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Vivo una represalía por denunciar caso Succar La periodista Lydia Cacho afirma que quienes la acusan saben que sus fuentes son las propias víctimas, que son las declaraciones que rindieron ante las autoridades
SILVIA OTERO Acusada por los delitos de difamación y calumnia, ahora goza de libertad bajo fianza y el viernes se definirá su situación jurídica. Un caso que la periodista considera como una represalia ante el trabajo de denuncia que ha realizado contra la red de pornografía encabezada por Jean Succar Kuri, descubierta en 2003. Lydia Cacho, en entrevista con EL UNIVERSAL, tajante, asegura que su aprehensión es "una persecución por la investigación periodística que hice, quienes me acusan saben que mis fuentes son las propias víctimas, que son las declaraciones que rindieron ante las autoridades federales. Es una manera de acallarme, pues soy una de las pocas personas que siguen hablando del caso Succar". En un operativo inusual, la también activista y defensora de mujeres fue detenida el 16 de diciembre en Cancún, Quintana Roo, por delitos considerados no graves. La base de las acusaciones es el contenido de su libro Los demonios del Edén. El poder detrás de la pornografía infantil, una obra que devela la red encabezada por Succar Kuri, y en la que menciona al empresario textilero Kamel Nacif Borge, quien la demandó. La denuncia propició que el viernes pasado, alrededor de las 12:30 horas, Lydia Cacho fuera detenida en Cancún; 20 horas después estaba en los separos de la Procuraduría de Justicia de Puebla. Fueron mil 500 kilómetros de maltrato sicológico, de no tener la certeza de que la trasladarían al juzgado que la requería; sin agua, sin medicamentos para las secuelas de la bronquitis que un mes antes la mantuvo en el hospital; sin los agentes federales que la custodian ante las amenazas de muerte que recibió de Succar Kuri. "Prácticamente se trató de un secuestro", recuerda. La sorprendieron afuera de su oficina, y después la sacaron por la puerta trasera de la Procuraduría de Justicia en Cancún, para iniciar el viaje en carretera. Un recorrido eterno, recuerda, por la hostilidad de los agentes que al detenerla le advirtieron que "los periodistas en ocasiones se mueren por balas perdidas"; los mismos que en el trayecto le preguntaron: ¿sabías que las mujeres cuando entran a prisión a veces son violadas? Después llegaron a los separos en Puebla, con una colchoneta vieja y el olor a orines, donde la encerraron, en espera de un funcionario de derechos humanos que certificara que no la maltrataron. Todo por las referencias que existen en su libro de Nacif Borge, que de acuerdo con la periodista, "fueron tomadas de forma textual del expediente abierto en la PGR, de los testimonios de las víctimas, en ningún momento lo acuso de nada; fueron las menores de edad quienes en sus declaraciones ante el Ministerio Público aseguraron haber conocido a Nacif en las fiestas que organizaba Succar Kuri, hasta lo describen". Por ello, Lydia Cacho considera que esta denuncia sienta un precedente: "Esto le puede suceder a cualquier periodista; la eficacia con la que me detuvieron y en menos de 20 minutos me sacaron del estado para trasladarme a Puebla, es un mensaje claro para quienes nos atrevemos a hablar del crimen organizado". Por ello, asegura, "el poder detrás de la pornografía es el que me detuvo, es el que me está llevando a juicio".
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