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“Una amenaza ignorada en AL”

Estructuras como el EI o Al-Qaeda no tienen fronteras y la región necesita poner más atención al tema, dice
Un policía federal de Brasil trasladó a un sospechoso por cargos relacionados con terrorismo, el 21 de julio de 2016. De acuerdo con las autoridades prometió lealtad el Estado Islámico (ERALDO PERES. AP)
27/08/2017
01:53
José Meléndez / corresponsal
San José.
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El terrorismo es una amenaza ignorada en América Latina. Los cárteles de México, las maras de Guatemala, El Salvador y Honduras, las redes criminales de Brasil y los residuos de las guerrillas de Colombia, Perú y Paraguay mutaron hace varios años de hechos de delincuencia común a actos terroristas.

Hay abundante evidencia del nexo de agrupaciones terroristas de Medio Oriente con mafias de México y Colombia para traficar drogas de América hacia África y Europa.

Este análisis fue ofrecido, en entrevista con EL UNIVERSAL, por el español Román Ortiz, director de Decisive Point, firma de consultoría especializada en seguridad, defensa y riesgo político, y ex asesor en contraterrorismo, estrategia antinarcóticos y seguridad ciudadana para instituciones del gobierno de Colombia, como el Ministerio de Defensa, el Comando General de Fuerzas Militares, la Armada y la Policía Nacional.

¿Es el terrorismo una amenaza ignorada en América Latina?

—Pongamos las cosas de manera balanceada. América Latina no es área de activad prioritaria del terrorismo islámico. La prioridad es Medio Oriente y ahora Europa, pero sí han habido importantes ataques terroristas, en contra de la embajada de Israel en Argentina, en 1992, y la Asociación Mutual Israelita Argentina en Buenos Aires, en 1994. En la medida en que grupos terroristas como el Estado Islámico (EI) apuestan por ser actores globales, aún figuran de forma limitada en América Latina, pero sí están haciendo presencia.

Las autoridades latinoamericanas tienen una visión de la seguridad a lo interno y violento, porque enfrentan problemas de gran dimensión con el crimen organizado. No hay suficiente atención al terrorismo en América Latina. Hemos aprendido que el terrorismo islámico siempre emerge en espacios donde hay blancos atractivos y vulnerabilidades que le permiten acceder a esos objetivos.

Sería deseable prestar más atención a este riesgo en la región, porque lo que están demostrando todos los días estructuras como el EI o la organización terrorista Al-Qaeda es que no tienen represión por fronteras y son capaces de operar a nivel global.

¿Tiene casos específicos?

—He conocido de la presencia de un chileno con el EI. Se sabe que varias decenas de musulmanes de Trinidad y Tobago se unieron al Estado Islámico. Se descubrió en Brasil un pequeño grupo de individuos que fueron una amenaza para las Olimpiadas de 2016 en Río de Janeiro. Son riesgos vigentes.

¿La violencia y la pobreza en Latinoamérica son caldo de cultivo del terrorismo?

—En la zona vemos fenómenos vinculados al terrorismo clásico, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Colombia, los remanentes de Sendero Luminoso en Perú y el Ejército del Pueblo en Paraguay. Y hay estructuras del crimen organizado con un repertorio que uno podría definir como terrorista. Allí hay una bolsa más grande, como los cárteles mexicanos de Los Zetas y Jalisco Nueva Generación, y organizaciones de Brasil, como el Comando Primero de la Capital, que usan tácticas terroristas sistemáticamente.

Vemos un fenómeno exclusivamente latinoamericano con peculiaridades o factores híbridos, porque con un enfoque de crimen organizado, movidos fundamentalmente por el lucro y por economías ilícitas, como narcotráfico, extorsión o minería ilegal, desarrollan actividades terroristas para promover sus intereses y negocios y expandir su poder.

Las maras o pandillas centroamericanas, la Salvatrucha o MS-13 y la M-18, recurren a tácticas despiadadas en países golpeados con fuerza por la pobreza. ¿Son terroristas?

—Son estructuras de crimen organizado con diferencias. El grado de sofisticación y de alcance internacional de la MS-13 es más extremo que la M-18. Pero hay un factor de emulación. Han habido cárteles mexicanos que usan la decapitación para amedrentar a sus enemigos.

Hay una variable clave: en México se hizo más extrema la violencia por Los Zetas, con el uso que hicieron de las Fuerzas Armadas para controlar el narcotráfico, de la forma más cruel posible, con tácticas terroristas.

Eso elevó el umbral de violencia en México y el resto de los carteles han imitado a Los Zetas, que cambiaron el patrón de la violencia y elevaron su nivel, haciéndola aún más extrema en un contexto internacional.

¿Puede ocurrir un encuentro del crimen organizado de América Latina y el Caribe con terroristas de Medio Oriente?

—De hecho ya lo está habiendo. Hay suficientes evidencias de que Hezbolá (organización islámica musulmana chiíta libanesa política y militar) se ha lucrado con el tráfico de cocaína proveniente de América Latina.

Se han descubierto conexiones de estructuras de narcotráfico y de individuos en Colombia vinculados a Hezbolá. Hay una ruta del narcotráfico que lucra a terroristas del norte de África. La ruta sale de Venezuela o de la costa (caribeña) colombiana, cruza el Atlántico, llega a África Occidental y atraviesa el Mediterráneo para entrar a Europa, por España o Italia.

Son redes terroristas de Medio Oriente que han buscado la colaboración de los cárteles mexicanos desde hace aproximadamente tres o cuatro años. Hubo un caso en la que se descubrió un intento por parte de agentes vinculados a grupos islámicos de contratar los servicios de cárteles en México.

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