Isla Mujeres, QR.- Cuando el primer barco proveniente de la isla de Ixchel, la de las mujeres, arribó a uno de los muelles en el norte de Cancún, alguien reventó: "Son fregaderas, puro cancunsito, cancunsito, y nosotros cuatro días abandonados". Era el jefe de la capitanía de Isla Mujeres que enfurecido continuaba: "Hay gente que tiene necesidad de salir, pero no les interesan las poblaciones pequeñas. Allá hay más de 12 mil personas".
El hombre contó que muchos casi se tiraban al agua para subir a la primera embarcación que salía de la isla, después de la larga y violenta visita del huracán Wilma .
Del barco salían 150 personas, que presurosas se alejaron del lugar. Luego había que regresar. Era el viaje a una isla en la que nadie entró ni salió por más de 72 horas. Era un viaje a una isla que durante dos días no existió. Nadie supo nada de ella. Estaba a tiro de piedra, a una patada. Se miraba bien desde Cancún, pero Wilma la secuestró.
Decenas de personas abordaron la embarcación. Querían saber cómo estaban sus familiares. Le llevaban despensa a la madre, la hermana, la tía, la abuela, la hija.
Decía la regidora de Salud, Diana Martínez Márquez, que iba a bordo del barco, que pocas horas antes de que entrara Wilma habían evacuado a 5 mil personas.
Otras 12 mil se quedaron en un pedazo de tierra de apenas 7 kilómetros de largo y con la parte más ancha, la del centro, de 500 metros.
Qué era eso para Wilma , el huracán. Los abatió. Les tiró la única hilera de postes de luz. Les destrozó. No hay líneas telefónicas, no hay víveres.
Precisamente en el centro de Isla Mujeres estaban Josefa Jul, su nuera Teresa Tocon y su sobrina Fátima Tocon. Salían de la casa que ocuparon como refugio, se disponían a ir a la propia. Les habían dicho que sus hogares de cartón ya no servían. También estaba Reina Eligia May Moo, una mujer que mandó a sus cuatro hijos a Cancún.
Todas pidieron aventón a una camioneta que pasó y tras 20 minutos llegaron a su realidad.
Josefa había logrado salvar su refrigerador, pero no así el trastero, la alacena y el ropero. Fátima sólo miró el esqueleto. Cargó a su hijo en brazos y calló. Reina Eligia simplemente entró, no por la puerta sino por uno de los huecos que Wilma dejó.
Vivían en la zona sur de la isla, la de las colonias la Gloria, El Cañotal, Miraflores y Las Salinas I y II, una extensión de miseria que nadie quiere ver en lo que se considera el triángulo paradisiaco de Quintana Roo: Cancún, Isla Mujeres y Cozumel.
Por lo menos durante tres días enteros no se supo qué ocurrió aquí. No se enteraron que desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la noche estuvieron encerrados soportando el huracán.
Una camioneta con altavoz, que recorría los 7 kilómetros, les decía que no se les ocurriera salir, que Wilma había estado toda la noche, pero lo fuerte estaba por venir.
Los habitantes por tanto, perdieron noción. Algunos pensaron que Wilma se estacionó. Nadie supo que aquí más de 200 pobladores utilizaron como refugio la escuela César Mendoza, nadie supo que en la isla de Ixchel, en la iglesia central, le ataron al cuello una cuerda a la Virgen de la Concepción para que no se la llevara el huracán.
Ni se enteraron de que la madrugada del sábado, el elotero Miguel se amarró junto con su esposa y cinco hijos y en pleno huracán quería llevar a su familia al edificio de concreto de Matilde Gómez. "Gracias a Dios", lo logró.
La camioneta de seguridad con el altavoz les había dicho que si tenían un familiar en Cancún se fueran para allá o de último se refugiaran en cualquier casa de concreto. Había peligro de inundación por la laguna Salinas que la isla alberga en el sur. Se inundó. La dulcería "La bendición de Dios" aún tiene el agua hasta la mitad.
Los informes de horas antes de que llegara el huracán aseguraban que muchos isleños no quisieron evacuar, pero Josefa Jul dijo que no, que si hubieran ido por ellos hubieran salido de ahí, que no les dieron opción. Hoy aquí se mira la devastación. La gente sale a las calles a pedir. Que les den agua, despensas, que les ayuden para parar las casas de cartón, que les reparen pronto la luz, "se acaban las velas, vamos a nadar en la pura oscuridad", dice María Devora.
Nadie supo que aquí el domingo por la mañana, dos días después de la embestida letal de Wilma , Ramiro Osorio encontró ahogado a un pescador. La Armada de México se lo llevó al hospital naval.
Nadie se enteró que hasta la noche del domingo nadie pudo salir o que la presidenta municipal de Isla Mujeres, Manuela Godoy, durante el viernes pasado, habló y habló hasta que se fue la señal, o que Lauri Ancona decía a su familia: "Nosotros enviamos ayuda a Chiapas, ahora hay que pedir que nos la devuelvan". Nadie supo que en la isla abandonada, la de Ixchel, hubo una felicitación municipal. La camioneta del altavoz agradeció el domingo a la gente por su comportamiento y por no saquear.