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Periodistas trabajan con una "pistola en la cabeza"

Cunde autocensura por ataques de narcos y policías corruptos, alertan
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James C. McKinley Jr.
El Universal
Domingo 12 de febrero de 2006

NUEVO LAREDO, Tamps.- René Martínez acababa de sentarse a editar una serie de artículos a las 19:50 horas del lunes cuando escuchó los escandalosos pasos de botas militares justo afuera de la sala de redacción. Luego, repentinamente, los disparos de ametralladora retumbaron como un grito en una noche silenciosa.

La sala de redacción de El Mañana se inundó de pánico. Reporteros se lanzaron al suelo y se arrastraron debajo de los escritorios. Las balas de armas de alto poder atravesaron vidrios y muros. Uno de los dos hombres fuertemente armados espetó una amenaza. Luego explotó una granada y el aire se llenó de polvo y humo, recordó Martínez.

Mientras los dos hombres armados huían, Martínez fue gateando hacia la puerta de la sala de redacción. Ahí vio al corrector de la noche, Jaime Orozco Tey, de 40 años y padre de tres hijos, tendido sobre un charco de sangre. Lo habían baleado por lo menos en tres ocasiones y estaba gravemente herido.

"El hombre que le disparó nunca lo vio -señaló Martínez-. Este es un lugar sombrío para trabajar. Sabemos que hay peligro en las calles, pero seguimos trabajando".

El miércoles, el presidente Vicente Fox designó a un fiscal federal especial para investigar los crímenes en contra de periodistas, e investigadores federales comenzaron a buscar pistas sobre el reciente tiroteo.

Pero el osado ataque contra El Mañana, el periódico más importante de la ciudad, puso de manifiesto una desagradable verdad: México se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos para la práctica del periodismo fuera de Irak. Narcotraficantes y policías corruptos asesinan regularmente a quienes escriben sobre ellos, lo que provoca que la mayoría de los reporteros se autocensuren, señalan periodistas.

El Comité para la Protección de los Periodistas, organización con sede en Nueva York, señala que al menos cuatro periodistas han sido asesinados en los últimos seis años en represalias directas por sus reportajes sobre narcotraficantes, y que un joven reportero investigador de Hermosillo, Alfredo Jiménez Mota, está desaparecido luego de que escribiera sobre una pandilla de narcotraficantes denominada Los Números.

"Es una cifra muy alarmante", comentó Joel Simon, subdirector del comité. "La situación es bastante comparable a Colombia en términos de autocensura y nivel de violencia".

Otros cinco reporteros han sido asesinados por motivos aún inciertos pero que posiblemente tuvieron que ver con su trabajo, según el comité. Al menos otros dos han sido heridos de gravedad, más recientemente Orozco, que no cubría asuntos de drogas pero al parecer estaba en el lugar y el momento equivocados.

Daniel Rosas, director editorial de El Mañana, dijo que el periódico a propósito había dejado de hacer reportajes sobre los cárteles de las drogas desde que el ex director editorial, Roberto Mora García, un franco crítico de la corrupción policiaca, fuera asesinado a puñaladas en marzo de 2004 al llegar a su casa después del trabajo.

Rosas indicó que el periódico no había recibido ninguna advertencia sobre el reciente ataque. "Podría ser que quieren convertirnos en un ejemplo para controlar a toda la prensa -dijo-. Es igual que el terrorismo. Es terrorismo".

El procurador general de la República, Daniel Cabeza de Vaca, dijo el jueves que narcotraficantes eran responsables del ataque.

No muy lejos de las oficinas de El Mañana, Guadalupe García, una reportera de asuntos policiacos de la estación de radio Estéreo 91, fue abatida a tiros en abril de 2005 luego de despedirse de su programa matutino de noticias. Era conocida por sus atrevidos reportajes que nombraban a distribuidores de drogas y a sus jefes.

Un editor de El Mañana que apenas sobrevivió al ataque de esta semana (varias balas se incrustaron en la pared a su lado) resumió sucintamente la posición de los reporteros del lugar: "Es como trabajar con una pistola en la cabeza". Insistió en no ser nombrado.

Jesús Blancornelas, director de la revista Zeta en Tijuana, dijo en entrevista que los ataques contra periodistas continuaban porque rara vez, si es que alguna, eran resueltos por la policía estatal, que según él a menudo es corrompida por los traficantes de drogas. "El gobierno no investiga porque está en complicidad", dijo.

Tampoco las autoridades federales han logrado muchos progresos en la mayoría de los casos que han emprendido, como el de Jiménez Mota, destacó. Un colega de Blancornelas, Francisco Ortiz Franco, fue ultimado el 22 de junio de 2004 por asesinos a sueldo vinculados con un cártel de drogas.

TRADUCCIÓN: Mariana Toledo Castrillón

 
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