![]() |
![]() |
![]() |
| |||||||||||
Tras la ilusión, la ira amarilla estalló en la madrugada
Fidel Samaniego Eran unas 50 personas. Esperaron frente a las instalaciones del Instituto Federal Electoral. Cantaron, se regocijaron, se ilusionaron en los varios momentos en los que alguien de los mismos manifestantes les informó que en el cómputo oficial de las elecciones presidenciales, y cuando faltaban pocas casillas, Andrés Manuel López Obrador se mantenía en el primer lugar. Sin embargo, poco a poco fueron entendiendo que centésimas menos para uno, centésimas en favor de otro, Felipe Calderón se acercaba y que sólo sería cuestión de tiempo para que las cifras de uno y otro se encontraran, se cruzaran y las tendencias cambiaran. El día más intenso, más largo en mucho tiempo. En las pantallas instaladas en la macrosala de prensa del IFE no dejaron de aparecer los números, los porcentajes, y los colores azul y amarillo que llenaban casi por mitad para cada cual el mapa de la República Mexicana. Minuto a minuto, hora tras hora, más de 30 centenares de miradas, en esa sala o en las oficinas de los representantes de los partidos y de los consejeros electorales, se mantuvieron en guardia, atentos al momento que inevitablemente llegaría, aquel en el cual López Obrador dejaría de estar en primer lugar en el cómputo de la votación. Era como ver una película de la cual alguien ya contó la trama, y que por lo mismo, se sabe qué va a pasar, pero sólo falta determinar en qué momento ocurrirá. El cambio de los números. Casi cada cinco minutos. Variaba el porcentaje de casillas computadas, y por décimas, y luego más lentamente, por centésimas, el de la votación para candidato. Faltaban tres minutos para las cuatro de la mañana, cuando se pudo ver que Calderón estaba ya a una centésima de López Obrador. A las cuatro de la mañana con nueve minutos, junto al emblema del PAN apareció la cifra: 35.6 y al lado del de la coalición Por el Bien de Todos, 35.59. Se iniciaba entonces el desenlace. Era el principio del fin del capítulo de la elección y su recuento de votos. En la oficina del PAN en el IFE hubo algunos aplausos. Ninguna reacción en la del PRD. La plazoleta estaba sola. Dos horas antes, en esa explanada, Manuel Espino, el presidente del PAN platicaba con su compañero de partido, Ricardo García Cervantes. Espino se había encontrado en los pasillos de uno de los edificios del máximo organismo electoral con el dirigente del PRD, Leonel Cota Montaño. Se saludaron secamente, estrecharon sus manos, después cada quien a lo suyo. Por ahí estuvieron también, durante la extenuante jornada, Manuel Camacho, hoy, del otro lado de la circunstancia que defendió en 1988, y Santiago Creel, el que en 1994 pidió lo que en este cómputo el PAN no quería: la apertura de los paquetes y el recuento de las boletas, una por una. Y en tanto en las pantallas era cada vez más lento el avance de las cifras, afuera, en la calle, ante quienes hacían guardia, seguidores de Andrés Manuel López Obrador, una voz expresaba: "Hay que estar al pendiente porque en cualquier momento pueden cuadrar los números y consumarse el fraude en favor de Felipe Calderón. Hay que cuidarnos de no responder con violencia, porque eso es lo que quieren para la nota roja". Y se llegó el momento. El candidato del PAN ya estaba una centésima de punto arriba del de la coalición Por el Bien de Todos. La tendencia continuaría hasta el amanecer, y en la madrugada tarde de ayer. Algunos de los consejeros fueron a sus casas para bañarse y regresar para cuando estuviese computado el 100% de los votos. De un lado hacia el otro los pasos eran lentos. Y las miradas seguirían como fascinadas o hipnotizadas hacia esas pantallas. Pero antes, una voz se escuchó en la oscuridad y tras ella, estalló la ira de la madrugada.
|
|
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio © 2006 Copyright El Universal Online México, S.A. de C.V. | ||