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Empresarios e industriales ´toman´ bares y restaurantes

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Francisco Reséndiz
El Universal
Miércoles 26 de abril de 2006

Lupita Caso Hernández vende flores en la colonia Nápoles. Ayer esta indígena se acercó al Suntory, a dos calles del WTC de la ciudad de México, para ofrecer pequeños ramilletes de gardenias... nadie le hizo caso. Los empresarios e industriales que reservaron en este restaurante ayer por la noche entraban en tropel... había iniciado el debate... ella ni se enteró.

La calle de Torres Adalid estaba bajo sitio. Hombres de negocios se reunieron en los restaurantes como el Suntory, pero también en El Palacio, Tigre y Palominos, cerca del debate entre los presidenciables. En cada lugar televisiones gigantes, todo inundado de guardaespaldas y choferes.

A diferencia de cuando juega la Selección Mexicana, las Chivas, el Cruz Azul, los Pumas o el América, ayer fueron los empresarios, los ayudantes y algún simpatizante extraviado los que tomaron asiento frente a esas mismas que se usan para el futbol... pero vieron, gritaron y festejaron, por los embates de sus candidatos.

A la Cantina de los Remedios nadie podía entrar que no fuera un invitado de Alternativa, del partido que abandera a Patricia Mercado. Ahí, los cadeneros simplemente echaban del lugar a cualquier curioso que pretendía entrar. En la puerta había una caricatura de tres burros diciendo: "hasta que nos volvimos a encontrar los tres", adentro los televisores.

Anoche no había tráfico en el cruce de Filadelfia e Insurgentes, pero soplaban vientos de tormenta que un par de horas después se disiparon. Pero Lupita Caso no sabía de qué se trataba, creía que había un concierto o que jugaría la selección, cuando se enteró que se trataba del debate presidencial se fue a su casa, desilusionada.

Arriba, tres hombres de corbata roja y una mujer ataviada de color esmeralda debatían ideas, proponían primero y luego se acusaban. Cada cual prometía corregir el camino, pero abajo había policías del Cuerpo de Granaderos comiendo tacos... un par de patrullas de la delegación Benito Juárez... "todo tranquilo, bajo control", se reían los uniformados.

En Filadelfia y Montana, un uniformado no soltaba una botella de Coca-Cola mientras se zampaba cinco de suadero y tres campechanos con longaniza. Con el casco en la cabeza, el escudo de acrílico recargado en la pared y el tolete al cinto decía que no le importaba el debate. "Son lo mismo", decía con desdén.

Los restaurantes se vaciaron y los televisores se apagaron... al menos hasta el 6 de junio, en el otro debate.

 
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