México ofreció a su guardameta Oswaldo Sánchez, todavía conmovido por la muerte de su padre, una victoria por 3-1 sobre Irán fraguada en el último cuarto de hora del partido disputado en Nuremberg.
Los jugadores mexicanos se fundieron en un abrazo con Oswaldo en cuanto el árbitro señaló el final de un partido que estuvo igualado hasta el minuto 76 y sólo se desequilibró en la última fase con los goles de Omar Bravo y Zinha.
La formación mexicana jugó por debajo de lo esperado frente a un rival limitado que igualmente logró controlar buena parte del encuentro, más por voluntad y entusiasmo que por sus cualidades individuales o colectivas.
El desahogo mexicano se produjo a los 76 y 79 minutos con los goles anotados por Bravo y Zinha, que tapan una actuación poco convincente.