Perfil. Martin Shulz Europeísta al ataque

El líder del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) y candidato a la Cancillería, Martin Schulz, en un acto de campaña en Berlín. (CARSTEN KOALL. EFE)
24/09/2017
01:26
Jerónimo Andreu / Corresponsal
Madrid
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Martin Schulz (20 de diciembre de 1955) nació en Hehlrath, una pequeña localidad en la frontera de Alemania con Holanda y Bélgica. Hijo de un policía socialista y de una activista conservadora, Schulz tiene familia en los tres países y es capaz de comunicarse en el idioma de todos sus vecinos (alemán, francés y holandés), además de desenvolverse en español e italiano.

Con estos antecedentes es fácil comprender que Schulz sea uno de los grandes defensores de la Unión Europea, que considera uno de los logros del siglo XX. Tanto es así que muchos lo parodian atribuyéndole el eslogan “Make Europe Great Again” (“Hagamos Europa grande de nuevo”) en contraste con el “Make America Great Again” del estadounidense Donald Trump, a quien Schulz ha ninguneado más de una vez, declarando que es “un irresponsable” que “alardea de ser un ignorante”.

Schulz le debe todo a Europa. Su juventud no fue sencilla. Mal estudiante, no pasó sus exámenes de final de bachillerato. Prefería el futbol y parecía tener futuro como defensa hasta que una lesión de rodilla lo hizo retirarse. Comenzó así una etapa de alcoholismo y depresión que lo llevó a un intento de suicidio en 1980.

Se recuperó y comenzó una carrera como vendedor de libros que combinaba con responsabilidades cada vez mayores dentro del Partido Socialista Alemán (SPD). Con 31 años se convirtió en uno de los alcaldes más jóvenes del país, pero fue el Parlamento Europeo el que lo lanzó al estrellato.

En 1994, Schulz, combativo y aficionado al ataque, fue elegido diputado y en 2012 alcanzó la presidencia del Parlamento Europeo. En noviembre de 2016 anunció que no aspiraría a un tercer mandato europeo y que sería candidato a primer ministro del SPD en 2017. Pese a no tener gran experiencia en la política nacional, su impacto en las encuestas fue inmediato y durante meses pareció devolver la ilusión al partido socialista más antiguo del mundo, que no gana unas elecciones desde 2002. Sin embargo, el impulso se desvaneció pronto.

Nadie culpa a Schulz. El gran problema para su partido es que los votantes parecen satisfechos con la receta que les propone el gobierno: estabilidad económica y política. Si se confirman las encuestas, Schulz deberá elegir si entra en una alianza con Merkel, como hacía hasta ahora el SPD, o intenta rearmar el partido desde la oposición para convertirlo en una alternativa de futuro.

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