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Unión sí, ¿pero libre?

Vivir juntos no es el problema, sino las obligaciones y derechos que el Estado impone a las parejas como si estuvieran casados, señalan especialistas
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TEXTOCINTHYA SÁNCHEZ
El Universal
Domingo 05 de febrero de 2006

Despertar todos los días a lado de él o ella, hacer el amor, tener un proyecto de vida en común y compartir una casa, es lo único que buscas cuando te vas a vivir con tu novio o novia: la unión libre.

Detrás de esa buena intención hay dos cosas que no se toman en cuenta: una es que más de uno te criticará y lo peor es que seguramente será gente de tu propia familia; y dos, que el Estado ya se está encargando de imponerte, sin que firmes ningún papel, derechos y obligaciones como si te hubieras casado.

Y a veces sin saberlo, mientras llevas tu ropita, tu cama, la televisión, el Xbox y todo lo necesario al nuevo departamento, lenta y legalmente cuando menos te das cuenta podrías estar durmiendo con el enemigo.

Pudiera pensarse que cuando se termina la unión libre no hay nada más que reclamar y que sólo habría que dar las gracias. Esto es utópico porque si a uno de los dos le da la gana puede demandar alimentos, cobrar seguros de vida y reclamar herencia, porque después de vivir dos años bajo el mismo techo automáticamente las parejas adquieren derechos iguales que los casados.

A Farouk esta ley le parece buena, porque si se muere dejará protegida a Mariela, su novia con la que vive desde hace un año. Beto ve muy lejana la posibilidad de que su pareja le reclame algo, si es que un día deciden separarse. A Flor le importa poco, porque nunca reclamaría nada, sólo si tuviera un hijo. "Soy una mujer independiente y si ya no hay amor no tengo por qué seguir con procesos legales". A Gael sí le molesta: "Pos por eso no me casé, caray".

La opinión de expertos

Rosa María Álvarez, experta en derecho civil e investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dice que por mucho que los jóvenes decidan vivir en unión libre para liberarse de firmas y convenios o compromisos legales, una vez que lo hacen se establecen los derechos y la obligaciones.

"La única diferencia legalmente es que no hay papel firmado y que los bienes que adquirieron durante su vida en común no podrán reclamarse, sólo si se compraron en copropiedad, por ejemplo, automóviles, terrenos, casa, departamentos", dice.

Explica que en el DF la Asamblea Legislativa llevó a cabo reformas en materia familiar que incluyen el concubinato en un apartado dentro del Código Civil, que dispone que la concubina y el concubinario tienen derechos y obligaciones recíprocos siempre que, sin impedimentos legales para contraer matrimonio, hayan vivido en común en forma constante y permanente por un periodo mínimo de dos años.

Aclara que no es necesario el transcurso del periodo mencionado cuando, reunidos los demás requisitos, tengan un hijo en común.

Cómo protege la ley a las parejas

La unión libre permite que alguno de los dos pueda demandar del otro una indemnización por daños y perjuicios, si alguno llegara a actuar de mala fe. Además se conceden derechos alimentarios y sucesorios al igual que a un cónyuge en el caso del matrimonio.

Los hijos nacidos de concubinato son hijos legítimos; el parentesco por afinidad también se contrae en concubinato; al igual que el matrimonio y el derecho hereditario también se dan en el concubinato.Se recibe indemnización por la muerte del trabajador por riesgo profesional, y en la Ley del Seguro Social en caso de muerte del asegurado, por riesgo profesional o por invalidez, y las pensiones de viudez en caso de que el concubino falleciese.

El Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal registró tan sólo en 2005 alrededor de 7 mil 732 demandas alimenticias. No se tiene contemplado en la estadística cuántas de ellas fueron de parejas casadas o en concubinato porque para la ley la demanda alimenticia no tiene ninguna diferencia. El proceso es igual.

Toma auge la unión libre

Según el INEGI en México la unión libre ha venido aumentando desde los años 50, y tomó fuerza a partir de la década de los 60, cuando la población de solteros y divorciados que optaba por esta forma de convivencia alcanzó 8.4% de la población total. Las cifras más recientes, registradas en el 2000, afirman que las parejas que decidían irse "por la libre" constituían 10.2% de la población.

 
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