Alemania celebró hoy la conquista del tercer puesto en la Copa Mundial de Futbol 2006 como si hubieran ganado el primer puesto, ondeando cientos de miles de banderas en todo el país y con un espectáculo de fuegos artificiales, después de vencer 3-1 a Portugal en la ciudad de Stuttgart.
Se trata de la selección local más joven desde 1966 y entre el público, tanto en el estadio de Stuttgart como en el resto de las ciudades, los alemanes alzaban cartelones con la leyenda "Nos vamos al 2010", "Gracias", "Estamos orgullosos de ustedes", "Klinsi". La actitud que prevaleció fue la de una genuina alegría y celebración.
El timonel alemán Jurgen Klinsmann se mostraba jubiloso en la cancha del estadio de Stuttgart, después de recibir la Cruz de Honor, que le otorgó la Canciller Federal de este país, Angela Merkel.
Merkel estaba entusiasmada y aplaudía a los jugadores alemanes después de condecorarlos con la misma presea, así como el Presidente del país europeo, Horst Kohler.
Klinsmann se convirtió en este mes en una figura líder en un país que está buscando su reubicación en el mundo global y gana competitividad, para lo que necesita aceptar cambios, algunos de ellos dolorosos.
El de hoy fue el último juego para grandes futbolistas de la selección alemana como Oliver Kahn y Jens Lehmann, ambos porteros y de 36 años. No volverán a jugar en una Copa del Mundo.
Kahn declaró a la prensa en los vestidores que apenas si podía imaginarse un mejor modo de poner fin a su carrera, aunque reconoció que era al mismo tiempo un intenso momento en el que también había una cierta tristeza.
El público alemán no quería dejar el estadio y entonaba porras, no cesaba de aplaudir, ondeaba todo tipo de artículos con los colores de su bandera nacional y no se cansaba de vitorear a su selección.
Para los alemanes, el tercer lugar no resultó amargo sino una verdadera fiesta de proporciones gigantes en todo el país. El futbolista de la noche fue el seleccionado alemán Bastian Schweinsteiger, quien metió dos goles durante el partido de hoy.
La figura de la noche fue sin duda el entrenador de la selección alemana, Jürgen Klinsmann, ya que su tarea fue mas allá de la técnica futbolística.
En un momento en que Alemania tiene que aceptar cambios, algunos de ellos amargos, Klinsmann encarnó la valentía para el cambio renovador y la experimentación, flexibilidad y soltura.
"En todo el país hay en este momento emociones que casi son increíbles!", decían los comentaristas alemanes, al ver las escenas en las gigantescas pantallas de la milla del aficionado en la Plaza Potsdam.
Las principales avenidas de Berlín, como de muchas otras ciudades de Alemania, estaban llenas de "autokorsos", como le llaman aquí a las caravanas de autos que tocan el claxon mientras sus pasajeros ondean banderas y gritan porras con medio cuerpo afuera del auto.
La selección alemana se presentará mañana al mediodía en la Puerta de Brandenburgo para establecer contacto con los aficionados y la policía alemana considera que habrá decenas de miles de personas.
gdh