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El ´efecto balón´ eclipsa al aspirante

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Juan Arvizu
El Universal
Domingo 28 de mayo de 2006

PUEBLA, Pue.- Su arma de guerra electoral es una matraca de 80 centímetros de largo que elaboró en su carpintería; su causa: va contra el PRI con todo, "por injusto y ratero". Su "gallo": Felipe Calderón, quien habla desde el templete. Y cada que el michoacano suelta una idea aplaudible para él, apunta el madero, blande con destreza y suelta un matracazo seco: Tttrrrrrrrrrraaaaaaaaaa -tra-trrrrrrrrrraaaaaaaaaa.

Ernesto Alejandro Sánchez Álvarez goza el sonar de su matraca, una tradición del futbol aplicada a las campañas electorales. Ojo: ese carpintero cincuentón no es ningún acarreado y nadie lo contrató. Es militante del Partido Acción Nacional desde hace 20 años.

Ernesto Alejandro Sánchez está en el fondo del gran salón con su ruido, con lo que puede llevar, para que el ánimo prenda y derroten al PRI. Es vecino de Santa Bárbara, en San Pablo Xochimehuacán, un pueblo amenazado.

-Quiero que tenga continuidad lo obtenido en este sexenio con Oportunidades.

Desea parar a Mario Marín (el gobernador de Puebla) y al alcalde Enrique Doger, que amenazan echarlos de sus terrenos cruzados con ductos de Pemex y líneas de alta tensión de la Comisión Federal de Electricidad.

En ese gran salón de unos 70 metros por 15, colmado de campesinos y colonos, muchos son ancianos. Allí se suman a Calderón dirigentes de las secciones 23 y 51 del magisterio. Pero la adhesión es de saliva. No asisten contingentes de maestros.

Un hombre singular es vendedor, propagandista y militante al mismo tiempo. Aunque es pobre, Ignacio Martínez Pérez viste saco deportivo, y de su cuello cuelga un anuncio del candidato. Debajo de su mercancía -galletas y cacahuates- guarda copias de sus escritos. Advierte al pueblo: "El que te compra tu voto, mañana te robará tu dinero".

Su pluma ha sido reprimida en las mismas filas del PAN por su repudio a la cúpula que impuso al ex priísta Rafael Moreno Valle como candidato al Senado "a una base, dócil pasiva y amorfa, estilo PRI".

-Entré al PAN a los 18 años. Ser panista es un don, va en los genes-, proclama orgulloso el hombre del cartelón en la espalda.

A los 60 años de edad, de ropas modestas, don Ignacio confiesa:

-Estoy contra las injusticias. Quiero darle en la madre al Partido Revolucionario Institucional, porque a estos ojetes, traidores y gachos les vale gorro la gente que ha sufrido mucho; viven con la idea de "primero ellos".

Una vecina agita una banderita, se le ilumina el rostro cuando Calderón se pavonea con su primer lugar en las encuestas. Teresa Martínez, 55 años, sabe a qué va. Desde 1970 vota por el PAN. "Soy tehuacanera (sic) y quiero que sigamos lo que inició (Vicente) Fox".

Su respaldo a Felipe Calderón es "para que apoye a la gente de la sierra, que está más fregada".

El mitin concluye. Los pobres suben a los autobuses. Regresan a su mundo.

-Este viene más estudiado que Fox-, comenta una anciana.

-¿Ya oíste, ya oíste cómo habla? -señala un simpatizante a un amigo indeciso, apagado, receloso-. Y si no sabes, pregunta-, apremia. Nadie le contesta.

Y al iniciarse el partido de futbol Francia-México, la actividad de Calderón se detiene. Es un aviso de que Selección Nacional mata campañas.

El candidato desaparece por unas horas de sus simpatizantes, eclipsado por el "efecto balón".

 
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