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Impecable solemnidad en medio de protestas y actuación
Fidel Samaniego Ella, ellos. Una mujer y seis hombres. Los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación: Alfonsina Navarro, José Alejandro Luna Ramos, Eloy Fuentes Cerda, José Fernando Ojesto, José de Jesús Orozco, Mauro Reyes Zapata y el presidente, Leonel Castillo González. Ella, ellos, encargados, responsables, del capítulo crucial, el definitivo en la historia de la madre de todas las elecciones. Puntuales, solemnes, a las 12 del día, ayer, entraron al salón de plenos de la Sala Superior. El magistrado presidente al frente. A sus espaldas el Escudo Nacional en bronce y dos banderas de México. A su izquierda y derecha, a la mesa en forma de herradura, tres de sus compañeros por cada lado. En el centro del semicírculo, el secretario general de acuerdos y el lugar que ocuparían diversas personas en funciones de secretarios de Estudio y Cuenta en turno. Formalmente tendrían una sesión de las llamadas de rutina. Asuntos en el orden del día, que no tienen que ver con los comicios presidenciales. Sin embargo, en el recinto el ambiente estaba cargado. Varias cámaras de televisión, más reporteros que otras veces, corresponsales extranjeros. Mientras tanto, en la explanada del tribunal, los encargados de la vigilancia, atentos a la información que recibían por sus radios. Otros tipos también aguardaban expectantes. "Son del Bucareli News, de Gobernación pues", aseguró uno de los jóvenes que cumplían a la una de la tarde siete días en huelga de hambre. Unos y otros sabían ya que no tardarían en llegar dos tráileres, sin las cabinas, y como pasajeros en sus plataformas jóvenes que partieron de la casa de campaña de Andrés Manuel López Obrador en la colonia Roma, para realizar un mitin ahí, frente al edificio que alberga al TEPJF. En el salón de plenos, la sesión se desarrolló sin incidentes. Varias veces, el presidente del tribunal anunciaría el expediente a tratar, el acto impugnado y pediría, con toda corrección al secretario de Estudio y Cuenta que diese lectura al acuerdo en turno. Siempre anteponiendo al nombre el título: "Licenciado...". Una y varias veces, el magistrado Leonel Castillo González preguntaría el sentido del voto a sus compañeros. Y se escucharían las respuestas. Todo sin levantarse las voces, con esa impecable solemnidad. Poco después de las 13:00 horas se levantó la sesión. Los abogados que trabajan en el tribunal abandonaron por la puerta principal el salón de plenos. Los magistrados, ella, ellos, se fueron por donde acostumbran, un pasillo que los lleva directamente a las tres torres donde están sus oficinas. Fue entonces cuando a ese castillo de las formas puras, de la justicia plena, llegaron los indignados gritos. Eran de quienes se adelantaron a los traileros manifestantes. Éstos no tardaron en alcanzarlos. Ahí estaban ya. Varias jóvenes lucían sus abultados vientres, y portaban bandas que las identificaban como "urnas". Gritaban: "¡Ugalde nos embarazó!". Protesta y actuación. Una chica se colocó en la banqueta tras un calabozo de madera, representaba a la democracia encarcelada. Y ya estaban ella, ellos, los magistrados en sus torres, cuando resurgía aquel grito: "¡Si no hay solución, habrá revolución!". Un día menos en la cuenta regresiva, en ese castillo de la pureza...
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