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Apoyo desde el anonimato

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El Universal
Domingo 03 de julio de 2005

A finales de los sesenta, monseñor Daniel Nolasco no sólo oficiaba misas, confesaba o daba bautizo, también era una especie de terapeuta que atendía a homosexuales. La parroquia de Santa Cruz Meyehualco, en Iztapalapa, fue el primer lugar en donde el sacerdote comenzó a ayudar a hombres y mujeres, casados y solteros, que deseaban hacer a un lado su homosexualidad.

La experiencia que obtuvo al atender a miembros de Alcohólicos Anónimos le ayudó para formar un grupo que se llamó "Homosexuales Anónimos". Aún recuerda que fue un 5 de mayo de 1975 cuando formó el primer grupo que tenía como sede la parroquia de la señora de Guadalupe, en la colonia América.

"Venían a verme muchos casados con problemática homosexual", recuerda el religioso de 72 años, quien decidió escribir a la oficina general de Alcohólicos Anónimos, que se encuentra en Nueva York, para que se le autorizara usar los pasos que sigue el programa de AA. Incluso, el sacerdote realizó una junta de información abierta al público en el Centro Cultural José Martí.

En 1990, el sacerdote fue trasladado a la Iglesia de San Miguel, ahí formó el grupo Nueva Vida. Los dos grupos, los cuales desaparecieron por problemas de organización, según cuenta el monseñor, llegaron a reunir hasta 200 personas. "Algunos ya se casaron; otros siguen solteros, pero están haciendo frente a su situación evitando las acciones homosexuales", asegura firmemente el sacerdote, quien ahora oficia en la parroquia de San Francisco, muy cerca del Hospital La Raza.

Para este religioso, los homosexuales son "personas que tienen una enfermedad, igual que un alcohólico", y la manera de ayudarlos es "acercándolos a la sagrada escritura, a la celebración de la eucaristía y a los sacramentos".



 
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