CANCÚN, Q.R.- "¿Hay buenas noticias, señor Presidente, nos vamos pronto?", le preguntó Ana, una mujer de Canadá, que en bermudas y sandalias, se postró frente al presidente Vicente Fox, quien en ese momento llegaba al albergue donde un centenar de turistas extranjeros sufrían las penurias de no tener nada, ni los recursos para dejar este centro turístico. "Ya todo está listo, ya mero se van", respondió Fox en un tono cálido, que arrancó sonrisas de esperanza de una treintena de personas que se acercaron al mandatario para implorarle, de manera atropellada y algunos en inglés, que pronto los evacuara del lugar aún bajo la zozobra que dejó el huracán Wilma.
Pero muchos de ellos no esperaron la ayuda gubernamental, y con las pertenencias con las que llegaron buscaron huir por todos los medios de este centro turístico, donde la anarquía, el desabasto y la desesperación quedaban a la vista.
A bordo de autobuses, camiones de carga, e incluso en un contenedor de tráiler, buscaron escapar de la pesadilla, utilizando la carretera que lleva de Cancún a Mérida, Yucatán, o la que conduce hacia Tulum, la puerta de entrada que los podría llevar hacia Chetumal, donde los vuelos comerciales se mantienen abiertos.
Las inundaciones en varios puntos de la carretera bloquearon el paso de los vehículos. Hambrientos, muchos de ellos pedían a los conductores de autobuses de pasajeros, camiones de carga, y a los propios marinos que operaban los camiones urales todo terreno de fabricación rusa, en los que viajó la comitiva presidencial, que los sacaran del lugar para poder cuanto antes abandonar México y regresar a sus países.
El propio secretario de Turismo, Rodolfo Elizondo, admitía la gravedad de la situación y por poner cifras reconoció que por lo menos 40 mil turistas extranjeros aún permanecían en la zona de desastre, que abarca todo Cancún, Cozumel, Playa del Carmen y otros destinos de la Riviera Maya.
Por la calle de Kukulkán y Tulum, dos de las principales avenidas de este centro turístico, se veían deambular en grupo a estos visitantes, todos en pantalones cortos y sandalias, con pequeñas mochilas al hombro o a la espalda, caminando hacia la orilla de la ciudad en busca de algún transporte que los sacara de ahí.
Desde vehículos de lujo, hasta autobuses de pasajeros, camionetas de carga y mudanzas, zozobraron en los gigantescos vados que se formaron en tramos de las principales carreteras que salen de Cancún, que antes era un destino paradisiaco y donde ahora domina la anarquía y la desesperación.