CANCÚN, QR.Dos días después de que el huracán Wilma azotara esta ciudad, cientos de personas saqueaban la plaza comercial Las Américas II. La escena era impresionante. Parecían una comunidad de hormigas que apresuradas llevaban los alimentos al almacén del hormiguero. Pero después, se vio a más personas que comenzaron a saquear objetos que nada tenían que ver con la sobrevivencia ante un huracán. En equipos de dos o tres, cargaban televisores de más de 70 pulgadas, refrigeradores, lavadoras, estéreos, libreros, roperos. En las calles se vivió un contraste aterrador que compartían la destrucción y el saqueo. En sólo seis horas, las hormigas humanas se comieron el centro comercial.
No había quedado absolutamente nada, sólo los anaqueles y un par de carrocerías de autos nuevos que en días anteriores estaban en exhibición. Los habían desmantelado por completo; les quitaron llantas, asientos, el equipo de sonido. Era lo absurdo del saqueo. Incluso graffitearon una salpicadera, como quien de manera retadora se adjudica un acto de venganza.
Era la primera vez que esto ocurría en Cancún. Ni siquiera cuando el huracán Gilberto los demolió en 1988, hubo un comportamiento de esa magnitud. La situación obligó a establecer un toque de queda y a que los propios habitantes crearan células de autoprotección.
Robar para comer o robar para obtener, hace la diferencia en la psicología del saqueo. Saquear por comer no es justificable, pero de alguna manera es algo que ocurre casi naturalemente cuando cualquier persona ve en peligro su sobre-vivencia por la falta de alimentación. Pero hay personas que antes del huracán Wilma ya eran criminales y sólo vieron en el desastre natural la oportunidad para robar. "El huracán no los convirtió en criminales, ya lo eran", dice el doctor Benjamín Domínguez, sicólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México.
En un análisis del por qué del saqueo, Domínguez explica que la experiencia en diferentes desastres en México y en otros países, ha demostrado que éstos crean una situación caótica en la que no sólo hay pérdidas materiales, sino socio-emocionales. Dice que una de las más importantes es la cancelación o el franco derrumbe de las normas de convivencia, que son las que regulan la forma en cómo los humanos escogemos con quién y qué tanto nos relacionamos. "Las altera y esto le pasa a todos los organismos vivos, no sólo a los humanos y en lugar de convivir se da un fenómeno de involución que es lo contrario de la evolución: significa que no todo el tiempo podemos gozar del tiempo de pensar con claridad, de pensar lógicamente".
La situación llega a tal grado, agrega Domínguez, que un desastre puede a colocar a cualquier persona en la involución como si fuéramos reptiles o anfibios. "Nos bajamos en nuestros niveles mentales de funcionamiento". En esta situación una persona puede robar alimentos porque está tratando de sobrevivir, es un robo provocado por la sobrevivencia".
El investigador de la UNAM recuerda que el saqueo no fue observado en Acapulco cuando la devastación provocada por el huracán Paulina porque las reglas de convivencia están más arraigadas y hay patrones culturales comunes. "En Cancún hay menos tradiciones, porque se trata de una concentración humana de personas de muy diferentes lugares".
En los primeros días que sucedieron a Wilma, por las calles se observaron decenas de personas que salían de las tiendas Oxxo y de otras cadenas que sólo venden insumos para comer y los marinos y policías sólo se les quedaban mirando y los dejaban seguir de largo. Los pobladores utilizaron hasta su propia ropa para llevar más alimentos y agua. "Saquear en un momento así, es parte del funcionamiento del repertorio de sobre-vivencia".
María del Carmen Montenegro, criminóloga y sicóloga de UNAM, dice que cuando ocurren este tipo de fenómenos que afectan a una sociedad marginada y con violencia institucional funciona el factor que ven una oportunidad de oro para hacerse de bienes y entonces cambia el escenario: "Lo que no me das a la buena, me lo llevo a la mala".
