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3 de julio, el día después

Luego de las elecciones, como en el futbol, los candidatos "enfriarán los ánimos" y marcharán adelante como si nada. En cambio entre sus simpatizantes continuará la disputa y otros simplemente seguirán sobreviviendo, en espera de nuevas campañas
  • En la edición de este domingo 2 de julio...
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    Fidel Samaniego R.
    El Universal
    Domingo 02 de julio de 2006

    Suele ocurrir en el futbol, sobre todo en los llamados "clásicos" o en los enfrentamientos en los que se disputa el campeonato. En los días previos al juego abundan las declaraciones fuertes de los entrenadores y los jugadores. La prensa hace su parte, se encarga de avivar el fuego verbal.

    Ya durante el partido, siguen los golpes bajos, los faules arteros, las actuaciones de quienes fingen lesiones, y las protestas al árbitro. También hay jugadas geniales, y los errores, y los autogoles. Y crujen los huesos, chocan los cuerpos. Pero al final, hay un vencedor y un vencido. Los contendientes intercambian camisetas. Después se van a sus vestidores, se bañan, se enfrían los ánimos y ellos siguen adelante como si nada hasta el siguiente partido en el que se vuelven a ver.

    Pero también es frecuente que los seguidores de uno y otro equipo, los fanáticos, las porras, las malas copias de las barras argentinas, además de sus cantos y los gritos de apoyo a los suyos, pasen a los insultos de tribuna a tribuna, y lo peor, que una vez terminado el partido, afuera del estadio descarguen la presión, y la frustración, y los complejos, y todo ese estado anímico que le provocaron las declaraciones de sus héroes. Y se golpean con rabia, han llegado a apuñalarse, a herirse, a matarse.

    Pero hay también gente que poco o nada tiene que ver con el futbolero mundo, que nunca entra al estadio, que no ve los juegos por la televisión, que permanece ajena a esa pasión y en muchas ocasiones es víctima de la misma, cuando por accidente camina por donde están las broncas de los porros, o aquellos que venden sus productos y de pronto se quedan sin ellos, y también reciben golpes.

    Los seguidores

    Mañana será otro día. El para muchos enigmático3 de julio. Muy posiblemente se sabrá quién será el próximo jefe del Ejecutivo. Los que pierdan harán lo suyo, de acuerdo a sus planes, a sus estrategias. Los tres principales candidatos han declarado que convocarán al acuerdo, al diálogo, a la reconciliación.

    Pero ahí estarán también en diversas partes del país, los duros, los broncos, los seguidores a ultranza de cada partido o cada candidato. Como los trabajadores petroleros del norte de Veracruz y el sur de Tamaulipas, los indispensables aliados del priísmo, con su prepotencia, su fuerza.

    Y en Tabasco, aquellos adoradores de Andrés Manuel López Obrador, que al final de un mitin de campaña, en el retorno a sus camiones, cerraban el paso a los automovilistas, les gritaban: "¡Ahora sí, pinches riquitos, se les va a acabar su fiesta!".

    Y los panófilos, los seguidores de Felipe Calderón, que en Querétaro o en Durango, pese a estar en inferioridad numérica, provocaban, retaban a golpes a los madracistas.

    Y circularán por las calles de la ciudad de México, aquellos que el viernes pasado, en avenida Acoxpa, en un alto, observaron que en sus respectivos coches llevaban propaganda de López Obrador y de Calderón. Y de los gritos para sus respectivos candidatos, pasaron a las mentadas de madre, y luego a un breve enfrentamiento con los puños.

    El día después... el 3 de julio. Desde antes ya hubo ganadores indiscutibles. Los fabricantes de camisetas, gorras, los que hicieron los pendones, los grandes espectaculares con las fotografías de los candidatos, los recuerdos de campaña. Habrá quienes sufran para que les paguen. Pero la mayoría, según informaron representantes de los diversos partidos, cobraron por adelantado.

    Pero ahí estarán, en Ciudad Juárez, los hombres, las mujeres y los niños que se atropellaban, corrían, se amontonaban frente a una camioneta para que les regalaran playeras. No las querían para expresar que estaban con tal o cual aspirante, mucho menos para guardarlas, pedían esas prendas para usarlas, para vestirse, porque esas corrientes camisetas pasarían a formar parte de su humilde vestuario.

    Y por las orillas de la carretera que va de Tuxtla Gutiérrez a San Cristóbal de las Casas continuarán con su penosa caminata esas niñas por edad, mujeres a fuerza, con sus hijos y la vida en sus espaldas. Varias de ellas fueron a los mítines, recibieron manitas de plástico para aplaudir, y estuches para el manicure, y plumas y cuadernos por si acaso aprenden a escribir.

    Y en el altiplano potosino, o en el valle de México, o en la sierra guerrerense o en las tierras de la península de Yucatán, mañana, el día después, continuarán viviendo o sobreviviendo esos seres que pudieron ser vistos en los mítines de las campañas, con sus inexpresivos rostros, con sus miradas secas,con su desesperanza. Ellas, ellos, quienes no aplaudían los discursos de los candidatos. Simplemente escuchaban las nuevas y a la vez viejas promesas. Después se marchaban en silencio. Y allá, acá, en el norte, en el sur, verán pasar el tiempo. Hasta que lleguen las nuevas campañas, las nuevas camisetas, los nuevos candidatos...

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