Sede de la final
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Un coloso memorable

El Olímpico de Berlín, sede de la final de este día entre Italia y Francia, tiene la mezcla perfecta: pasado y modernidad

Alejandro Asmitia V./Enviado
El Universal
Berlín, Alemania
Domingo 09 de julio de 2006

00:01 Imponente y majestuoso, con ese toque de modernidad que da su pista de tartán en color azul, pero sin olvidar que sus paredes hechas de mármol recuerdan también el pa so de la historia; sí, aquella que iniciara en 1936, cuando fue testigo de unos Juegos Olímpicos en los que Jesse Owens —atleta estadounidense de raza negra— le demostró al entonces dictador alemán, Adolfo Hitler, que el empeño y disposición que una persona pone para sobresalir en cualquier disciplina, no tiene nada que ver con el color de su piel.

Es el estadio Olímpico de Berlín, sede del duelo final de hoy entre Italia y Francia, el cual promete ser intenso y posiblemente cardiaco, como lo han sido todos y cada uno de los duelos previos que se han disputado en este legendario inmueble.

Es por ello que el llamado Olympiastadion —localizado al oeste berlinés— tendrá otra noche feliz en su importante historia, pues formará parte de una celebración más, gala o ‘azzurri’, la cual engrosará la lista de aquellos festejos que ha tenido su estructura desde el ya lejano 1 de agosto de 1936, fecha en la cual fue inaugurado.

Digno colofón para un evento que ha impactado por la gran cantidad de público que ha visto los par tidos en vivo, pues nunca en la his toria de un Mundial jugado en Europa todos y cada uno de los estadios se de del certamen habían presentado un lleno en sus tribunas, por lo que hoy en Berlín no será la excepción; esto, a pesar de que toda la ciudad y por supuesto, el país entero, espera ba la presencia del invitado que nun ca llegó a esta fiesta: Alemania.

Hace apenas dos años, el estadio Olímpico terminó de ser remozado y quedó listo para la gran cita que lo aguardaba: la Copa del Mundo, la cual iniciaría justo a 70 años de distancia de la hazaña de Jesse Owens, quien ganó cuatro medallas de oro (100 y 200 metros, relevos 4x100 y salto de longitud), ante la mirada de Adolfo Hitler, quien había utilizado los Juegos Olímpicos como un medio de propaganda nazi; en aquel entonces lo hecho por Owens fue considerado una ofensa hacia el régimen del ‘Führer’, pero hoy en día —a manera de homenaje— la principal avenida que conduce al inmueble lleva el nombre del atleta estadounidense y una placa en el propio escenario marcará por siempre lo acontecido ahí.

Es por ello que los cuatro años que duró la renovación del estadio —con un costo de 242 millones de euros— valieron la pena, pues este toque de modernidad combina a la perfección con lo añejado de sus cimientos, ya que fue conservado 70% del antiguo recinto que hoy se distingue por su techo de fibra de vidrio, salvo en la curva oeste, —con el fin de conservar la vista sobre la antigua y célebre puerta de maratón— su pista de atletismo en tartán azul y 312 proyectores especiales que iluminan el terreno mientras los espectadores permanecen en la penumbra, lo que le da un toque mágico a un inmueble digno de una final de Copa del Mundo.

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