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Arabia Saudita, cambio y represión

El príncipe Mohammed bin Salman busca que el reino se transforme para poder sobrevivir, pero su deriva hacia el autoritarismo ha encendido las alertas
El cofundador de Microsoft, Bill Gates, con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, el martes (REUTERS)
16/11/2017
02:28
Jerónimo Andreu / Corresponsal
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Madrid

El príncipe Mohammed bin Salman, el hombre fuerte de Ara-bia Saudita, busca una transformación económica y social que permita la supervivencia del ultraconservador reino en un futuro sin petróleo. Pero las oposiciones que está encontrando son fuertes, como demostró con la detención, el pasado sábado, de gran parte de sus rivales.

Bin Salman, o MBS, como se hace llamar, tiene 32 años y ha tenido un ascenso fulgurante desde que su padre, el rey Salman, llegó al trono en 2015, con 81 años. En ese momento MBS fue declarado segundo en la línea de sucesión de la familia Al Saud pero, en un movimiento inaudito, el pasado junio logró que el primer heredero, su primo Mohamed Bin Nayef, le cediese a él su puesto.

Desde entonces, MBS ha acumulado “un poder y una influencia extraordinarios en muy poco tiempo”, dice Frederic Wehrey, del lobby Carnegie Endowment for International Peace.

En pocos meses, el príncipe ha lanzado un paquete de reformas que suponen un gran cambio social en un reino donde la mitad de habitantes son menores de 25 años que viven bajo las leyes impuestas por una casta de ancianos clérigos.

La reforma más vistosa ha sido el anuncio de que las mujeres podrán conducir a partir de junio de 2018. Esto permitirá que, al fin, la mitad de la población pueda moverse sola en un país en el que casi todos los desplazamientos requieren un auto.

En esta misma línea, a finales de octubre, MBS prometió una transición hacia un país “moderado” que practique un islam “tolerante y abierto”. Está prevista la apertura de cines, y las mujeres podrán acudir a eventos deportivos.

Con la caída del precio del crudo, Arabia Saudita ha gastado un tercio de sus reservas financieras. Por eso los analistas coinciden en que el objetivo de MBS es preparar el país para la era post petróleo.

Restricciones. Las normas religiosas imponen la segregación sexual, centran la educación en el estudio de la religión, y marcan el ritmo de vida con sus cinco pausas diarias para el rezo, que obligan a cerrar los comercios. El 80% del trabajo privado corresponde a habitantes extranjeros (10 millones), y el 75% de los 21 millones de saudiárabes están empleados en el ineficiente servicio público. Eso, sin contar con que las mujeres no pueden trabajar sin permiso marital.

Para transitar hacia una economía productiva, el reino necesita cambios sociales. Por ejemplo, para fomentar el turismo el príncipe ha anunciado la apertura de hoteles en el mar Rojo donde se permitirá que hombres y mujeres compartan la playa. “Los saudíes intentan repetir el modelo chino y facilitar crecimiento y oportunidades para su juventud sin concesiones políticas”, opina el analista estadounidense Brian M. Downing.

El documento Visión 2030, presentado en mayo por MBS, resume sus objetivos. El más ambicioso es que la monarquía deje de ser dependiente del petróleo en 2030. El plan pasa por vender 5% del gigante petrolero Aramco, dotarse del mayor fondo soberano del mundo, con un capital de 2 mil billones de dólares, y crear 17 centrales nucleares.

Sin embargo, los enemigos de MBS no son pocos. A la desconfianza por su carácter ambicioso se suma el descontento por sus jugadas más arriesgadas. Entre ellas destacan la guerra de Yemen, que inició en 2015 siendo ministro de Defensa (con 12 mil muertos y heridos); el boicot a Qatar, al que acusó de ser un país “terrorista”, o el endurecimiento de la tensión diplomática con Irán.

Al príncipe se le acusa de poner en peligro la estabilidad de la región, terminando con una forma de hacer política basada en los equilibrios de poder. Desde la fundación de Arabia Saudita en 1932, las ramas de la familia Al Saud han logrado mantenerse en paz repartiéndose las áreas de poder, explica la española experta en el mundo árabe Rocío Vázquez.

Purga. Pero ante las resistencias con que se ha topado, MBS no ha dudado en detener a sus rivales. En septiembre ya arrestó a una treintena de intelectuales y clérigos, lo que le valió condenas de asociaciones pro derechos humanos.

El pasado sábado, unas horas después de crear una comisión contra la corrupción dirigida por él mismo, fueron arrestados 11 príncipes, una decena de altos cargos y casi 200 hombres de negocios vinculados a facciones rivales. Todos se encuentran confinados en el hotel Ritz-Carlton de Riad.

Este movimiento ha generado gran inquietud en el mundo de los negocios y la diplomacia estadounidense, explicaba el diario The New York Times en un artículo de este martes en el que apunta que el rey Salman puede estar en los últimos compases de su reino y MBS quiere neutralizar rivales.

De los pocos en apoyar el movimiento ha sido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuyo yerno y asesor, Jared Kushner, es próximo a MBS, y que busca aliados contra Irán. Trump anunció en su Twitter tras conocerse las detenciones en Riad: “Tengo gran confianza en el Rey Salman y el Príncipe Heredero de Arabia Saudita. Saben exactamente lo que están haciendo”.

Otros analistas no están tan seguros, y temen que esta dinámica autoritaria se vuelva contra MBS y su sueño reformista.

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