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Sorprende un sub motorizado

Alejandro Suverza
El Universal
Lunes 02 de enero de 2006

La Garrucha, Cañadas, Chis.- El de la motocicleta, el Delegado Zero, apareció por la plaza central de San Cristóbal. Pasaban de las 8:30. Subió al comandante Germán, de quien decía se encargaría de ser el puente en la otra campaña. Dijo que él iría adelante en "La otra campaña" como para medir el peligro y dijo que en caso de que algo malo le ocurriera iba a estar orgulloso de haber luchado al lado de los zapatistas.

Después iría al grano al decir que este 1 de enero de 2006 los de "La otra campaña" tomaron e hicieron suya la plaza. Dijo que la Sexta Declaración de la Selva Lacandona se compone de hablar y escuchar a los que echan a andar las máquinas y al final se quedan sin nada.

Habló después de que lo hicieron varios comandantas y comandantes, para decir que en la sexta y en la otra va la vida de por medio. Que se privilegiarán las reuniones con los que decidan hacerla suya, con grupos de izquierda, con anarquistas, con colectivos culturales y de medios alternativos. Y que la sexta no acabará pronto y no va a tener ninguna recompensa. "No se esperen las entrevistas con grandes intelectuales ni grandes medios nacionales".

Endeble, apenas en dos ruedas y como única protección un casco. Cuando los fotógrafos se bajaron sobre el camino que lleva de La Garrucha a San Cristóbal la camioneta X-Trail acaparó a los gráficos. Luego el motociclista los sorprendió. El que llevaba al pingüino -nombre del gallo- en la caja de paquetes. Era el subcomandante Marcos, ya como Delegado Zero enfilándose hacia "La otra campaña" por carretera. Algunos dijeron que el recorrer el país siendo líder insurgente significa que el sistema (mexicano) ya no es el mismo de antes. Y que también se pudo hacer por el empuje social que hace flotar al Delegado Zero.

Los preparativos

Por la mañana se miraban por lo menos 400 metros de autos, camiones de redilas y decenas de cientos de indígenas se preparaban para salir. Pasaban de las nueve de la mañana. Se decía que el subcomandante Marcos no saldría por aquí, que llegaría a San Cristóbal de las Casas por otro camino y aparecería por una vereda. También se decía que no resultaría positivo que lo hiciera porque había convocado en el Caracol de La Garrucha y además los de esta comunidad lo acompañarían en los primeros kilómetros de "La otra campaña". Ese sería el primer paso.

Así lo habían anunciado zapatistas encapuchados a las 12:00 de la noche, hora suroriental y militar de las montañas. Once de la noche del 31 de diciembre. Decían, en una noche de fiesta para recibir el Año Nuevo, que estaban orgullosos de caminar 12 pasos adelante, en referencia al 12 aniversario del levantamiento armado, en los que construyeron y trabajaron para fortalecer lo que antes no había. "Ahora hay esperanza". Dijeron que durante esos 12 años habían recibido desprecio y olvido. Y se autollamaron los "más pequeños de esta tierra".

Dijeron que su lucha ya nadie la puede parar. Y les dijeron a los del color del dinero que aquí había muchos corazones que trabajaban para construir el nuevo mundo, ése donde quepan muchos mundos. Y dijeron que construyeron la autonomía para que el que mande, lo haga obedeciendo.

Pedían un minuto de silencio para los zapatistas caídos durante los enfrentamientos de enero de 1994. Mostraban su respeto a los hermanos indígenas que no son zapatistas. A éstos les dijeron que serían atendidos sin importar su partido o religión. Les aseguraron que no serían agredidos, pero también les exigieron respeto. Era una noche de baile con los sonidos de Los Mayas y Los Humildes, tal cual. Después agradecieron y cerraron con la frase de que no había otra cosa que ofrecer, más que los corazones rebeldes. Luego vivas el comandante insurgente Marcos. Nadie todavía imaginaba que el Delegado Zero saldría en motocicleta.

Luego se miraba pequeñito sobre la carretera, endeble nuevamente, pero llevaba en las espaldas a cientos de indígenas que en cada uno de los pueblos lo despidieron. Se mostraban formaditos en un loma. O en una zanja, o en una pequeña cañada. Le movían los brazos. Se acercaban ya directamente a saludarlo, cuando paraba. Se había convertido en el de la moto de la otra campaña que pronto haría su arribo a San Cristóbal de las Casas, donde más tarde en la plaza central lo esperarían miles para arrancar "La otra campaña". El peso de la esperanza aumentaría aún más.

 
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