Pero asegura que hay parte de la población que opera bajo una visión catastrofista que busca sobrevivencia. "Como dicen: a río revuelto, ganancia de pescadores. En ese caso existe la posibilidad de contagio, pero no con malicia, porque en las imágenes por televisión se veía a personas que llevaban medicinas por temor a los que vendría después". Ir por medicamentos y alimentos es comprensible, pero no robar otros bienes. Son tipos de fenómenos que se tienen que analizar desde una visión social y no desde una patológica.
Además de la plaza comercial Las Américas II, las hormigas humanas se comieron y robaron 25 Oxxos, cinco Extras, una Megacomercial, un Chedraui, una Coppel, una ISSSTE, cuatro Elektras, dos telebodegas, una joyería y una zapateria. Fueron 70 negocios en total. Se llevaron colchones, motocicletas, refrigeradores, computadoras, un cajero automático y una caja registradora. El comisionado de Seguridad Pública, Tránsito y Bomberos, Ricardo Adrián Samos Medina, dijo que habían participado entre 15 mil y 20 mil personas. Y que se habían detenido a 157 personas.
Ya había declarado que era imposible hacer frente a los saqueadores: "50 ó 60 elementos no podíamos hacer nada con una turba de 2 mil o 2 mil 500 personas".
Lo más grave es que también en días recientes había reconocido que integrantes de Seguridad Pública participaron en el saqueo. Dijo que ya estaban identificados y serían dados de baja de sus corporaciones. Aquel día, en la plaza comercial Las Américas II, mientras las hormigas humanas consumían el botín, se miró a camionetas pick-up cargadas con refrigeradores.
Un policía dijo que intentaban detener a los saqueadores. La realidad es que también se integraron o ya desde antes del huracán Wilma, formaban parte de la rapiña.
Benjamín Domínguez dice que un momento de desastre los roles de una sociedad desaparecen y hasta los policías también se convierten en víctimas del desastre por lo cual también es normal que roben comida.
"También son humanos, no están hechos de otra materia biológica. Se convierten en víctimas, pero si llevan otras cosas es que ya antes eran criminales. El desastre no los convierte, simplemente ya eran y el huracán les da más oportunidad de robar" .
Dice la investigadora Gloria Montenegro que el desastre dejó nuevamente al descubierto la pregunta sobre al servicio de para qué están los cuerpos de seguridad: para proteger a los ciudadanos en desgracia o para abusar de eso. "Quedó claro que no hay espíritu ni ánimo para proteger, sino para abusar".
Quedaron en evidencia. Quizás por eso, porque unos se dedicaron a robar y otros ayudar en el desastre, Cancún quedó a merced de la rapiña. Durante días, por sus calles se miraron a personas sospechosas. Se veían luces de linternas dentro de los bancos. Ni siquiera la zona hotelera se salvó. El martes pasado, a dos días de que el huracán Wilma abandonará la península de Yucatán, un hombre corría sobre el bulevard Kukulcán. Perseguía un automóvil Mercedes Benz plateado.
Los árboles tirados y el tránsito lento ayudaron para alcanzar a los ladrones. Eran dos hombres y una mujer que con maletas habían robado ropa en Deportes Martí. Dijeron que eran trabajadores de la tienda, pero la gerente que llegaba los desmintió.
La mujer del Mercedes Benz, vestida de minifalda de mezclilla y una blusa rosa entallada y escotada, se echó la culpa. Dijo que tenía necesidad, que vivía en una de las colonias que afectó el huracán y que sus dos acompañantes no tenían nada que ver porque sólo le ayudaron.
Ahora que Wilma pasó, la policía local ha recibido decenas de llamadas anónimas para denunciar a los saqueadores Dicen que el remordimiento comenzó a fluir. Quizás por eso, Seguridad Publica de Cancún pidió a los arrepentidos, a los que se dejaron llevar, que sacaran por la noche lo que se robaron, que lo pusieran en la calle y que una camioneta pasarían a recogerlos.
"Daban ganas de llorar, da mucha tristeza que la propia gente de aquí haya participado. No puede ser que destrozaran los mejores centros comerciales que tienen. Parecía que no eran las personas que conocíamos", decía una vecina de una de las colonias de la periferia de Cancún.