"Torpeza, detrás del independentismo catalán"

El periodista y escritor John Carlin, famoso por sus libros sobre Mandela y Pistorius, contó en Colombia por qué su columna ya no se publica en el diario español El País. Además, habló de reconciliación, futbol y periodismo
“Pienso que El País es un periódico fantástico en el plano internacional. Cubre cultura muy bien. Ha cubierto deportes muy bien.... Pero me sentía muy infeliz con su línea editorial en España, en particular con respecto a Cataluña”
19/11/2017
02:54
JULIO CÉSAR GUZMÁN
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“Me despidieron de El País hace como un mes. El 10 de octubre recibí una carta de cancelación de contrato, porque no estaba en la plantilla”. Con esas palabras casi resignadas, John Carlin, el gran cronista y columnista británico, acepta hablar por primera vez de su salida del periódico más prestigioso de habla española, ante un grupo de periodistas de El Tiempo, convocados esta semana para una charla sobre su oficio.

“Se habían demorado en preguntarme”, soltó en broma Carlin, autor de El factor humano (llevado al cine por Clint Eastwood con el título Invictus) y Pistorius: la sombra de la verdad. El escritor estuvo en Colombia invitado por la fundación Tiempo de Juego, con el apoyo del Programa de Alianzas para la Reconciliación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y Acdi/Voca.

“Hagamos un ejercicio tipo Sherlock Holmes. Yo les doy los datos y voy a contar cosas que no he contado en público –anunció Carlin–. Yo pienso que El País es un periódico fantástico en el plano internacional. Cubre el resto del mundo mejor que cualquier otro medio en español, entre otras cosas porque tiene más recursos. Cubre China, cubre cosas que otros medios no hacen. Y cubre cultura muy bien. Ha cubierto deportes muy bien. Pero me sentía muy infeliz con su línea editorial en España, en particular con respecto al tema de Cataluña”.

“El 25 de agosto recibí un correo de alguien que trabaja para El País en relaciones públicas. Y en ese correo me pedía acompañar al director del periódico, Antonio Caño, en un foro sobre periodismo, y querían que me sentara al lado del director. Podemos suponer que el 25 de agosto, 45 días antes del despido, mi relación con El País era bastante buena”.

“Dije que no a esa invitación porque temía que si alguien me preguntaba sobre la línea editorial, sobre la derechización del periódico, no iba a ser capaz de contenerme e iba a hacer quedar mal a mi amigo, el director. Luego, escribí tres o cuatro artículos sobre el tema catalán, en los que mi postura es la básica de El País, en contra de la separación. Pero, a diferencia del periódico, pienso que el principal motor del independentismo catalán no ha sido la brillantez muy dudosa de los líderes del independentismo, sino la torpeza y quizás el cinismo del gobierno del Partido Popular. Esa, básicamente, ha sido mi discrepancia con El País”.

“Después, escribí un artículo en el Times de Londres, muy amplio, en el que hablé de esto. Eso salió un sábado. Y el domingo escribí la nota titulada Piqué presidente”.

Aquí vale la pena interrumpir a Carlin para explicar que en un diario tan cercano al Real Madrid ese titular, que aludía a una rueda de prensa concedida por el defensa del Barcelona Gerard Piqué, generaba al menos incomodidad. “El espíritu dialogante, medido y sensato con el que Piqué contestó las preguntas de los periodistas, el excelente manejo de la lengua, su sentido del humor y su lucidez argumentativa dejaron en ridículo a los nacionalistas españoles que le pitan cada vez que toca la pelota vistiendo la camiseta de la selección española, con la que ha ganado la Copa del Mundo. No sólo está a tres pueblos de los demás jugadores españoles, ingleses o de cualquier lado; está a tres pueblos de cualquier político español. La mejor solución para la crisis en la que se encuentra hoy España: Piqué presidente”, concluía la columna, escrita en plan jocoso.

De contragolpe, volvemos a la charla con Carlin: “Y entonces, recibí una crítica muy fuerte y muy grosera dentro de El País, por el artículo del Times. En España hay una sensibilidad exagerada sobre la visión que tiene de ellos el resto del mundo. Y es curioso que un artículo del Times, que era una ampliación de lo que había escrito en el periódico, fuera lo que causó tanta molestia. Al día siguiente recibí una carta de la directora de Recursos Humanos, con la cancelación de mi contrato, sin ninguna explicación. Y muchísimos periodistas han llamado a El País a preguntar por qué y nunca han dado explicaciones. Esos son los hechos objetivos, ustedes concluyan cuál fue el motivo”.

Futbol y reconciliación

Carlin se ganó la celebridad por sus entrevistas con el líder sudafricano Nelson Mandela y por contar la historia de cómo este se apoyó en la selección de rugby para lograr la unión en uno de los países más afectados por el racismo. Historias que podrían aplicarse a la polarización en Colombia: “El deporte es un instrumento muy interesante –reflexiona el escritor–. Y especialmente el futbol, que es el lenguaje universal. Hay gente a la que no le gusta, pero es un hecho ya científico que no hay fenómeno social más grande que el futbol. Es una gran democracia, tiene más adeptos que cualquier religión y cuando se juega no importa el estatus social. Yo he estado en estadios de todo el mundo, rodeado por gente de niveles educativos y económicos diferentes y, al oír los comentarios, el análisis supera cualquier brillantez que pueda tener yo. Lo que hace en Colombia la fundación Tiempo de Juego es maravilloso, y lo he visto antes en Ruanda, en Sudáfrica o El Salvador y es un instrumento fantástico para reconciliar”.

