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Los Tiras enamoraban a víctimas Una de las hermanas de Thalía entre sus conquistas
Francisco Gómez "Princesa", "reina", "mi amor" eran las palabras con las que algunos de los secuestradores trataron a la actriz Laura Zapata, a su hermana Ernestina Sodi, así como a Margarita Carrera durante su cautiverio. Los criminales también lograron cierto grado de empatía con sus victimarios, al grado de que una de las plagiadas confesó haberle dicho a uno de los miembros de la banda que "ojalá que todos los secuestrados cayeran en sus manos, porque eran bien buena onda". Hubo de todo. Desde secuestradores que se emborracharon y cantaron toda la noche, afuera de la puerta de las habitaciones donde mantenían cautivas a sus víctimas, hasta aquellos que pidieron mantener una relación formal de noviazgo o en caso de ser correspondidos retirarse de la actividad criminal. El aparente romanticismo que invadió los plagios está contenido en las páginas de los diversos expedientes que se han elaborado tras la captura de miembros de la banda de secuestradoresLos Tiras, a los que tuvo acceso EL UNIVERSAL. Es común que las personas que son secuestradas desarrollen el denominado "Síndrome de Estocolmo" que es un estado psicológico en el que la persona retenida contra su propia voluntad desarrolla una relación de complicidad o de afecto con su secuestrador. La hija del ex policía Día a día, durante más de dos meses, la banda de Los Tiras siguió a Margarita Carrera Cuéllar. Estudiados todos sus movimientos y tras conocer que su padre, Adrián Carrera Fuentes, fue algún día el jefe de la Policía Judicial Federal, los plagarios planearon la captura de la víctima a bordo de su vehículo Honda Acord. Esa mañana del 12 de julio de 2001, la mujer salió muy confiada de la casa de su novio en la colonia Del Valle. Se dirigía hacia su negocio de bisutería en El Pedregal, cuando a la altura de la calle de Agua, una camioneta les cerró el pasó. Tras someter a su chofer los plagiarios se la llevaron en su propio vehículo. Ahí, uno de ellos le comentó que si sabía de lo que se trataba y ella contestó con aplomo, "sí, es un secuestro". Margarita fue llevada a una casa de seguridad donde después de ser interrogada y contestar que no le daban miedo las armas, porque su padre "tuvo hasta una bazuca", le esperaba una sorpresa. Uno de sus captores se le acercó y le dijo: "por qué andas con tu novio, si está gordo y feo". -¿No quieres ser mi novia?, dijo éste y le aclaró que "yo no soy violador o de esos enfermos, yo soy secuestrador. Y soy el más buena onda de toda la banda", dijo el hombre el que se identificó ante ella como Leonardo, por Leonardo DiCaprio. Pero la disputa de amor se abrió con otro secuestrador, apodado De Niro, quien la dotó de ropa, cuidados, plática y protección y dos semanas después le confesó a Margarita que "te vas a ir de aquí, aunque tu papa no dé nada", y además siempre le dijo que no se casara, que él le llevaría flores, serenata y la llevaría a bailar. Le decía "reinita", mientras Leonardo le decía "mi amor", y la relación fue tan estrecha que ella llegó a decirles que "ojalá todos los secuestrados cayeran con ellos, nos tratan bien". Al final del plagio, De Niro sólo pudo ponerle canciones de radio a Margarita poco antes de dejarla libre. Las hermanas La noche del domingo 23 de septiembre de 2002, las hermanas Laura Zapata y Ernestina Sodi fueron secuestradas por Los Tiras. Ahí comenzó una pesadilla para las hermanas de la cantante Thalía. A ellas les dijeron: "ustedes están secuestradas por el dinero de Tommy Mottola, queremos 5 millones de dólares", pero no contaban con que uno de ellos, que se identificó como Romeo, se enamoraría de una de ellas, a grado tal de renunciar a su parte del botín. Le confesó su amor cuando ella decidió quedarse con los plagiarios y permitir que su hermana fuera liberada. "Él me tocó el hombro y me tomó de la mano y después me dijo ´ahí me enamoré de ti´", declaró la secuestrada ante los fiscales Platicó que cada tercer día le llevaba un ramo de flores. "Eran tres docenas de rosas rojas". Le llevaba serenata, más bien él cantaba detrás de la puerta de su habitación, pero principalmente la de ´Usted es la culpable´. En ese tiempo, Romeo se emborrachó un día de tantos, y repitió su serenata e incluso se llegó a un acto de cercanía extrema. Romeo siguió enamorado de ella a tal grado que ofreció comprarle una camioneta blindada para que no volviera a correr peligro. Además le dijo que accedió a renunciar a su parte en el pago del secuestro para que otros de los miembros de la banda no la torturaran. Incluso ofreció presentarla con su familia si la mujer le correspondía. Y sin temor a ser detenido, el día que la liberaron el secuestrador hizo una cita con su víctima para el 22 de noviembre de 2002 a las ocho de la noche en el restaurante Bellini. "Tomaremos una copa y decidiremos nuestro futuro", le prometió el plagiario el 26 de octubre de 2002 minutos antes de que la banda la dejara en libertad.
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