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Por una diferencia
de diez minutos
Jorge Octavio Ochoa Pasado el mediodía, se cruzan sus caminos. Diez minutos es la diferencia que impide que se encuentren cara a cara. Pero los partidarios de uno y otro miden fuerzas. Es sólo "una calentadita", dicen. Unos gritan: "¡Andrés presidente!". Los otros corean: "¡Felipe! ¡Felipe!". Andrés Manuel López Obrador mira y sonríe, con una mueca apretada, mientras los calderonistas le muestran sus manos -como el eslogan-, y la portada de un periódico en el que aparece una nueva encuesta que coloca al candidato del PAN tres puntos arriba; pero Andrés Manuel levanta el dedo pulgar, en señal de triunfo. Literalmente es la lucha de los de arriba y los de abajo, porque ahora el candidato del PRD mira en una perspectiva inclinada, bajando por las escaleras eléctricas de esa mole que antes fuera el Hotel de México y que ahora lleva el rimbombante nombre del World Trade Center, donde coinciden dos eventos de los candidatos del PAN y PRD. Calderón llega a las 12:07 y Andrés Manuel Sale a las 12:17. El equipo de López Obrador se preocupa por evitar ese encuentro frontal y coloca gente en el segundo piso del WTC para cerciorarse de que el michoacano haya entrado al salón que le corresponde. Pero el encuentro de porras es inevitable. Desde la víspera hay preocupación en el equipo perredista. Por la noche del lunes, López Obrador tuvo que aplacar los nervios de sus seguidores durante una reunión de tres horas en la casa de campaña, donde los cinco coordinadores de redes y hasta su asesor de cabecera, Rogelio Ramírez de la O, le urgen a "entrar ya en la tele" para contrarrestar la campaña negativa del PAN. Sienten que esa campaña golpeadora del blanquiazul sí les ha afectado, hasta que Andrés Manuel se harta y levanta la voz, irritado: "¡Se me tienen que tranquilizar!", les dice a los de su primer círculo, incluido el estratega, Manuel Camacho Solís, quien luego sale y explica -sin que nadie se lo pregunte- que hay unidad en el equipo del candidato del PRD. "¡Sí vamos a entrar a la tele, pero no como ellos quieren! ¡Vamos a entrar a la tele, pero de otra forma y en su momento!", les advierte López Obrador a los suyos en esa reunión del lunes por la noche. El martes, se le ve cansado, desvelado, pero sonriente. Animado porque a su paso, la gente humilde le grita: "¡Tú vas a ganar! ¡Tú vas a ganar!". Son los meseros, de un restaurante -en el lujoso centro de negocios del gigantesco edificio-, donde ahora los panistas le gritan a López Obrador: "¡Mira mis manos!" -en alusión al eslogan publicitario- y le muestran unas palmas aparentemente limpias y los perredistas ahogan a su vez, con gritos, esas expresiones: "¡Andrés presidente! ¡Andrés presidente!". López Obrador sigue sin creer en nadie y dice que esas encuestas "están amañadas" pues su "sistema de información" le arroja otros datos: 40 al PRD; 30 al PAN y 25 al PRI. Minimiza lo publicado en los diarios. "Es una estrategia para confundir". Pero los periodistas lo "cucan", preguntan sobre el origen de esas encuestas "de su sistema de información personal". Luego lo retan: "¿No lo va a saludar?" -en clara referencia a Calderón-, pero él responde: "¡Ah, sí! Un saludo a todos los chiapanecos"... como no queriendo oír. Es el primer escarceo, el primer round de sombra.
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