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Marinela Servitje, una filántropa en boca de todos los niños

Su vida ha sido normal a pesar de llevar por nombre una marca de productos famosos. Coincide con su padre en que no está mal hacer dinero; lo importante es generarlo para compartirlo. Afirma que está hecha de energía y que su gran pasión es viajar por México
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YAZMÍN ALESSANDRINI
El Universal
Domingo 04 de junio de 2006

Hace algunos ayeres, para ser exactos en los años 50, nació un pastelito cuyo personaje es un gansito y cuya marca y nombre surgió de Marinela. Una niña alegre, divertida y muy bonita. Marinela Servitje es ahora toda una mujer que nos confiesa que su vida no cambió, a pesar de que un producto famoso y "muy rico", para los niños, lleve su nombre. Marinela es toda una empresaria dedicada a sus negocios, a la filantropía, madre de familia y una dedicada esposa.

No te lo sé decir porque son dos mundos diferentes, uno es el negocio y otro mi mundo. Pero siempre te gusta estar asociado con algo de calidad. Te das cuenta cuando entras a la escuela y te asocian con un producto. Asumí mi infancia en una forma muy normal, pero es algo que no está en mi vida cotidiana. La cercanía con los productos no es algo que tenga aquí todo el día.

Tenía un año, a veces me preguntan quién fue primero y quién después; fuimos simultáneos

Nada, sin embargo en los años 60, 70, cuando los niños iban a mi casa, esperaban que les diéramos un Gansito o un Pingüino, sabían que había un producto delicioso.

He tenido mi carrera y los productos la suya.

Primero seguí el ejemplo de mi familia, mi padre es una persona sumamente generosa, él dice que no está mal hacer dinero, lo importante es qué haces con él y qué tanto ese dinero es una riqueza que generas, no para ti mismo, si no para compartirlo. Esa filosofía de vida siempre la hemos tenido a nivel familiar. Creamos la Fundación Sertull, AC, con fines muy claros, proyectos de desarrollo, donde haya uno que haga crecer a las personas y a los grupos sociales, financiamos proyectos solidarios, toda la familia está involucrada en ella.

En el Papalote Museo del Niño soy directora y pertenezco al patronato; soy presidenta del Instituto Nacional de Pediatría, del bosque de Chapultepec y del Instituto de Fomento e Investigación Educativa (IFIE); formo parte de la Fundación Wal-Mart, de la Fundación Philip Morris, del Consejo Consultivo de UNICEF en México, del Patronato de la Universidad de las Américas, Fundación Televisa y de la Unidad de Empresarios por la Tecnología Educativa (Unete).

Mis hijos ya están grandes, algunos ya terminaron la universidad o están por terminarla, tengo dos hombres. Me voy temprano y estoy con ellos dos o tres horas. Como con ellos.

Él también es muy trabajador, pero aún así nos damos espacio y tiempo. Siempre he hablado de que es un equilibrio, es decir, puedes ser una ejecutiva y estar en un alto puesto de dirección, pero tienes que buscar un equilibrio en tu vida, ser muy eficiente en despachar todos los asuntos, no perder el tiempo y delegar.

No, pero sí estresada a veces por exceso de trabajo. Si tengo mi escritorio lleno de trabajo, antes de irme a mi casa trato de limpiarlo y volver a empezar el día con escritorio limpio; si empiezas a acumular papeles, entras en una neurosis.

De energía, como muchas otras personas; no sé a veces de dónde saco tanta energía, pero la tengo. Trato de hacer ejercicio y de que ya que estoy en las cosas, meterle bien.

Tengo un esposo que por un lado es sumamente solidario, apoyador. Acabo de cumplir 30 años de casada y he trabajado siempre, nunca me ha puesto límites, al contrario, se interesa por las cosas en las que estoy metida y viceversa, esto tiene que ser de los dos lados.

No, decidí quedarme del lado de lo civil. He recibido ofrecimientos para trabajar en el gobierno y tomé la decisión de no trabajar en él, estoy mejor dentro de asociaciones civiles, creo que puedo influir de alguna manera, pero desde el lado de la filantropía.

En cada patronato donde estoy siempre apoyo económicamente. Es muy difícil que esté en algo y que no estés poniendo, en el Museo en cada campaña financiera, Fernando y yo hemos puesto; en el bosque de Chapultepec, en Pediatría, en Ver Bien, en UNICEF, es decir, tienes que dar el ejemplo y uno tiene que aportar recursos.

Ver resultados, como el haber concluido la renovación del museo. Fue un proceso de más de 4 años, de hacer una campaña financiera por el Papalote para conseguir 15 millones de dólares, y se consiguieron. El fruto: un museo más moderno, renovado y fresco. Lo mismo pasó en el bosque; no fue fácil que la gente creyera que íbamos a arreglar Chapultepec. En México hay mucha incredulidad cuando arrancas una de estas campañas y cuando empezó la de Revive a Chapultepec, la gente decía: "Estos no van a poder con el paquete". Sin embargo pudimos conseguir 100 millones de pesos para Chapultepec y el gobierno puso otros 100 millones.

Sí, trato de hacer ejercicio, hago pilates siempre que puedo, juego golf, y me doy un poco de relax; cuando ya veo que necesito me voy de fin de semana.

Sí, y trato de ir al salón, pintarme el pelo, arreglarme, es decir, tratas de no descuidarte.

Muy pocas cosas. La parte social es la que a veces me cuesta hacerla compatible, sin embargo, tengo que ser recíproca: si la gente viene a los eventos del museo, yo también tengo que ir a sus eventos, me pongo en sus zapatos y digo: "Tengo que corresponderle a la gente que me está invitando"; en esa parte me gustaría no estar tan cansada.

Estar con la gente, en los pueblos; una de mis grandes pasiones es viajar por México, conocerlo cada vez más.

Por supuesto, los fines de semana porque viajamos y me desconecto.

Tengo un carácter alegre y es una de las cosas que Dios me dio; gozo las cosas, es muy raro que me deprima y creo que eso te ayuda a tener una actitud muy positiva hacia la vida.

 
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