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Luz de la esperanza en un mitin triste
Jorge Octavio Ochoa Una joven, desde la acera de enfrente, mira con tristeza y ojos acuosos la casona de San Luis Potosí, en la añeja colonia Roma, pero no se suma a ese pequeño grupo que levanta sus pancartas "No al pinche fraude", con el "no" en grandes letras rojas y la diagonal cruzada sobre la "o", en señal de prohibido. Es la expresión más acabada de la frustración. López Obrador ha permanecido encerrado ahí, rutinario, predecible. Sale alrededor de las 16:00, regresa a las 18:00. Sabe perfectamente que el interés ha decaído, porque las persecuciones de reporteros son cada vez menos concurridas. De hecho, ya sólo son dos motocicletas amarillas las que lo siguen. La concentración en el zócalo será la clave y termómetro de lo que sigue. El primer círculo permanece ahí: Ricardo Monreal, Leonel Cota, Jesús Ortega, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Socorro Díaz, José María Pérez Gay. Los estrategas, esos mismos que auguraban que el triunfo estaba amarrado. Horas y horas de preparativos para esa magna concentración, a la que quieren llamar, eufemísticamente "asamblea informativa", a sabiendas de que es la última oportunidad de enseñar el músculo. Por la noche, un grupo de mujeres escenifica ahí, frente a la casona color naranja pálido, una manifestación mística, con veladoras encendidas. Es la luz de la esperanza, dicen, y colocan pequeños moños amarillos en cuanto transeúnte lo permite. El número de concurrentes aumenta, son más de 100, de auténtica sociedad civil, sin partido ni afiliación acarreada. "¡Andrés, aguanta, el pueblo se levanta! -grita esa pequeña feligresía- ¡Andrés, amigo, el pueblo está contigo!". De la casa de campaña salen más y más carteles con el "No al pinche fraude", que se reparten como agua en el atrofiado tráfico de esa estrecha calle, donde se mezclan las mentadas con las adhesiones, en claxonazos al grito de "¡Obrador! ¡Obrador!". Una joven -Rosa María López Pérez- luce playera negra con la caricatura, en blanco, de un Luis Carlos Ugalde a manera de Frankenstein y la leyenda: "Se repite el 88". Mientras, la gente inventa consignas al vuelo: "¡Ugalde, cobarde, el pueblo está que arde!"; "¡Ugalde, Gordillo, el pueblo no es vendido!". El agente de Gobernación, camuflado de pueblo, sigue ahí: moreno, pantalón de mezclilla, camiseta color crema en vivos verdes y el número 05. De rato en rato se aleja para enviar reportes por celular. El reporte es lacónico: "Ya son más de 100; están repartiendo carteles". A las 20:10 se encienden las veladoras, el bullicio aumenta. La gente grita: "¡No me cansaré y no me venderé!". El ambiente místico pareciera seguirlo. La luz de las candelas da un aire de manifestación triste bajo la noche. "No sólo te otorgamos el voto, te brindamos nuestro corazón", dice una de las pancartas. Mujeres ancianas siguen ahí, en medio del frío. "Sufragio efectivo, No Calderón", grita la gente. El pequeño grupo vuelve a crecer. Son más de 200; espontáneo, irritado, molesto; hacedor de consignas. "Soy trabajador, y estoy con Obrador", con sus veladoras encendidas: la luz de la esperanza.
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