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Mi señora, una golpeadora

Frente a la dramática situación de las mujeres víctimas de agresión intrafamiliar, se revelan cada vez más las denuncias de hombres que dicen ser maltratados física, verbal y sicológicamente por ellas; algunos no les creen y afirman que desde siempre ellos se han quejado
Domingo 05 de diciembre de 2004 Mónica Savage | El Universal

En compañía del bandoneón, El Rey del Tango, Carlos Gardel, le daba a su voz un toque de desdén para interpretar con compostura de caballero "Volvió una noche", canción en la que a una mujer le afloraba su lamento por su censurable actitud: "Volvió una noche, no la esperaba... tuve pena de recordarle su felonía y su crueldad".

Esa fiera es simbolizada por una paloma negra en la canción, que con el mismo nombre, José Alfredo Jiménez interpretaba con gemidos, lamentos y al son del mariachi. En esa composición, le reprocha a su amada que agarrara por su cuenta la parranda, le pide que no juegue con su honra y aunque le confiesa que la seguía amando, le suplica que ya no vuelva a su lado, pues ella (la paloma negra) era la causa de su sufrir.

¿Es real la fiera de Gardel o la paloma negra de José Alfredo?

Algunos especialistas dicen que nunca ha existido; otros consideran que es de carne y hueso: "Ella presenta ciertas características como la de ser dominante, fálica, controladora, narcisista, proteccionista", asegura Fernando López Murguía, subdirector del hospital Fray Bernardino.

Mientras que los hombres que dicen ser heridos o abusados por ellas, piensan que por regla general lo que se da a conocer es el número de mujeres víctimas de la violencia, debido a que son las más, y la violencia que ellas generan se desdibuja al considerarse que "es lo de menos".

"Le dio con el sartén", es una frase que pasa del ambiente público, a la discusión seria de un problema que aflora y derrumba creencias, como aquella que sataniza a los hombres y los coloca todo el tiempo como abusadores, cuando ellas también pueden serlo.

Jorge, quien recibió maltrato físico por parte de su ex esposa, considera que la sociedad está en un error al pensar que todas las mujeres son objeto de vejaciones, porque "ni todos los hombres son abusadores ni todas las mujeres son víctimas".

Jorge rompió con el atavismo cultural que le demandaba "no llorar" y expresa su sufrir en grupos de trabajo formados por la fundación Hombre Contemporáneo, creada para ayudar exclusivamente a ellos.

"Hay que escucharlos", concluyeron los integrantes de esa fundación, con sede en Aguascalientes, cuando la abrieron e intentaron ayudar al "otro lado de la moneda" que casi por regla se le acusa de ser el bravucón. Margarita Guillén, su fundadora, dice que en ese estado hay tan solo 5 mil hombres maltratados. El dato es avalado por el Centro de Salud Mental de Aguascalientes.

"Hablamos de muchos casos en los que detectamos hombres abusados, ya sea porque la mujer ejerce un control excesivo de su dinero, o porque se les fiscalizan sus movimientos, se les levantan sospechas falsas, se les chantajea con los hijos, o se manipulan sus emociones y el sexo", manifiesta Guillén.

Gritos, pellizcos o empujones, cuenta, son algunos de los maltratos físicos y verbales más frecuentes; además de los sicológicos, como humillarlos o sobajarlos. Aunque los maltratos llegan a su máxima expresión en actos que propician fracturas, o la muerte del cónyuge; de ahí que muchas mujeres se encuentren hoy encarceladas por asesinar a su marido, en la mayoría de los casos por defensa personal.

El caso de Jorge revela que la violencia femenina puede adquirir grados y tintes de crueldad. El miedo a que su ex esposa fuera violenta, hizo que en ocasiones él durmiera en otra habitación y con trancas, para evitar su entrada. "Le tenía miedo porque dijo que ella no se quedaría quieta, que no me saldría limpio de la relación".

A este hombre, su ex mujer, cuyas manos son más grandes que las de él, lo golpeó tres veces: "Sólo fueron tres, tres las que me golpeó, porque fue mayor la violencia sicológica que tuve durante cuatro años que duró nuestra relación, una vez que me salí de casa fue un descanso para mí".

Otras veces, las insinuaciones le hicieron creer que atentaría en contra de su vida a través de los alimentos que elaboraba. "Por supuesto que no comía lo que hacía. En el fondo vivía con una verdadera terrorista, en verdad que tenía pánico de que algo hiciera".

