En San Lucas Tunco se vive entre agua podrida y pobreza

Sus habitantes no tienen servicios básicos y temen otro desborde del Lerma
El temor de los habitantes de este poblado es la temporada de lluvias, pues el agua del Río Lerma se desborda y llega hasta sus viviendas, por ello hicieron zanjas en el perímetro de sus casas para protegerlas. (JORGE ALVARADO. EL UNIVERSAL)
14/01/2018
01:12
Claudia González
Metepec, Méx.
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San Lucas Tunco es un poblado de Metepec que destaca por su proximidad con el cauce del Río Lerma. Un paisaje que combina lirios, agua podrida, olor fétido y animales muertos que flotan en la anegación que está por cumplir un año entre las 100 casas de la calle Insurgentes y la vía sin pavimentar por la que usualmente los vecinos atraviesan en bicicleta.

No se trata de una laguna, pero pareciera por la cantidad de agua que rodea los lotes sin numerar que las autoridades locales señalan como un asentamiento irregular, habitado desde hace más de cinco generaciones.

Acusan que el ayuntamiento no les ha drenado el agua porque quieren obligarlos a desalojar los terrenos que ocupan.

La mayor parte de los habitantes son indígenas. Este año, a pesar de la temporada de estiaje, permanece la inundación que ocurrió en junio de 2017, arrastrando a su paso el agua contaminada, negra y podrida que por las mañanas emana un vapor imposible de respirar, pero que a diario inhalan padres e hijos al salir de su casa. Piensan que es neblina, pero no es así.

Enfermedades respiratorias, asma, salpullido, padecimientos gastrointestinales, dolores de cabeza y el terrible frío que provoca humedad en las viviendas, es el contexto en que se crecen más de 20 niños que habitan en las pequeñas manzanas.

A lo que más teme la gente en este lugar es a la temporada de lluvias, pues el agua del Lerma se desborda y llega hasta sus viviendas, entra a las humedecidas paredes, se filtra en el suelo. Por ello hicieron zanjas en el perímetro de sus casas.

No tienen servicios como electricidad o agua potable, acuden a un pozo aledaño y sacan agua con mangueras en tambos, para usarla deben esperar a que se asiente, luego la hierven y la cloran para beberla o para lavar la ropa o trastes.

A esta comunidad los únicos apoyos que llegan son unas despensas al mes que durante el presente trienio no fueron de utilidad. En diciembre del 2017 les tocaron frijoles descompuestos y arroz quebrado.

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