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El hallazgo de `Villa Mariguana`

En un pequeño poblado de Chihuahua, 105 hectáreas del enervante fueron descubiertas en un caso casi sin parangón. Aún se especula cómo pudo pasar inadvertido algo de tal magnitud
Sábado 01 de octubre de 2005 El Universal

Villa Coronado, Chih. El pueblo salió del anonimato. Se hizo famoso. Lástima que su ganado, sus fiestas o la belleza de su escuela principal que semeja un palacio, no tuvieron nada que ver. Más bien, la mariguana lo puso en boca de todos. Y de alguna forma, lo eternizará en la historia del narcotráfico en México.

En las afueras de Villa Coronado, apenas el 12 de septiembre, el Ejército mexicano descubrió 105 hectáreas de mariguana lista para cortarse. La dimensión es equivalente a 147 veces la cancha de futbol del Azteca o a 50 planchas del zócalo capitalino. Por lo menos 6 millones 300 mil matas, lo suficiente para poner en la mano de cada uno de los habitantes de Aguascalientes, Baja California, Campeche, Colima, Nayarit, Quintana Roo y Tlaxcala, una planta de 2.40 metros de altura.

Ni tan escondiditos estaban los sembradíos. Diez minutos separaban al materío de Villa Coronado, situado en el sur de Chihuahua, en la colindancia con Durango.

Quién se iba imaginar que en los alrededores del pueblo había tal cantidad de mariguana si el municipio que lleva el nombre de su cabecera, Villa Coronado era considerado por la sección de erradicación del Ejército como una zona nula en producción de enervantes.

El hallazgo sólo se compara con el decomiso de noviembre de 1984 en el rancho El Búfalo en Jiménez, un municipio que está a por lo menos dos horas de Villa Coronado, en el que fueron aseguradas 11 mil toneladas de mariguana extraídas en por lo menos 200 hectáreas trabajadas durante sólo un año.

El dueño de la mercancía era Rafael Caro Quintero. Más de 10 mil campesinos trabajaron en la zona. Restaurantes y bares de las ciudades de Camargo, Jiménez, Parral y Aldama se beneficiaron de la bonanza. Las tortillerías producían día y noche para alimentar a los trabajadores. Incluso una mujer de Carmargo recuerda que amas de casa de esa entidad se paraban a las seis de la mañana para hacer el mandado antes de que la gente de Rafa como le decían al capo hoy preso agotara los víveres.

La operación Pacífico acabó con El Búfalo y los ranchos y municipios cercanos del sur de Chihuahua aún son señalados como zona de alta influencia de cultivo de enervantes, pero a Villa Coronado nadie lo conocía hasta que aparecieron las 105 hectáreas. El pueblo que no tiene historia violenta. No hay un antecedente en la Agencia Federal de Investigación de Hidalgo del Parral, que por su cercanía se encarga de esa zona. Es más, es la primera vez que asisten a dar fe de mariguana asegurada en ese pueblo.

Villa Coronado, junto con sus siete ejidos y una colonia no rebasa los 2 mil 300 habitantes, según el último censo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. Sólo hay 11 policías municipales en todo el municipio y entre sus tareas están la de cerrar las únicas dos cantinas del centro a las 10 de la noche y mandar a los borrachos a sus casas, cuenta el comandante Ventura Terrazas Durán, un hombre regordete de pantalón vaquero y cinturón de hebilla con pistola escuadra, que mientras habla los mosquitos le vuelan sobre el sombrero.

El pueblo apenas tiene 15 calles pavimentadas. Un salón de eventos. Una primaria, una secundaria y un telebachillerato. Dos tortillerías. Aquí ni siquiera hay un restaurante. No hay un sólo lugar para hospedarse. Algunos de sus habitantes aseguran vivir de la ganadería, la siembra de algodón, cebolla, frijol y maíz. Y de las nueces del nogal.

Lejos de crecer, decrece, a pesar de ser declarado municipio en 1860. Por lo menos 40 por ciento de la población emigró a Estados Unidos.

Quizás lo que hizo atractivo a Villa Coronado fue precisamente esa aparente tranquilidad y el hecho de que tiene vías de acceso recién acabadas: la de Villa López-Coronado hacía el norte como quien va para Chihuahua y hacía el sureste que va de Coronado a la Conquista, ejido este último donde precisamente se encontraron parte de los predios con mariguana. Ahí hallaron un campamento fuera de lo común, no con palos y hules como regularmente se encuentran en zonas de cultivo. Había dos estructuras de madera con techo de lámina. Dentro de ellas aproximadamente 40 casas de campaña de diferentes marcas. Se abastecían de tres pozos. Contaba con siete bombas de extracción. Los militares les decomisaron 60 mil metros de mangueras equivalente a tres avenidas de los Insurgentes de la ciudad de México o alcanzar 320 veces la altura de la Torre latinoamericana. La utilizaban para hacer hacer el sistema de riego por goteo.

Según fuentes de la 42 zona militar y de la AFI en Parral ahí trabajaban por lo menos 80 personas.

Dicen que las historias se repiten. En lo del Búfalo es sabido que los sembradíos eran protegidos por militares. Se señaló directamente al secretario de la Defensa, general Juan Arévalo Gardoqui. También se culpó de protección a la desaparecida Dirección Federal de Seguridad de la que estaba al frente José Antonio Zorrilla Pérez. En Villa Coronado, fuentes de la AFI dicen que los militares se tardaron en dar a conocer el hallazgo. Militares aseguran que el campamento no era igual a los que comúnmente encuentran y que los Afis eran los encargados de protegerlo. Según versiones de la AFI en Parral, los militares antes del día 12 habían destruido dos predios, pero no informaron de los otros siete que sumaron 105 hectáreas hasta el día 14.

