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La moderación en el escenario del alarido
Juan Arvizu La mamá de los güeritos abre su bolso de fina piel, toma el bloqueador solar y lo aplica al junior , un infante de unos 10 años que goza su nueva experiencia: el primer mitin de su vida. Y es con Felipe, ¡supercool! Las sobrinitas, rubias de piel muy blanca y pecas, embarran sus frentes y sus brazos con una dotación de bronceador que extienden sin prisa, suavemente, en sus mejillas y hombros, como bañistas en la playa o la alberca. Están a nivel de cancha en el estadio Azteca. Portan gafetes de "invitado especial", que les dio acceso al restringido espacio cercano al gran estrado construido para que Felipe Calderón se plante ante la multitud más grande a la que le ha hablado en su vida. ¡Guauuu! Los varones, hombres que transpiran independencia económica y brillo social, se sientan a sus anchas, como si estuvieran en el Jockey Club. La pierna cruzada, la mirada arriba, con un dejo chic, hasta las gradas más altas. ¡Súper padre! Muchos usan camisas de la línea "Felipe Calderón" bordadas, y al sol brilla intenso el oro en las damas: aretes, anillos, relojes. Con las zapatillas no hay problema, el césped del Azteca está bajo un piso plástico. El barrio está presente. En una aduana confiscaron los chescos, y adentro los venden a 15 pesos y tibios. Obreros, albañiles, campesinos, colonos marginados, pocos indígenas; muchas madres y jóvenes populares y de clases medias, todos tienen parte del mérito. Han llenado el estadio Azteca. ¡Guauuu! Antes de saltar a la cancha, Calderón "echa un ojo" desde un palco. Su primer círculo -Aitza Aguilar, Ernesto Cordero. Juan Camilo Mouriño, Max Cortázar- se impresiona. El público pasa buen rato en contemplarse, con moderación en las emociones, lo que desentona con el escenario de los alaridos, de los "¡leeerooo!", de la pasión futbolística. Pues no. Los panistas están muy correctos y sin emociones. El animador oficial de los actos de campaña, Julio Valdemar, alcanza a mover a la multitud, pero no cuaja una ola. El sonido local deja qué desear. ¿Quién oyó a Sodi? Pero se escucha perfecta "la voz del estadio Azteca", don Melquiades Sánchez Orozco, con nombres de tres extraviados. En la zona de palcos, la madre del candidato, doña María del Carmen Hinojosa viuda de Calderón, presencia el gran momento. Unas 70 familias panistas con propiedad en esa sección ondean banderas. Cuelga una manta: "Petroleros con Felipe Calderón". ¿Y el Pemexgate? Mónica Zavala, cuñada del presidenciable, está con la gente pública, pero no se ve al cuñado incómodo, Diego Hildebrando. Próximos se asolean los de ese Jockey Club formado por los que nunca habían ido a un mitin, el cual se acorrienta con la ocurrencia del presidente del PAN, Manuel Espino, de que el 2 de julio, al ir a votar, "no se apejendejen". ¡Chale!
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