Juegos olímpicos, ¿oportunidad para la paz?

El deporte no resuelve los problemas mundiales, pero puede acercar a enemigos aparentemente irreconciliables; otras veces, en cambio, se ve manchado por la política o por el terrorismo
Ilustración: ROSARIO LUCAS
28/01/2018
03:50
ANDREA MUHECH
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¿Cómo se vincula la actividad deportiva con las condiciones de paz? ¿Olimpismo y deporte son lo mismo? Actualmente existe una discusión sobre estos temas gracias a la posible participación de ambas Coreas como una misma delegación en PyeongChang 2018.

En los Juegos Olímpicos ha pasado de todo. En ocasiones, al mundo le ha tocado presenciar momentos de unión, armonía, y esperanza gritando frente a la televisión. En otras, nos ha tocado sentir la desesperación al ver que a nuestro país no le está yendo como quisiéramos o al ver que alguien sale lesionado. También nos ha tocado sonreír viendo los clavados en los que parece que los atletas vuelan, nos ha tocado cantar mientras sentimos la piel chinita, retorcernos al ver el levantamiento de pesas, impresionarnos gracias a la flexibilidad de los gimnastas, o llorar cuando vemos que se rompe un récord. Es cierto que las Olimpiadas son eventos sumamente emotivos para el mundo en general y, sin importar el color de piel, el género, la estatura, la orientación sexual, la religión o la forma de los ojos, sentimos lo mismo.

En los Juegos Olímpicos ha habido momentos que quedarán en la memoria de muchos. Un ejemplo fue cuando las Coreas desfilaron juntas en Sidney en el 2000, o cuando vimos participar a la primera delegación de refugiados en 2016; sin embargo, tampoco se olvidarán los momentos en que la política se adueñó de la situación, como en Múnich en el 72, en donde un atentado terrorista acaparó la atención, o en Berlín en el 36, cuando los Juegos Olímpicos se usaron como un vehículo de propaganda. Es imposible no tomar en cuenta el entorno internacional en el que la lucha de poder, rencores entre naciones y conflictos existen. Sin embargo, esto no implica que el deporte no pueda ser utilizado como constructor de paz.

Pero, ¿qué es paz? Muchos han estudiado el concepto. Están las escuelas realistas que se basan en las características anárquicas del sistema internacional, y están por otro lado las liberales que le apuestan a la cooperación. Existen otros puntos de vista como los de los racionalistas, o los constructivistas. La mayoría ve la paz como la ausencia de conflictos violentos entre naciones o individuos. Sin embargo, la ausencia de violencia es sólo la parte negativa de la paz. Según autores como Johan Galtung (1996), existe la paz positiva, y significa la presencia de elementos que crean paz, como lo pueden ser instituciones, actitudes o estructuras. Según Alger (1987), también existe la paz desde la perspectiva de raíz que nos dice que ésta se construye desde abajo. Por otro lado, el Instituto para la Economía y la Paz (2016) nos habla de 8 pilares de las sociedades pacíficas. En resumen y si sumamos lo que dicen diferentes teorías, la paz no es sólo ausencia de violencia, se construye desde abajo y depende de muchos factores. ¿Podría entonces el deporte contribuir a ella?

Muchas organizaciones e instituciones promueven el deporte como constructor de paz ya que puede asistir en la cimentación de lazos comunitarios, formar líderes o empoderar individuos. Hay literatura científica que nos puede hacer afirmar que las actividades deportivas pueden ser constructores de paz. Si entendemos la paz como un concepto amplio, podemos afirmar que el deporte funciona. Todos podemos hacer deporte ya que consta de un lenguaje sencillo en el que no importa la nacionalidad ni el género. Los deportes promueven el acercamiento con el otro y el respeto por el oponente. Se trata de actividades que incluyen participantes pertenecientes a diversos estratos económicos o sociales, y se pueden hacer en cualquier parte del mundo. Se puede afirmar que, aunque el deporte no es la receta mágica para tener un mundo mejor, algo puede aportar.

Pero, ¿cuando hablamos de deporte, hablamos de olimpismo, y si hablamos de olimpismo hablamos de deporte? La respuesta es no. Los ideales del Comité Olímpico Internacional aspiran a una noción de internacionalismo en los Juegos Olímpicos. Hay quienes argumentan que el olimpismo es una creación de Occidente y otros como el Barón de Coubertin (fundador del olimpismo moderno) nos dicen que los nacionalismos sí caben. Otros teóricos afirman que hay que adaptar el concepto a la globalización. Por otro lado, si analizamos el contexto, nos podemos dar cuenta de que los Juegos Olímpicos cada vez son más incluyentes e igualitarios y han ido cambiando. Sería errado afirmar que el olimpismo y el deporte son equiparables. El olimpismo es un subsistema que interactúa con otros subsistemas internacionales como lo son el político, el económico, el cultural o el social. El deporte es una herramienta del olimpismo y aunque éste pueda promover la paz, es imposible separarle de la agenda internacional.

El deporte como tal es una actividad que usada de manera adecuada puede ser un constructor de paz, y el olimpismo es un movimiento internacional que aunque busca fomentar el diálogo y la cooperación, no siempre lo logra.

Por lo tanto, ¿podemos resolver los problemas del mundo pateando un balón? Tal vez no. Sin embargo, podemos reírnos con el de al lado haciéndolo y darnos cuenta de que no es tan diferente. ¿Correr nos puede hacer amigo del enemigo? Tampoco. Sin embargo, el sentimiento al cruzar la meta es el mismo. ¿Las Coreas van a alcanzar la paz después de marchar juntas? Por más que quisiéramos el sí, la respuesta también es no. Sin embargo, el hecho de que caminen con la misma bandera le da al mundo esperanza y a ellos la prueba de que su frontera es sólo una línea trazada en el suelo. Todo se empieza con pequeños pasos que nos demuestran que vengamos de donde vengamos, todos somos seres humanos que llegamos al mundo a una misma cosa, a vivir; y una vida sin paz no se vive de la misma manera. Hay momentos en los que podemos ver una luz en el camino y sin duda, el deporte puede abrirnos los ojos a todos.

Coordinadora del Centro de Investigación para la Paz México

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