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´Strippers´, la sensual labor de divertir

El contoneo es provocativo y ellas, su público, pierden el estilo. No falta quien quiera quitarles la tanga. Hay para todos los gustos y presupuestos, desde mil 200 pesos hasta 3 mil para eventos privados. El físico es lo importante porque les agrada sentirse admirados y deseados
Domingo 07 de mayo de 2006 SONYA VALENCIA | El Universal

¡ Papacito, cuero, chulo! grita un nutrido grupo de mujeres, mientras cinco jóvenes strippers , vestidos con un pantalón negro entallado y sin camisa, se contonean en el escenario al compás de la música.

Después de bailar sensualmente durante no más de dos minutos, poco a poco se despojan de la única prenda exterior que los cubre, y la avientan con displicencia al público que, enardecido, se lanza sobre ella. Con un contoneo por demás provocativo y vistiendo una diminuta tanga, continúan su baile exótico, mientras las mujeres gritan con desesperación:

¡Papacito! ¡Apachurro! ¡Quiero todo contigo!

El espectáculo continúa hasta llegar a su punto más álgido: los strippers, sin dejar de moverse de manera en exceso sensual, se acercan a las mujeres y éstas, entre gritos y alaridos, pasan sus manos por el cuerpo musculoso de los arrogantes galanes.

Después de 40 minutos, los cinco chicos salen del escenario en medio de un ¡noooooo!, que llena todo el lugar.

"Cuando estás frente a ellos pierdes el estilo, dice una joven de 30 años. El ambiente te arrastra a tal grado, que lo único que quieres es tocar al cuate. Si vas con amigas, es muy divertido, pero si estás con mujeres desconocidas, te llega a parecer muy vulgar."

Los strippers nacieron hace poco más de una década, pero según Leonardo, gerente de la empresa Hombres de Negro, desde hace cinco años están en todo su apogeo.

"En la actualidad en nuestra empresa, tenemos aproximadamente 13 presentaciones a la semana. Lo mismo nos llaman para intervenir en espectáculos públicos en un auditorio, que en la comida de una empresa (para este 10 de mayo, tienen muchas solicitudes), en un antro, en una despedida de soltera o fiesta de cumpleaños."

Principiantes o profesionales

Alma, una chica de 27 años, quien le organizó una reunión a su mejor amiga por su onomástico, relata paso a paso cómo estuvo su evento.

"Fue divertido desde el momento en que contraté al stripper. Me puse en contacto con una agencia que encontré en internet y por mail me mandaron el book de cada uno de ellos, además de sus características físicas, profesionales y, por supuesto, los precios.

"Había de todo, altos, bajitos, delgados, musculosos, elegantes y corrientones. En cuanto a los precios, ni te digo: para todos los bolsillos y para todos los gustos, desde mil 200 pesos, hasta 3 mil. Me enteré que la diferencia es que los más baratos son amateurs y los más caros, profesionales.

"Seleccioné a uno que estaba como quería, y no me defraudó cuando llegó a casa de mi amiga, era exactamente igual al de la foto. Iba todo de negro.

"Como te podrás imaginar, el stripper fue la sensación de la noche. El ambiente se puso padrísimo. En segundos, el cuate se despojó de la ropa, se quedó en tanga, también era negra, nos bailó y algunas, las que estaban hasta el frente, no dejaron de tocarlo. Yo tuve mala suerte porque estaba en la fila de atrás. Después de 20 minutos, el show terminó, se vistió, nos dio las gracias y desapareció."

Sin embargo, no siempre transcurre todo tan tranquilo; según Leonardo, hay veces en que las mujeres están tan excitadas que a la hora en que los strippers se quedan en tanga, se les echan encima para quitársela, y las más de las veces lo logran, porque, por supuesto, ellos no ofrecen ninguna resistencia.

"Cooperamos con nuestro público porque todos los que estamos en esto lo hacemos por gusto -agrega Leonardo-. En este negocio te encuentras desde chavos estudiantes de prepa o de la universidad, hasta modelos y jóvenes ejecutivos de empresa. Algunos lo hacen por dinero, pero todos, sin excepción, al contrario de lo que pasa con las mujeres strippers que a veces se sienten culpables de su actividad, lo hacen porque les gusta sentirse admirados y deseados."

Lucía, una joven fotógrafa de 25 años, acaba de estar en una despedida de soltera donde la atracción principal fue un stripper; opina al respecto:

"Nunca antes había visto uno, pero me di cuenta de que las mujeres se ponen como loquitas porque, sin duda, a todas nos emociona ver algo tan estético. Por cierto, hubo algo que me llamó mucho la atención: las señoras que más se prenden son las que rebasan los 35 años, cuando los tipos, que por cierto son muy provocativos, les ponen las pompas u otras cosas en la cara, se lanzan sobre ellos. Algunas veces he visto que les ponen dinero en la tanga, pero en esta ocasión no fue así."

A este respecto, Leonardo dice que no es tan común que les den dinero extra, además de lo que ganan a través de la agencia que los representa.

"Lo del dinero depende del tipo de clientela. Cuando son espectáculos en un antro, por ejemplo, ahí sí, las mujeres, sobre todo las ya maduras, acostumbran a ponerles un billete; en las despedidas de solteras, fiestas particulares y empresariales es más raro."

Más físico que experiencia

El hecho de que algunos strippers tengan poca experiencia en lo que a baile y canto se refiere, no es ningún obstáculo para que pasen a formar parte de las filas de las agencias que se dedican a promoverlos.

"A nosotros en lo particular lo que más nos interesa es que tengan físico, que sean elegantes, que tengan una cara atractiva, porque de lo demás, aquí nos encargamos. Les damos clases de baile, canto y coreografía. Son entusiastas y en poco tiempo la mayoría se hacen profesionales."

Tengan la profesión que tengan, una de las manías que tienen los strippers es cuidarse el físico.

"Hay algunos, sobre todo los modelos, que se la pasan en el gimnasio todo el día, que cuidan su alimentación y su forma de vida.

"Los ejecutivos, por ejemplo, son los típicos metrosexuales, se arreglan las uñas, la barba, se ponen loción, en fin, como viven de su físico, se cuidan mucho." Y para deleite de todas sus fans, qué bueno que lo hagan.



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