![]() |
![]() |
![]() |
| |||||||||||
Los rostros de la marginación antigua
Juan Arvizu Arrioja Son las 18 horas y el autobús de Felipe Calderón no avanza. Se retrasa su llegada a la apoteosis, la primera de la campaña, en el malecón jarocho, de miles de adeptos que tienen la fiesta por dentro y el carnaval en las curvas de sus samberas. Calderón está detenido en la salida de local. Cientos de simpatizantes ya se adelantaron a sus camiones, que a su vez bloquean el paso. Por ello será hasta las 20:30 horas cuando las sirenas de los buques saluden su entrada a la entraña de un panismo popular, de arraigo, de pelea por el voto. El aire frío de "El hijo desobediente" refresca al candidato y a su comitiva varada aquí. Afuera, un calor húmedo de 35 grados a la sombra cansa, abochorna, vuelve certera la descripción de Calderón de que "la contienda ha sido larga, fuerte y ruda". Ni para atrás ni para adelante. Imposible abrir un boquete en el embotellamiento. Pasa el tiempo. El avión espera en Minatitlán, y la gente en Veracruz, donde una caravana de autos de la clase media lo escoltará al malecón en ese corazón urbano azul. Llegará Calderón con ánimo de triunfo. Dice que México se vestirá de azul el 2 de julio, que los panistas harán historia con su voto. Burlón dice que ese domingo comerá filete de pejelagarto. Y la gente goza su dicho. Pero todavía no sale del pueblo istmeño. A bordo de "El hijo desobediente", con Felipe Calderón Hinojosa viajan su esposa Margarita Zavala; sus hijos María, Luis Felipe y Juan Pablo; su cuñada Mónica Zavala y los responsables de prever el caos de autobuses que transportaron a la gente asistente al mitin, los candidatos José Ramón Gutiérrez, Gerardo Buganza, y el malo de la película de hoy: Juan Bueno Torio que anda solo, como abandonado. Es la tarde del Día del Padre. El niño Luis Felipe Calderón Zavala había estado al lado del candidato aquí y en el mitin de Poza Rica, que salió deslucido e insípido. No dio el ancho de un cierre de campaña. "Soy hijo del hijo desobediente", tiene escrito en el pecho la camiseta de campaña del infante, que apoyó a su padre con la botella de agua que no puede faltar al candidato. El atasco va a durar media hora. Pasa frente al convoy del candidato, en desfile desenfadado la pobreza de esa masa de mujeres, ancianas, viejas, hombres. Por donde se le mire hay necesidades insatisfechas, como ocurrió en Poza Rica, donde la gente iba por las gorras y se aventaba para ganar una de las muchas bolsas de agua que eran aventadas a la multitud. La comitiva pudo ver rostros de marginación antigua, sin la alegría que en contraste bañó a Calderón en el malecón jarocho, en otra noche de clímax, rumbo al 2 de julio, fecha en que "voy a ser presidente de la República", promete.
|
|
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio © 2006 Copyright El Universal Online México, S.A. de C.V. | ||