores. Abogados con especialidades relacionadas con el derecho electoral. Sus sueldos varían entre los 37 mil 750 pesos y los 61 mil 935 al mes. Cada uno tuvo que participar en un difícil examen y los mejores fueron seleccionados. Un promedio de 15 de ellos está con cada uno de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. "A veces salimos hasta las cuatro o cinco de la mañana. Cada magistrado tiene su forma de trabajar. Pero en todos los casos, nuestro trabajo es minucioso. Y créame, lo hacemos con dignidad con el orgullo de estar aquí", expresó uno de ellos. Pidió que no se publicase su nombre. Es, como todos sus compañeros, escrupuloso. Cuida cada una de sus palabras. Se abstiene de hacer cualquier mención, y desde luego no sale de su boca ninguna opinión sobre el conflicto postelectoral que vive el país. Todo es actividad en la fortaleza que alberga al máximo tribunal electoral del país. La vigilancia es cada vez más estricta. Ningún extraño puede apartarse de la ruta que lo lleva a la oficina que visitará. Se escucha el sonido de las fuentes en los dos estanques al fondo de los jardines. En el restaurante hay poca gente. Afuera, en la banqueta, ningún manifestante. Imposible, por si alguien lo intentara, brincar las rejas: cada barrote termina en lo alto con cinco filosas puntas. Han pasado los años, cambian las circunstancias. Alguna vez, José Luis de la Peza, quien fuera magistrado y presidente del organismo, recordó que la primera sede del Tribunal de lo Contencioso Electoral, el antecesor directo del TEPJF, fue en un viejo edificio en la calle de Hamburgo "que merecía el calificativo de sórdido". El presupuesto, en aquel año de 1987, era limitado, los salarios muy bajos, el equipo de trabajo consistía en máquinas de escribir mecánicas que habían sido desechadas por la Secretaría de Gobernación; no tenían fotocopiadoras, por lo que usaban papel carbón. Los magistrados utilizaban vehículos compactos, usados. Hoy, el Tribunal Electoral cuenta con el centro de documentación más importante en la materia, de América Latina. En el Archivo Jurisdiccional, con la iluminación y la temperatura adecuada están las decenas de miles de hojas, las actas, los recursos, todo lo que se analiza ya de los comicios presidenciales. Afuera, en una mesa, hay varias carpetas para quien quiera consultarlas, en ellas están los requerimientos de documentación o de pruebas a los partidos, a los comités distritales. Una documentación que revisan minuciosamente, en un trabajo de microcirugía, los integrantes de ese ejército, los que dicen que su única arma es la ley, los que ayer se tomaron la libertad de robarle un poco de calor al sol.
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