Al recordarla, confiesa a EL UNIVERSAL que ella es una mujer de espalda amplia, piernuda y que, cuando no está deprimida, tiene mucha personalidad".



Causas de la violencia femenina

Servir y servirle a los hombres de la forma tradicional como lo hicieron las mujeres educadas para no reclamar, dejó de ser una práctica común en nuestra sociedad, analiza Guillén cuando trata de entender lo que sucede en los casos en donde la mujer es agresora.

La estructura social cambió y hoy muestra rupturas en los roles que socialmente les toca asumir a mujeres y a hombres, precisa. Uno de ellos, dice Margarita, es que la mujer trabaje y gane más dinero, lo que propicia que el hombre se sienta inferior, o que la mujer juegue otros papeles en el hogar mas allá del encargo de servir.

Otras familias se educan en el matriarcado, explora el subdirector del Fray Bernardino al hablar de los factores culturales que fomentan esta situación.

No queda en este tipo de respuestas el fondo del problema, advierte Daniel Cazés Menache, quien considera que las mujeres en los últimos sesenta y tantos años han construido un lugar que la sociedad no les ha dado, y lo han construido, dice, haciendo referencia a todos los tipos de violencia que han sido víctimas... "entonces los pobrecitos hombres ya encontraron que pueden decir que también les pegan".

"Ahora ya hay organizaciones de hombres que dicen que las mujeres son muy feas, a mí me interesa escuchar a esos hombres", puntualiza Cazés Menache, director del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, quien trabajó por unos 30 años con grupos de hombres y mujeres, reveló que a sus talleres (los hombres) llegaron a quejarse de que los maltratan y "cuando sale la cuestión, nos damos cuenta de que fueron violentados como respuesta a su propia violencia".

"No conozco a ningún hombre que haya sido maltratado como una mujer; es decir, en la indefensión total, en una situación social y familiar de inferioridad, de humillación, de obediencia. He encontrado muchos que se quejan".

¿De qué se quejan? se le pregunta. "De que las mujeres los maltratan". El investigador trata de recordar las palabras que alguna vez llegó a escuchar y las repite: "Esta estúpida no cumple con su obligación de cuidar a los niños y luego quiere que yo no le dé".

Otro caso nos cuenta el doctor López Murguía, subdirector del hospital Fray Bernardino. Se trata de un hombre que a sus 52 años sufre de depresión y ansiedad, ante lo cual se le suministra a diario un tratamiento médico que consiste en ansiolíticos y antidepresivos. Parte de los motivos que propiciaron su enfermedad, indica el especialista, fueron los abusos sicológicos y físicos que su esposa cometió en contra de él.

Al leer su expediente, López Murguía nos dice: "Nos describe que le golpeaba con la mano y que su esposa se desesperaba porque él no podía entender lo que ella le pedía". Prosigue y lee, tal cual, la narración del paciente: "No la entiendo y entonces me pega".

Otros casos llegan al Centro de Atención para la Violencia Intrafamiliar (CAVI) de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF). Son casos de hombres, dice Amada Domínguez, que vienen y denuncian que sus mujeres los arañaron, pero cuando se le pregunta a alguno de ellos: "¿Y dónde está su esposa?", ella se encuentra en terapia intensiva en algún hospital de la ciudad, relata la directora del centro.

Situaciones como la anterior hacen creer a Amada que no vale la pena analizar lo que sucede con los supuestos abusos de las mujeres; pues sólo hace falta remitirse a los hechos, uno de ellos, dice, es que a su centro jamás ha llegado un hombre víctima de violencia femenina.

"Cuando lo tengamos, vamos a convocar a los medios para informar que aquí ya llegó el primero", declara.

Quienes han llegado son hombres de la tercera edad para denunciar a sus esposas. Ellos se casaron con mujeres mucho menores que ellos, a las cuales en su juventud maltrataron sicológica, física y sexualmente y ahora acusan de supuesto abandono.

Estos casos pueden convertirse en escándalos públicos, por registrarse en todas las clases sociales. Un ejemplo, no muy lejano, lo personificó el ex presidente José López Portillo, quien denunció: la actriz "Sasha (Montenegro) me golpeaba y me pendejeaba".



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