Ronaldinho llegó a Alemania 2006 como el mejor jugador del mundo y se va como la peor decepción del torneo.
El brillante mediocampista ofensivo del Barcelona, que deslumbró al mundo llevando al equipo catalán a conquistar la Liga de España y la de Campeones, jugó el Mundial, pero nadie se dio cuenta.
Previo al mundial, apareció en todo medio de comunicación, probándose ropa, persiguiendo un desodorante, jugando una especie de “frontenis” increíble con los postes de la portería y mostrando su singular sonrisa.
Pero ni con los zapatos “mágicos” dorados logró deslumbrar.
Jugó todos lo minutos de los cinco partidos que sostuvo Brasil, pero sólo produjo una asistencia para gol y nada más.
La jugada en la que más se le recuerda es haciendo un berrinche porque Adriano no le dio un pase que le hubiera dado una oportunidad de gol en el partido en que Brasil goleo Japón.
Todo parece indicar que derrochó sus mejores jugadas en los comerciales de televisión.
rcr