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Modifica narco geografía de la violencia

Especialistas en el tema del tráfico de drogas señalan que las mafias se disputan las zonas noroccidental y de la frontera con EU por las ganancias que deja ese negocio ilícito
Jueves 25 de agosto de 2005 Francisco Gómez | El Universal

La violencia desatada por el narcotráfico tiene sitiado el norte de México. Ahí, el aumento de masacres y homicidios atribuidos a las mafias de las drogas han delineado una geografía de la violencia que abarca a ciudades y pueblos, y que lo mismo incluye como víctimas a mujeres y niños, que a policías y jóvenes o hasta familias completas.

Investigadores en el tema señalan al narcotráfico como el detonante para que la zona noroccidental y la zona fronteriza con Estados Unidos se tiñan de sangre, y atribuyen la violencia a la "feroz competencia" entre mafias por adueñarse de las ganancias ilícitas de esta actividad y a la falta de acuerdos y mediadores dentro del tráfico de drogas.

Con enfoques diferentes, los especialistas en el tema consideran que los crímenes del narco por venganzas, ejecuciones de enemigos, disputas por territorios o luchas con bandas rivales no es sino la expresión de la corrupción y violencia creciente que acompaña de manera natural al comercio ilícito de drogas, y vaticinan que la lucha entre los grupos dedicados al narcotráfico no se frenará en el corto plazo y, por el contrario, ésta podría aumentar.

De la masacre en Ensenada de los 21 integrantes de una familia en el rancho de El Sauzalito al asesinato de 12 campesinos sinaloenses en El Limoncito, o de la matanza de nueve personas en el poblado regiomontano de Anáhuac a la ejecución de seis custodios en Matamoros, la violencia del narcotráfico está latente en México y sus implicaciones se padecen cotidianamente en lo que analistas consideran la geografía de la muerte.

El tráfico de drogas es actualmente uno de los detonantes de la ola de violencia que afecta desde Baja California hasta Tamaulipas, y de Sinaloa a Chihuahua, afirmó el investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Carlos Mario Perea, quien actualmente realiza un estudio y un mapeo a nivel nacional sobre el delito de homicidio.

Mientras, el investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe), Ricardo Gluyas, vaticinó que la violencia desatada por el narcotráfico irá en aumento, dado que la competencia entre grupos rivales que se disputan las rutas y los mercados del comercio ilegal de drogas es cada día mayor y, por tanto, la posibilidad de apropiarse de la ganancia que produce el narcotráfico hará enfrentarse a las bandas dedicadas a esta ilícita actividad.

La falta de acuerdos y mediadores dentro del narcotráfico, como igual sucede en el ámbito político, trastocó esa actividad y llevó a la confrontación en todos los niveles a los grupos organizados, pero también a los desorganizados que han crecido a lo largo de todo el país, consideró el investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Luis Astorga.

El narcotráfico ha producido una modificación en la cartografía de la violencia en México, porque el homicidio se ha desplazado de una forma masiva hacia los estados del norte, por lo que actualmente tenemos un repunte de crímenes en la zona fronteriza con Estados Unidos, afirmó el investigador Carlos Mario Perea.

El especialista y quien se ha dedicado a la elaboración de mapas y estadísticas sobre el homicidio en México, señaló que si bien en México existe una región de violencia histórica en el sur del país, configurada principalmente por los estados de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, ésta tiene que ver con problemas de tenencia de tierra, disputa por recursos naturales, mientras que el narcotráfico trasladó la violencia de una manera contundente al norte y un caso dramático es actualmente el de Nuevo Laredo.

"Es visible cómo Nuevo Laredo, lo mismo que Tijuana o Ciudad Juárez, se han vuelto regiones duras en cuanto a violencia se refiere. Las estadísticas y el mapeo del homicidio demuestran cómo hay un crecimiento de este delito en las zonas o corredores del narcotráfico", indicó Perea.

Sin embargo, destacó que el delito de homicidio en México en conjunto ha descendido. "Si México tuvo a comienzos de los años 90 una tasa de aproximadamente 20 o 21 crímenes por cada 100 mil habitantes y que era sumamente alta, para comienzos del 2000 ese porcentaje se redujo a 10. Además, hay que precisar que en mil 200 de los 2 mil 443 municipios que hay en México no se registró un solo asesinato", aclaró.

El investigador, quien ha cruzado informes de muy diferentes fuentes pero que tienen como base datos de la Secretaría de Salud, explicó que el crimen se ha convertido en un instrumento de dominación social, y que debe ser explicado con muy diversos enfoques para que la percepción ciudadana sobre el crimen sea acertada y debidamente analizada.

En opinión del investigador del INACIPE, Ricardo Gluyas, la violencia es un elemento inherente al narcotráfico, pues como empresa ilícita la disputa de competencia por el mercado se dirime no por el diálogo o por el derecho, sino por las balas y la violencia. "Esta es una condición sin la cual no se podría comprender a la delincuencia organizada", aseveró. La Convención de Palermo de Naciones Unidas sobre delincuencia organizada reconoce a esta actividad con características que tienen que ver con la violencia, la obstrucción de la justicia, corrupción y lavado de dinero. Es decir, son factores esenciales y primordiales para que la industria del crimen organizado crezca, apuntó Gluyas.

En un contexto de alta competencia, derivada del combate de Estado y que se traduce en una mayor intercepción de droga y captura de miembros de organizaciones criminales, los grupos buscan apropiarse de la ganancia que deja el narcotráfico y no sólo compiten entre ellos por llevar droga a los mercados de consumo, sino además se van a enfrentar y a causar los máximos daños para incluso encarecer los precios de las mercancías.

"Por eso, podemos esperar que la violencia asociada al narcotráfico aumentará conforme a los indicadores que tenemos y que tienen que ver con la aplicación de la ley contra todos los grupos criminales que operan dentro de esta ilícita actividad. Lo que podemos esperar es el recrudecimiento de la violencia, porque hay una feroz lucha entre las bandas por la ganancia y para ellas es primordial el control de territorios, rutas y tener adecuados niveles de operación", apuntó.

El investigador Luis Astorga dijo que con la alternancia de poder entre los partidos políticos, el narcotráfico también sufrió un cambio y hay ahora un proceso de ajuste. "El Estado mexicano controló prácticamente esta actividad desde siempre a través de sus organismos como la Dirección Federal de Seguridad, la PGR o policías estatales, pero al cambiar el espectro político se rompieron los hilos y acuerdos que hacían funcionar bajo este modelo el tráfico de drogas y realizaban la contención de los grupos de traficantes", consideró.

De ahí que la violencia extrema entre grupos con fuerza similar sea casi necesaria cuando se está buscando a toda costa una hegemonía en un escenario como el que hay actualmente en México, donde el árbitro que manejó todo durante más de 70 años ya no existe, detalló Astorga al precisar que una vez llegado a cierto límite, cuando alguna de las fuerzas actualmente en pugna se coloca por encima de las demás o se neutralicen entre sí, vendrá un punto de inflexión o de estabilidad.

Hay que tener en claro, agregó, que a los propios traficantes de drogas no les conviene la violencia extrema permanente, no hay ningún negocio de esa naturaleza que pueda operar indefinidamente con niveles de violencia extrema como los que hemos visto, comentó Astorga y añadió que "eso forzosamente llegará hasta un límite, el problema es que nadie sabe en dónde está ese límite, pero a partir de ese límite vendrá un punto de inflexión o de estabilidad".



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