El primer tiempo de la gran final del Mundial Alemania 2006 terminó 1-1 y el marcador ya no se volvió a mover, con un dominio claro de los italianos sobre los franceses.
Pero la charla en el medio tiempo con el entrenador Raymond Doménech y la presencia del presidente Jacques Chirac en el palco de honor parece que transformaron a la selección gala, pues en la parte complementaria brindaron al menos 15 minutos de oleada ofensiva con un toque de magia futbolera.
Thierry Henry hizo jugada por izquierda, se llevó a tres defensas y luego realizó disparo por abajo, pero suave para facilitar la labor del portero italiano Ganluigi Buffon, apenas 46 segundos del arranque del segundo tiempo.
Otra vez "Titi" Henry por izquierda con centro que no llegó a Frank Ribery, quien se vio más suelto, gambetero y buen conductor del esférico.
Al agarrar mal parados a los "azzurri", Malouda no supo concretar arribo al perder el balón ante un defensa y "Titi" realizó disparo potente que desvió Buffon, al minuto 63.
Los sorprendidos italianos poco hicieron a la ofensiva y Luca Toni fue pillado en fuera de lugar en centro a balón parado y por eso le anularon el gol que hizo al minuto 61.
A partir de entonces, la magia francesa se apagó, el marcador ya no se movió y llegaron los penaltis que terminaron con la gloria italiana y el llanto francés.
gdh