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Estampas del Día de la Santa Cruz


Jueves 04 de mayo de 2006 Juan Arvizu Arrioja | El Universal

En el reverso de estampas de la Virgen de Guadalupe, al margen de "Mi Oración por México", en el Día de la Santa Cruz, Felipe Calderón daba autógrafos "con afecto" a unos albañiles.

Si era insólito ver a la Guadalupana en campaña, también lo era la escena de esos humildes jóvenes chalanes del oficio de la construcción -de los más pobre en la vida-, sentados ante sus mesas, y el candidato de la derecha como le llaman sus opositores, de pie a su lado firmándoles la estampita religiosa con la izquierda.

No, no se le ocurrió al diablo; fue a Manuel, un joven ayudante de albañil de pocas palabras con los extraños, quien como muchos compañeros suyos tenía una copia de la Virgen en la mano, cuando Felipe Calderón ya se iba de la obra en que trabaja. Sus patrones las habían repartido, con una inscripción: "viene la misa, primero". Después la comida. Antes, sólo se le va a servir a Felipe Calderón.

¿Qué político en campaña no ha ido a comer con los albañiles en su día? Es la fecha en que se juntan política y religión; en que tienen lugar convivios en los que poderosos y pobres como que se hermanan.

Y si después de oír misa, se come, le sigue una guarapeta de celebración. Para eso se enfriaban las cervezas en dos tambos de la obra en construcción, en la zona de Peralvillo, frente a Tlatelolco.

Hielo no faltaba para enfriar más a los albañiles, quienes fueron uniformados con playeras de la campaña.

-¡Esa porra para Felipe no se escucha!-, urgía una voz al micrófono, mientras el candidato que ya lucía un casco de ingeniero pasaba saludando a los albañiles que no se paraban de su asiento. Costumbres de la gente sencilla.

Ese gremio que come a las 13:00 horas (eran las 12:00 apenas) vio en una pantalla escénica, a todo color, el modo de agarrar el taco del panista, cómo se manchaba las manos de grasita de barbacoa. La mayoría como el chinito, nomás mirando.

En la mesa del candidato había un grupo de patrones y albañiles, éstos con pánico escénico por el gran aparato que los rodeaba: cámaras de televisión, escoltas del Estado Mayor Presidencial, periodistas, el personaje mismo al que se les dice que es "el Presidente de la República" y por el acoso de 18 meseros de moñito negro.

-¿Por qué no nos sirven de comer, ingeniero?

-Porque si comes antes de la misa, después no vas a comulgar.

El mariachi desquitó los 10 mil pesos por hora tocada (5 meses de trabajo para un chalán), además de que Felipe Calderón aprovechó y se trepó con ellos al escenario a cantar unas rimas de Palomas mensajeras (trata de que Michoacán es lindo).

Antes, Calderón se curó de espanto en el ITAM. Vio desplegarse dos cartulinas con críticas, y en seguida otras de apoyo. Respiró sonriente, caducó los enojos de otras veces.

Y como también fue el Día Internacional de la Libertad de Expresión invitó a los reporteros a comer a Polanco. A los albañiles les habían avisado hace dos semanas y a los informadores bastó con invitarlos al momento de acudir al convivio.

Horas después, cuando los reporteros buscaban un comentario por la violencia en Atenco, con la sonrisa marchita, se siguió de largo como si nunca los hubiera visto. Esas son estampas del Día de la Santa Cruz.



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