Redes sociales y la apología de la violencia

27/08/2017
01:53
Mercedes Baltazar
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Hoy en día, muchos nos enteramos de los ataques terroristas vía Twitter, en tiempo real y siendo reportados por presuntos testigos de primera mano. Piensen en Manchester, Marruecos, París, Barcelona... ¿Cuántas veces compartieron una foto, un video o simplemente una descripción de hechos? ¿Estaban seguros de la fuente o la veracidad del contenido?

Entre agosto de 2015 y diciembre de 2016, Twitter suspendió 636 mil 248 cuentas vinculadas al terrorismo y, sin ir más lejos, esta semana se hizo viral un video, adjudicable presuntamente al Estado Islámico (EI), amenazando a la población española con un posible nuevo ataque en el futuro cercano. En cuestión de horas ya estaba publicada toda la información personal y familiar del potencial autor del mismo, sin estar corroborada por las autoridades.

La propaganda del terror siempre ha sido un elemento importante de cada atentado, de ahí la importancia de ratificar la autoría y de dejar claro en la opinión pública el objetivo de un incidente. El desarrollo de nuevas plataformas ha hecho que los grupos terroristas evolucionen los mecanismos para diseminar su mensaje y la forma de aprovechar los usos y costumbres de una sociedad hiperconectada con una nueva necesidad de compartirlo todo, estén o no seguros de la información que están replicando.

La inmediatez de las redes sociales, en efecto, nos permite seguir en tiempo real lo ocurrido en distintos lugares del planeta, pero ¿cuál es el balance entre el beneficio de dicha comunicación y la contribución a diseminar el terror?

En su mayoría son imágenes y videos fuera de contexto, con el potencial de hacer más difícil la probabilidad de mantenerse seguro, pero sobre todo que amplifica el efecto del ataque al potencializar el terror volviéndolo internacional en lugar de local. Este es uno de los objetivos últimos de los grupos terroristas.

Es cierto, a nadie nos gusta pensar que un inocente retuit puede estar en sintonía con los objetivos finales de una organización de este tipo. Sin embargo, vale la pena preguntarse ¿hasta dónde se está haciendo una apología de la violencia?

No sólo son redes sociales, también son es mensajes instantáneos, memes o incluso historias publicadas sin corroborar en algunos portales; la confusión se contamina de una plataforma a otra como si fuera un virus difícil de contener. En la actualidad el terror y la angustia encuentran mucho más canales para multiplicarse.

El debate tiene dimensiones que van más allá de la apología de la violencia en sí misma: la tormenta de información peligrosamente tiene el potencial de dar pie a la falta de compasión con las víctimas y a racismo o acusaciones sin fundamentos. Uno de los ejemplos más emblemáticos fue el subReddit creado en 2013: “Encuentre al bombardero de Boston”, que desató una cacería de brujas que terminó con el suicidio de un joven de 22 años, acusado y juzgado en redes, tras ser confundido con el verdadero responsable.

La discusión sobre si es oportuno o no difundir imágenes violentas, vinculadas a terrorismo o crimen organizado, ha sido un tema sin resolver en medios tradicionales; cuando hablamos de redes sociales el problema se vuelve mucho más complejo, pues tocamos la libertad personal de cada usuario de elegir el tipo de contenido que postea.

Los propios medios están acudiendo a las redes sociales para descubrir lo que está pasando, sin tomar en cuenta si las imágenes son actuales o incluso el derecho a la privacidad de víctimas y afectados.

El lado luminoso del debate tiene que ver con las muestras de solidaridad y con el uso de redes sociales por parte de las autoridades para dar información oficial; no se trata de dejar de utilizar estos canales como mecanismos de ayuda, pero sí de hacer conciencia de que una imagen tomada con el celular puede terminar en cadena nacional o internacional y abonar a replicar el terror un retuit a la vez.

Internacionalista y socia de Meraki México
@lamarimer

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