“En Sudáfrica existían todas las condiciones para que sucediera lo contrario a lo que pasó. Cuando llegué allí, el panorama era no sólo de una guerra civil, sino de una guerra racial. Tuvieron la enorme suerte de contar con un líder brillante, como Mandela, que supo persuadir a la gente. Es un ejemplo para cualquier político de izquierda o de derecha. Él tenía la fórmula de la eficacia para lograr sus objetivos (…) En los momentos de crisis, cuando su gente estaba pidiendo armas, él intervino de manera decisiva, pidiendo no cobrar venganza. Creo que Mandela tenía las virtudes de mucha gente negra y él lo decía, que se recorrió todo el país y conoció a tanta gente negra admirable, no racista. Yo llegaba como hombre blanco en situaciones terribles y lo lógico sería que me lincharan, pero siempre, si tratabas a la gente con respeto y con decencia, había una recompensa mayor a tu inversión”.

“Todo el mundo conoce lo de Invictus y la final del mundial de rugby de 1995. Lo que poca gente sabe es que al año siguiente jugaron la Copa Africana de Naciones de futbol en Sudáfrica. Y tuvieron una linda selección, muy potente y con toda la mezcla de razas. Había gente mestiza, gente blanca, gente negra. Era una visión del mundo de Mandela. Jugaron la semifinal contra Ghana, que era el equipazo de África. Y Mandela hizo lo mismo del rugby el año anterior. Entra al vestuario, sonríe, los saluda por sus nombres, y cuando está a punto de salir del vestuario se da media vuelta y les dice: “Chicos, dejo el país en sus manos”. En los siguientes 90 minutos, el país eran esos 11 jugadores de futbol. Pues ganaron 3-0. Claramente, en manos de políticos hábiles, como Mandela, el futbol puede unir un país”.

“También hay oportunidades perdidas: España siempre tiene fracturas en su país, entre Cataluña, el País Vasco... Cuando España gana el Mundial en 2010, era una oportunidad de oro para que el gobierno utilizara eso, había siete jugadores del Barça y se podía haber sacado jugo. Pero no se les pasó por la cabeza. Es posible que hubieran frenado esta locomotora de estupidez de la separación”.

Las historias deben ser como los gallos

Tras salir de El País, Carlin sigue en el oficio. Ya ha escrito un par de notas para el diario La Vanguardia, pero no cree que pueda comprometerse con otro periódico, pues trabaja en un proyecto de televisión documental que lo mantendrá ocupado durante los próximos meses. Y permanece atento a las señales de la vida, uno de los secretos de sus textos: “Cuando salgo a buscar información, rastreo todas las opciones y hablo con cualquier persona que parezca interesante para entrevistar. Pero no sólo eso: un cartel que vea en la pared, una flor, todos los detalles los apunto. A la hora de armar el texto, puede que un detalle ilumine toda la historia. Una frase, una observación puede marcar la diferencia entre una buena historia y una excelente”.

“El trabajo de verdad es escribir. Lo que me ocupa más tiempo es el arranque, los dos primeros párrafos, y en ellos gasto tanto tiempo como en el resto de la historia. Hace mucho tiempo, un corresponsal de la BBC me dijo que una historia tiene que ser como un gallo: debe tener el pico duro, con mucha carne en el medio y la cola debe ser espectacular”.

“Lo obvio es arrancar con una anécdota que te mete en el lugar. Tolstoi decía que debes arrancar tu historia en medio de una escena. Pero a veces, como un desafío a mí mismo, busco arrancar de un modo diferente. Dos veces entrevisté al premio Nobel de Literatura V.S. Naipaul (...) Hablamos de lo difícil que era para él arrancar un texto. Me dijo que tarda mucho y que pasa semanas pensando. Y de repente, como por arte de magia, aparece”.

“Me habían dicho antes de la entrevista que era muy impaciente y tenía fama de echar a los periodistas de su casa, después de 10 o 15 minutos. Al final, me quedé dos horas y él me pidió que me quedara más tiempo. Pero tenía que tomar un vuelo a Manchester: no le dije por qué, pero era para ver un partido del Manchester United en la Champions League”.

“Eso de Naipaul me pasa a mí, en un ámbito muchísimo más modesto: de repente, se me prende la lamparita. Pero no es magia. Es porque he pensado muchísimo sobre el tema. Recuerdo una cita de Joseph Conrad que merece ser leída. Uno de sus libros, El negro del Narciso, tiene un prólogo de tres páginas y media nada más, en las que define su arte. Una de las cosas que dice, que se la cité a Naipaul, es: ‘Si te lo mereces y eres afortunado, lograrás llegar a los términos de tu forma de expresión’. Lo de merecer es invertirle mucho trabajo y pensamiento. Parece magia, pero es consecuencia de ese esfuerzo mental”.
 

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