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Sifredo Chávez. Migrante por despecho

El joven salvadoreño que viajó a EU en 1967, tras sufrir un desencanto amoroso luego de que su novia lo abandonó para irse a México, ha inspirado a miles
Monumento a Sifredo Chávez colocado frente a la Iglesia de la Asunción de Intipucá, en el parque municipal El Emigrante, en El Salvador (José Meléndez)
10/01/2018
03:30
José Meléndez, corresponsal
San José
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Por despecho, tras sufrir un desencanto amoroso luego de que su novia lo abandonó para irse a México, Sifredo Chávez decidió migrar de El Salvador a Estados Unidos y el 27 de febrero de 1967 salió de Intipucá, municipio del suroriental departamento de La Unión, con destino a la ciudad de Washington.

Chávez, entonces de 27 años de edad, hizo su primera travesía en avión, con visa estadounidense.

Ahora, a casi 51 años de distancia, un letrero en el que se lee “Welcome to Intipucá City”, da la bienvenida a esta localidad que sobrevive y progresa gracias al flujo de remesas familiares de sus migrantes; por algo, se le conoce como “Ciudad del Dólar”.

“Chávez fue emblemático: abrió camino para otros”, narró el intipuqueño Carlos Velásquez, residente en Washington desde 1979, director de una página digital sobre “Intipucá City” y de un programa televisivo y conocedor de la vida del pionero.

Para recordar a Chávez, fue construido un monumento en su honor frente a la Iglesia de la Asunción de Intipucá, en el parque municipal El Emigrante. Se trata de una estatua en la que se ve a Sifredo con una mochila al hombro y le recuerda como el primer intipuqueño que emprendió la aventura hacia EU. Sin embargo, no hay registro de que fuera el primer salvadoreño en emigrar al norte.

El resentido enamorado es símbolo de la comunidad migrante salvadoreña en EU, a la que el presidente Donald Trump canceló el lunes el Programa de Estatus Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) con el que Washington auxiliaba a ciudadanos de países que habían migrado por desastres naturales o guerras.

En el caso de El Salvador, fue el terremoto registrado en 2001. El TPS benefició a 190 mil salvadoreños a los que ahora la Casa Blanca dio 18 meses para resolver su situación migratoria o abandonar el país.

“A los intipuqueños en EU no les afecta. Vinieron hace muchos años y ya son estadounidenses”, dijo Velásquez por teléfono desde Washington a EL UNIVERSAL. Pero para miles de salvadoreños “es una catástrofe”, alertó, al subrayar que tan sólo en el área metropolitana de Washington hay entre 15 mil y 20 mil intipuqueños, porque a los 5 mil salvadoreños de la primera generación de migrantes se unieron pronto sus hijos, que conformaron la segunda generación.

Detrás de Silfredo Chávez, unos 2.5 millones de salvadoreños han migrado a Estados Unidos (ya sea con visa o sin ella) empujados por la pobreza, en las décadas de 1960 y 1970; por la Guerra Civil de 1980 a 1992, y por la endémica crisis social y de inseguridad que hace más de 25 años sufre esa nación, aunque muchos retornaron a la fuerza o por decisión propia.

Cifras oficiales de El Salvador revelaron que cerca de un millón y medio de salvadoreños viven en Estados Unidos de manera legal, además de los irregulares.

El Progreso

En su primer viaje, Chávez trabajó durante seis meses en Washington DC y después, con la visa vencida, retornó con mucho dinero a Intipucá, lo que sorprendió a parientes y vecinos que siguieron sus pasos hacia la capital estadounidense.

Chávez volvió a pedir y obtener visa, retornó a Washington y allí se casó y tuvo hijos. En una ocasión padeció el calvario del migrante irregular porque caducó su autorización de estadía estando en El Salvador, por lo que tuvo que entrar ilegalmente por tierra desde México. Después gestionó su residencia legal, que obtuvo gracias a que sus hijos eran estadounidenses.

Murió a finales de la década de 1990 en Washington y dejó el recuerdo de que siempre envió dinero a su pueblo como los demás intipuqueños y, entre todos transformaron el lugar. Así, una localidad con calles de lodo y casas de bahareque y paja, Intipucá ahora muestra relucientes vías adoquinadas, viviendas sólidas, instalaciones deportivas y escuelas, todo resultado del dinero ganado y donado por sus migrantes.

Sus pobladores están orgullosos del nexo con Estados Unidos porque la pujante existencia del pueblo está atada a los dólares que los intipuqueños envían desde Washington y que son apenas una parte de los transferidos a otras partes del país.

De acuerdo con cifras del Banco Central de El Salvador, las remesas totales —claves para la frágil economía salvadoreña— aumentaron de 3 mil 910 millones en 2012 y 3 mil 969 millones en 2013 a 4 mil 217 millones de dólares en 2014 y 4 mil 270 millones en 2015, para alcanzar los 4 mil 576 millones en 2016 y, según cifras preliminares, se prevén unos 5 mil millones en 2017. Una parte importante de ese capital podría estar en riesgo a partir del 9 de septiembre de 2019, cuando terminará definitivamente el TPS para los salvadoreños.

En esa avalancha de dinero, la escondida Intipucá nunca olvida a su ídolo y enfadado joven enamorado, Sifredo Chávez, quien les mostró los beneficios de la migración.

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