En Búfalo hubo varios detenidos. Además de Caro Quintero, fueron presentados ante el Ministerio Público 3 mil campesinos. En Villa Coronado todos huyeron. La 42 zona militar oficialmente asegura que se trata de "personas originarias de Durango".

El único punto frágil apunta hacia Tomás Ever Loya Campuzano, un ganadero aficionado a los caballos de carreras que el 1 de septiembre fue levantado por un par de sujetos a plena luz del día y mero enfrente de la presidencia municipal.

Según los pobladores nunca se había suscitado un hecho similiar. La presidenta municipal, Rita Ontiveros, aseguró que nadie se dio cuenta porque nunca imaginaron que lo desaparecerían. "Aquí nunca ha pasado nada de esas cosas".

Un militar que pidió no ser identificado y que trabajó en las investigaciones de inteligencia para dar con los dueños de la mercancía contó que por lo menos siete días antes de que lo desaparecieran ya habían llegado informes a la 42 zona militar de que en un ejido de Villa Coronado habían sembrado mariguana. "Lo que pensamos es que alguien trató de presionarlo, era un hombre pudiente, estaba pesado, y él podría ser pieza clave para sacar todo el enervante en sus camionetas de ganado. No puede ser coincidencia porque es un pueblo en el que nunca pasa nada. Después lo levantan y a los días entramos a la zona para destruir los plantíos".

El militar asegura que las personas que huyeron de los campamentos por lo menos llevaban trabajando más de un año esas tierras porque mientras caminaban río arriba por el camino que lleva al Pico del Águila, hacía Durango, encontraron otros terrenos removidos. "Se notaba que ya habían sacado mucha".

La bitácora de la policía municipal describe que los militares realizaron un vuelo en avioneta el 9 de septiembre y después, el día 12 de septiembre como a las 10 de la mañana, dos camiones del Ejército ingresaron por el centro de Villa Coronado. Les pidieron colaboración de las autoridades municipales para que los guiaran hacía el ejido La Conquista. Algunos versiones periodísticas locales aseguran que la zona militar recibió una denuncia anónima, pero un alto mando que pidió no ser identificado aseguró que ellos lo encontraron mientras realizaban un vuelo de reconocimiento.

La preguntas rebotan por todo Villa Coronado. Van en el sentido de si el ganadero hasta hoy desaparecido fue el que tuvo que ver con la denuncia anónima. O si lo querían involucrar o ya estaba involucrado. O si la denuncia provocó obligatoriamente la destrucción de los sembradíos que eran cuidados y protegidos por los afis o por los propios militares.

Las versiones dicen que los que cuidaban los sembradíos se abastecían en el pueblo de Villa Coronado. Que la gente debió darse cuenta, y que la mariguana se huele a la distancia. "Nomás haces así, y lueguito dices aquí hay mota, y era un chingo", dice otro militar, mientras suelta el aire que jaló para hacer su interpretación.

En Villa Coronado nadie vio, ni escuchó, ni olió nada. Dicen que no vieron personas ajenas al pueblo. Ni siquiera hubo aumento en la producción de tortillas. Ni durante los últimos tres meses se vendió más carne en el rastro local, de acuerdo con la bitácora en la que se reporta cada animal que será destazado.

"Otras veces, cuando aquí siembran (mariguana), uno se da cuenta porque la gente viene por carne. Ahora ni siquiera hubo contacto, ni siquiera los vimos", dice un habitante de Villa Coronado. La percepción de algunos militares de la 42 zona militar en Parral y de la Agencia Federal de Investigación es que los pobladores sabían todo, pero los testimonios dicen lo contrario: "Yo creo que si pasaban, lo hacían de noche", dice otro vecino.

Pero la gente no niega lo que es un hecho: "Aquí siempre se ha sembrado, lo que pasa es que uno no puede meterse porque nomás lo agarran a carajazos. No crea que esto tiene pocos años. Cuando nos enteramos de los sembradíos (las 105 hectáreas) nosotros pensamos que era lo de siempre, como en otros años cuando quemaban un poquito por aquí y otro poco por allá, pero no todo ese chingadazo", dice otro habitante.

El director de Seguridad Pública de Villa Coronado, Ventura Terrazas Durán, asegura: "Aquí nunca nos había tocado ver una situación de ésas. Eran terrenos que estaban muy trabajados con mucha limpieza y como uno es agricultor uno sabe de eso: era una chulada de trabajo".

"Esa gente nunca se vio por aquí en el pueblo, nunca vinieron por mandado, nunca provocaron balaceras. La región está muy lastimada económicamente, para qué negar, siempre ha habido siembra de enervantes, pero nunca logran cosechar nada porque el Ejército lo encuentra".

"Es un pueblo pacífico, lo que pasa es que toda esa gente (la que sembró la mariguana) era de fuera. Yo creo que los traían de otra parte", dice la presidenta municipal, Rita Ontiveros, una mujer regordeta que no deja de reír cuando dice que casi todo el día el pueblo esta solo, y que a veces en todo el día no se mira la gente en las calles.

"Aquí la gente lo más que hace es agarrarse a cabronazo limpio", dice don Javier, el esposo de Rita Ontiveros. Ambos están lanzando un proyecto para que una empresa estadounidense instale una maquiladora en Villa Coronado, pero ahora tienen miedo de que el plan se venga abajo.

La mariguana los lanzó a la fama, pero deben recordar que ésta siempre tiene su costo.



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