Costa Rica elige presidente entre predicador y politólogo

Más de 3 millones de votantes pueden participar mañana en segunda vuelta
El candidato presidencial por el PRN, Fabricio Alvarado (izq.), y el del PAC, Carlos Alvarado (der.), participaron en un debate el martes pasado. (KENT GILBERT. XINHUA)
31/03/2018
01:44
José Meléndez / corresponsal
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San José.— Tras una confusa campaña que mezcló odios religiosos, alianzas insólitas, divisiones partidistas, oportunismo político y creciente incertidumbre, Costa Rica llegó a una hora crucial de su historia y mañana escogerá a su próximo presidente con dos periodistas como inesperadas opciones en una segunda ronda electoral: un predicador evangélico-derechista y un politólogo centro-izquerdista.

Los aspirantes —el predicador evangélico Fabricio Alvarado Muñoz, de 43 años y del opositor Partido Restauración Nacional (PRN), y el politólogo Carlos Alvarado Quesada, de 38 y del gobernante Partido Acción Ciudadana (PAC)— aceleraron el paso en las últimas horas como protagonistas de la carrera final por la presidencia, en una consulta definitiva en la que los costarricenses elegirán un presidente y dos vicepresidentes, quienes asumirán para un cuatrienio que se iniciará el próximo 8 de mayo.

Para ganar se necesita mayoría simple, pero tras una batalla sin precedentes que emergió signada por la zozobra y el factor religioso, se complica el desenlace, al combinarse con la Semana Santa y con el temor de un masivo abstencionismo en días de asueto.

Un total de 3 millones 322 mil 329 electores podrán sufragar en 2 mil centros de votación en un día inusitado —Domingo de Resurrección— y con el desconcierto de que las dos fuerzas tradicionales, los ahora opositores partidos Liberación Nacional (PLN) y Unidad Socialcristiana (PUSC), quedaron fuera.

Los Alvarado pasaron la primera ronda, efectuada el 4 de febrero y en la que nadie recibió más de 40% de los votos válidos requerido para ganar. Debatieron en dos meses sobre pobreza, inflación, déficit fiscal, deuda, desempleo, infraestructura, corrupción, educación, salud e inseguridad.

Pero la pugna también fue dominada por asuntos que exarcebaron actitudes radicales o fundamentalistas, desde posiciones religiosas o conservadoras, por un lado, y progresistas y laicos, por la otra.

A la discusión de esta nación —consolidada como la más pacífica democracia de Latinoamérica y el Caribe, con unos 69 años de ininterrumpida estabilidad política— entraron la forma de venerar a la Virgen de Los Ángeles, Patrona de Costa Rica, el matrimonio entre personas del mismo sexo y si el homosexualismo y el lesbianismo son enfermedades.

Sin importar distancias ideológicas, dirigentes del PLN y del PUSC se adhirieron a alguno de los Alvarado, en alianzas que agudizaron la división interna y con alertas de que fueron oportunistas y a cambio de puestos de gobierno.

Al aspirante del PAC, partido que surgió este siglo como bastión antineoliberal sin ser anticapitalista o socialista y que con el actual presidente Luis Guillermo Solís, ganó en 2014 en lucha contra el bipartidismo del PLN y del PUSC, se le unieron elementos de ambas agrupaciones de reconocida trayectoria neoliberal. Al del PRN, fundado en este siglo y con políticas cercanas a la economía de mercado, se le adhirieron figuras del PLN y del PUSC.

Más allá de púlpitos o tribunas, una realidad persistió: sin contener la crisis de sus cuentas públicas, encabezada por un déficit fiscal de 6.4% de la producción en 2017 que oscilaría entre 7.1% y 7.9% en 2018 y 2019, Costa Rica colapsaría.

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