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'El poeta maldito'

Acusación: Ofender a los símbolos patrios. Sergio Witz es la única persona en México que está acusada penalmente por publicar un poema
Lunes 27 de septiembre de 2004 Carlos Avilés | El Universal

En el máximo tribunal del país nadie lo conoce físicamente, pero ya lo llaman, en broma, "el poeta maldito".

Los que han leído el poema que originó que la Procuraduría General de la República (PGR) lo acusara de cometer el delito de ultraje a las insignias nacionales, se lo imaginan como un tipo mal encarado, agresivo y tosco.

Pero si lo conocieran en persona se sorprenderían, pues este hombre, de apenas un metro 50 centímetros de estatura, con anteojos diminutos de grueso cristal, con aire bonachón y que la palabra más agresiva que dice cuando habla es "cabrón", sea el responsable de que la Suprema Corte tenga en sus manos la resolución de uno de los casos más importantes en materia de libertad de expresión que ha revisado el alto tribunal.

De acuerdo con datos recabados en el máximo tribunal del país, la relevancia del amparo que solicitó Witz contra el auto de sujeción a proceso que le dictó una juez en Campeche por el delito de ultraje a las insignias nacionales va más allá de lo que le sucede a él, y se coloca en el terreno de lo que le podrá pasar a cualquiera en el futuro a partir de lo que determine la Corte en su caso.

Basados en el caso particular de Sergio Witz, los ministros de la Suprema Corte de Justicia tienen que responder preguntas cruciales para la libre expresión, lo mismo de poetas, artistas y escritores, que de periodistas.

La Constitución protege la libertad de escribir y publicar escritos de cualquier materia, sin más límites que el respeto a la vida los individuos, la paz pública y la moral.

De tal suerte que los ministros de la Corte deberán responder hasta dónde llega la libertad de expresión y hasta dónde llegan sus limitantes, en especial cuando se refieren a la paz pública y a la moral, ésta última considerada actualmente como un concepto poco claro y muy subjetivo.

El caso no es sencillo. Pero el primero que le tuvo que dar respuesta fue el ministro José Ramón Cossío Díaz, a quien le tocó por turno elaborar el proyecto de sentencia de este juicio.

Cossío, que apenas ingresó a la Corte en diciembre del año pasado, es considerado por abogados y académicos como un ministro de tendencia liberal y que, por su juventud (tiene 42 años), llegó a renovar los criterios del máximo tribunal.

Desde hace un par de meses elaboró el proyecto de sentencia y en él propone amparar a Sergio Witz, conforme pudo constatar EL UNIVERSAL.

Cossío parte de la idea de que el artículo 191 del Código Penal Federal, en el que se establece el delito de ultraje a las insignias nacionales, es contrario a la Constitución, porque viola la garantía de libertad de expresión que establece la Carta Magna de nuestro país.

Pero nada está decidido. Aunque el proyecto todavía no ha sido estudiado por todos los ministros, el asunto ya generó una división de criterios al interior de la Corte.

En el alto tribunal hay quienes estiman que dicho artículo no viola la Constitución, porque opinan que las libertades no son absolutas y que, por tanto, deben acatar ciertos límites, y éstos son los que establecieron los legisladores en el Código Penal Federal.

Además de que consideran que si se permiten conductas como las de Witz, después cualquiera podrá llegar a extremos poco deseables como quemar la Bandera Nacional sin ningún problema, tal como ocurre en Estados Unidos.

Para que el proyecto que propuso el ministro José Ramón Cossío sea aprobado, debe tener el respaldo de la mayoría de los 10 ministros que actualmente integran la Corte debido a que hay una vacante por el fallecimiento del ministro Humberto Román Palacios, aunque sea por un solo voto de diferencia.



Y todo por una equivocación

En las actas del juzgado federal de Campeche que lo procesa por el delito de ultrajes a las insignias nacionales, se le describe como Sergio Hernán Witz López, de apodo Poeta , nacionalidad mexicana, campechano, con 40 años de edad, casado, profesor y con estudios de Licenciatura en Español.

Ese es Witz. El que, mientras toma un té helado para aligerar el calor de Campeche, cuenta que se siente abrumado, e incluso apenado, de que sólo se le conozca por un poema que, admite, si se somete a un estudio literario se verá que "es malo, poéticamente hablando".

Es el mismo Witz quien explica que el poema "La patria entre mierda" se publicó por equivocación, porque, recuerda, en la revista Criterios le pidieron un texto y él pensaba entregarles un poema que escribió sobre Campeche, pero a la hora de enviárselos se equivocó de fólder y les dio el que contenía el poema que ha generado todo el conflicto.

El polémico poema dice en una de sus partes: Yo/ me seco el orín de la bandera/ de mi país,/ ese trapo/ sobre el que se acuestan/ los perros/ y que nada representa,/ salvo tres colores/ y un águila/ que me producen/ un vómito nacionalista...

A la revista no se le acusó de ningún delito porque la misma establece claramente en su directorio que los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.

El hombre menudito, regordete, que rehúye las miradas directas a los ojos, lamenta que su obra haya sido perjudicada por un poema que escribió en una tarde de febrero de 2001, en uno de esos ratos en los que se sintió profundamente decepcionado por los problemas políticos y sociales que agobian al país.

Esa tarde, recuerda, a él mismo le sorprendió lo que había escrito cuando terminó el texto.

Y ahora lo que le sorprende es que ese poema opaca sus cinco libros de lírica, su incorporación en la antología contemporánea de poetas de Campeche y el primer lugar que obtuvo en el Concurso de Poesía Tabasco 84, entre otros reconocimientos .

Pero lo que más lamenta es que ahora a sus hijas las molesten en la escuela diciéndoles que su papá es un delincuente.

Pese a todo no se arrepiente de haberlo escrito.

"La verdad, la intención primordial es hacer una crítica a lo que conocemos como patria y el símbolo que representa la identidad es la Bandera. Más que un insulto fue una crítica hacia el falso patrioterismo", explica el escritor cuando se le pregunta cuál era la intención de escribir su poema.

Asegura convencido que no, que su poema no es un insulto.

"Al contrario, es una llamada de atención sobre los falsos patriotas. No es un insulto. Ahora, que pudo haber sido dicho de otra manera, quizá, pero ese es mi estilo de escribir".

Y abunda sobre cuál es su estilo: "Yo escribo de una manera que muestro la realidad de lo que veo, no utilizo el lenguaje literario para disfrazar las cosas, sino las muestro tal como son. Yo pienso que la poesía debe ser un medio para expresar verdades".

Witz López está consciente de que hay quienes consideran su poema como un ultraje a la Bandera; sin embargo, asegura que él tiene su propia interpretación.

"Esto es cuestión de interpretación. Cada quien lo interpreta a su modo. Para mí el patriota no sólo es el que elogia, sino el que también hace una crítica".

El escritor sabe que su suerte se encuentra en manos de la justicia y que al fin de cuentas su obra podría transformarse en un delito.

"El escritor debe asumir las consecuencias de lo que ha escrito. Ha habido momentos muy duros durante todo el proceso y me plantearon en varias ocasiones que yo entregara una carta en la que dijera que me arrepentía de todo para que me perdonaran, y no lo hice, porque el poeta debe estar consciente de que sus palabras tienen un valor y de que esas palabras debe sostenerlas", dice con vehemencia Witz.

"La libertad de expresión no puede ni debe tener límites, porque si no estaríamos en un estado de sitio de la mente", sentencia el poeta.



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