Perfil. La vida de Lula, una auténtica novela política

El ex presidente conocido como "el hijo de Brasil", enfrenta una condena de 12 años en prisión; de los trajes Armani, pasará a existir en una celda de 15 metros cuadrados
Perfil. La vida de Lula, una auténtica novela política
Foto: EFE
07/04/2018
19:52
EFE
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Brasilia, Brasil.- La vida de Luiz Inácio Lula da Silva ha sido hasta ahora, a sus 72 años, una auténtica novela política, en la que hoy se escribió un nuevo e inesperado capítulo, tras su condena a doce años de prisión dentro de una celda de 15 metros cuadrados.

"Nunca antes en la historia de este país...", repetía Lula en sus mejores tiempos, cuando se jactaba de los cambios que su Gobierno generaba en un país plagado de desigualdades y que beneficiaban a los más pobres, entre los que él había nacido. Nunca antes un expresidente brasileño había ido a la cárcel por corrupción.

¿Cuándo nació?, ni él sabe. Lo registraron como nacido el 6 de octubre de 1945, pero su madre, fallecida en 1980, juraba que había sido el 27 de ese mismo mes.

Eran tiempos de pobreza campesina en la miserable Aldea de Vargem Grande (hoy Caetés), en un rincón todavía olvidado de Pernambuco, el estado del noreste en que se crió sin zapatos y pisando tierra.

Su padre, Arístides da Silva, era un campesino analfabeto y alcohólico que tuvo 22 hijos con dos mujeres: Lindú, madre de Lula, y Valdomira, prima de la anterior. Cuando Valdomira tenía 16 años, Arístides huyó con ella hacia Sao Paulo. En ése tiempo faltaba un mes para que Lula naciera y detrás de ellos partió entonces Lindú rumbo a la gran ciudad.

Con cinco años, Lula vendía tapioca y naranjas en las calles y conoció a su padre, de quien diría después que solamente le debía "un espermatozoide".

En Sao Paulo se hizo tornero, entró en los sindicatos, dirigió unas huelgas que estremecieron a la dictadura militar de entonces y conoció la cárcel por primera vez, pero por motivos políticos entonces.

Creció en el marxismo y en 1980, con la apertura política, fundó el Partido de los Trabajadores (PT), que nació bajo los ideales de Trotski pero con los años y el pulso de un Lula que nunca se alineó ideológicamente, acabó inclinado al centroizquierda de hoy.

Fue candidato presidencial en 1989, 1994, 1998 y 2002.

Al cuarto intento llegó al poder, pero ya no como el desaliñado obrero barbudo de puño en alto que pregonaba "revolución" (aunque no creyera mucho en ella), sino como un elegante político enfundado en trajes Armani que siempre que podía proclamaba: "paz y amor".

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Foto: AP.

Ya en el poder, apostó por la ortodoxia económica y pareció no tener oposición durante sus primeros años de gobierno, en los que su discurso social resonó más que los logros reales.

Se le atravesó entonces por primera vez la corrupción, con un escándalo que descabezó a la cúpula del PT y del que surgió el Lula pragmático, que se alió al centro y la derecha para volver a ser candidato presidencial en 2006 y ganar de nueva cuenta.

Su proyección internacional y la de todo Brasil llegaron hasta límites insospechados; en ocho años de Gobierno, da Silva pudo sacar a 28 millones de personas de la miseria, personas con las que Lula convivió en su infancia.

En 2008 fue considerado como una de las veinte personas más influyentes del mundo por la revista Newsweek. En 2009, los diarios Le Monde en Francia y El País en España, lo nombraron "Hombre del año".

Se codeó con jefes de Estado y reyes, pero con su carisma siempre habló con los brasileños en la "lengua del pueblo", criticada por académicos que durante estos ocho años le echaron en cara su falta de estudios.

En 2010, cuando concluía su segundo mandato con una popularidad del 80 %, le impuso al PT la candidatura de Dilma Rousseff, quien si bien fue reelegida en 2014, acabó destituida por el Congreso un año y medio después.

Los escándalos de los que Lula se había escapado en 2005 finalmente lo alcanzaron en 2016, cuando fue imputado en una causa penal vinculada a las investigaciones en Petrobras, que arrastraron a buena parte del PT y de sus antiguos aliados del centro y la derecha.

Los juicios contra Lula se fueron acumulando, llegaron a siete y la primera sentencia fue dictada el año pasado: culpable y condenado a nueve años de prisión, ampliados a doce en segunda instancia.

Desde entonces, el "hijo de Brasil", como fue apodado en un libro convertido en filme, denuncia una "persecución política" y apela sin éxito a todas las instancias judiciales e incluso ante organismos internacionales. Hasta ahora perdió todos los recursos y hoy también perdió la libertad.

Ignoró el plazo dado para su entrega, se atrincheró en el sindicato en que inició su vida política y resistió durante dos días. Pero finalmente se presentó a las autoridades, como dijo a miles de sus simpatizantes antes de entregarse, "con la cabeza erguida" y convencido de su inocencia.

Si ninguna apelación lo salva antes, estará al menos dos años en una pequeña celda que, pasado ese plazo y si la justicia lo acepta, pudiera cambiar por una prisión domiciliaria.

agv

 

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