Muertes innecesarias en Europa, por no prevenir

Foto: Archivo / EL UNIVERSAL.
29/04/2018
01:27
Inder Bugarin / Corresponsal
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Bruselas. Las gemelas Giada y Noemi, de 4 años de edad, a la fecha no han puesto un pie en ninguna escuela de su localidad, el balneario italiano de Rímini, frente al mar Adriático.

No precisamente por venir de una familia tradicional o económicamente afortunada, en la que uno de los padres permanece en casa al cuidado de los hijos, sino porque hasta ahora no han sido vacunadas, requisito indispensable para la inscripción en guarderías y servicios de cuidado infantil en Italia.

Su padre, Pablo, no piensa que sean más los beneficios que los daños causados por las vacunas.

Además se opone a la ley de julio de 2017 relativa a la vacunación obligatoria para las edades de 0 a 16 años. Todo estudiante debe ser inmune a 14 enfermedades, desde sarampión y rubéola, hasta neumococo y rotavirus; de lo contrario, corren el riesgo de enfrentar sanciones de entre 100 y 500 euros.

La postura del contador italiano no es aislada, forma parte de un fenómeno en expansión en Europa.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada vez son menos los europeos que recurren a un antígeno para formar anticuerpos. Por ejemplo, la población protegida con la tercera dosis contra el tétanos y la difteria (DTP3) pasó de 96% en 2012 al 92% en 2016.

Lo mismo ocurrió con la vacuna contra la polio (Pol3), de 96% a 94%, así como con la del sarampión, ésta última, la triple viral SPR, a partir del 2013 ha venido registrando un decrecimiento, pasando de una cobertura de 93% a 91% en 2016.

Consultados por EL UNIVERSAL, Martin Friede, director de Inmunización, Vacunación y Biología de laOMS, y Jean-Claude Manuguerra, jefe de la Unidad de Riesgos Infecciosos y Ambientales del Instituto Pasteur, coinciden en que el sentimiento antivacunas está aumentando principalmente por una actitud de “conformismo”.

“La gran preocupación es que piensan que las enfermedades desaparecieron, pero se olvidan que todos los días hay personas que vienen y van fuera del continente, y la enfermedad puede aparecer en cualquier momento en su vecindario. Las enfermedades no desaparecieron en Europa por arte de magia”, afirma Friede.

Las llamadas “noticias falsas” igualmente están erosionando la confianza ciudadana. Muchas son autoría de científicos “irresponsables” en busca de su gloria propia, así como de grupos opositores que explotan los sentimientos de personas que buscan una justificación ante una tragedia médica.

“Nos olvidamos de los beneficios y sólo vemos los riesgos de las vacunas con base en rumores, gente que no sabe o información en Facebook”, sostiene Manuguerra.

También hay rechazo a las vacunas por cuestiones religiosas, de logística, miedo a las agujas o incredulidad de que unas cuantas gotas protejan ante una infección letal.

Siddhartha Datta, del Programa de Inmunización y Enfermedades Prevenibles mediante Vacunación de la oficina de la OMS para Europa, afirma que el sarampión ilustra los impactos de renunciar a los antídotos preventivos.

La enfermedad infecciosa afectó a 21 mil 315 personas y se cobró la vida de 35 en 2017, por encima de los 5 mil 273 casos contabilizados en 2016. Tan sólo en los primeros dos meses del presente año, se han reportado más de 11 mil casos y 14 muertes.

Los casos involucran a personas de todas las edades. Los países más golpeados han sido Rumania, Italia y Ucrania, aunque Bélgica, Reino Unido, Francia, Alemania, Grecia y Rusia también se han enfrentado a centenares de incidentes.

“Estamos presenciando muertes que pueden evitarse. Muchas personas están poniendo en peligro su vida de manera innecesaria”, señala Manuguerra.

Para el investigador de la prestigiosa institución francesa, la imposición de una política obligatoria no es la solución. “La salida es impulsar la educación y la cultura científica”, subraya.

“La gran mayoría de las personas en la región europea de la OMS apoyan la vacunación como un derecho y responsabilidad. Por lo tanto, la cobertura de inmunización es muy alta. Sin embargo, el bajo nivel de confianza entre algunos padres sobre la seguridad de las vacunas es una preocupación”, sostiene Datta.

“Para mitigar el impacto potencialmente negativo de la desinformación, es importante escuchar atentamente las preocupaciones de los padres y el público en general, y proporcionar información precisa y basada en pruebas sobre los beneficios y la seguridad de las vacunas”, agregó médico.

La “reaparición” de enfermedades erradicadas, como el sarampión, la rubeola y la parotiditis no es la única preocupación entre los expertos en seguridad pública; existe el temor latente de la aparición de una nueva enfermedad, altamente mortal y de alcance planetario.

La red de científicos, Global Virome Project, estima que hay alrededor de 1.6 millones de virus en aves y mamíferos que aún no se han descubierto; de ellas, unas 840 mil podrían infectar y causar enfermedades en los humanos.

La gran incógnita es si alguno de estos virus puede llegar a niveles de pandemia; es decir, que pase la barrera animal infectando a los humanos, para después trasmitirse con facilidad entre las personas con una cobertura planetaria.

“Sabemos con certeza que habrá una nueva pandemia, pero no sabemos cuándo, ni en dónde”, dice Friede.

“No sabemos la magnitud, aunque una pandemia puede tener consecuencias devastadoras, podría frenar el crecimiento de la economía mundial por varios años”, advirtió.

Los científicos estiman que es muy probable que se trate de una nueva gripe aviar, aunque también puede venir de los cerdos, como ocurrió con el caso de A (H1N1) identificada en México en 2009.

La cepa aviar que más preocupa en estos momentos es la A (H7N9), descubierta en marzo de 2013 en China. A la fecha no se ha identificado una sostenida transmisión de humano a humano.

“Ante una pandemia nadie tendrá inmunidad”, indica Friede, quien estima que la primera vacuna tras el brote estará disponible en un plazo aproximado de seis meses.

“La vacunación será crucial, fundamentalmente para los grupos más vulnerables, menores, ancianos y mujeres embarazadas”, precisa.

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