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El frío no le hace nada a los habitantes de San Juan de las Huertas, en Zinacantepec, quienes se acostumbraron a vivir a seis grados bajo cero; sin embargo, el gasto en chamarras para cubrirse de las heladas y la compra de medicamentos para atender las enfermedades respiratorias impacta sus bolsillos.

A pesar de ser considerado el invierno más crudo, en este poblado del Valle de Toluca, que se ubica en la parte baja del volcán Xinantécatl, donde se deshiela el coloso, esperan que “baje la nieve”, para que comience a elevarse la temperatura.

Marina, una de las vendedoras de legumbres en la plaza pública que se instala miércoles y jueves, platica que aún con esas temperaturas sus hijos asisten cada mañana a la escuela, aunque ayer sí cancelaron las clases porque el aire cortaba la cara, “estaba helado, pero no más que antes”.

Envueltos en jorongos, usando sombreros, bufandas, hasta máscaras que les cubren la mitad del rostro, los pobladores aseguran que esta temporada es similar a otras; pero están molestos por no encontrar medicamentos para las enfermedades respiratorias en las clínicas del Instituto de Salud del Estado de México (ISEM), pues se supone que deben tener acceso al tratamiento gratuito.

“No es que queramos todo regalado, pero si nos van a prometer que habrá medicina, que cumplan. ¿Para qué nos hacen ir si no van a dar buen servicio? Dejamos nuestras actividades una mañana y debemos ir de nuevo a otro médico porque no encontramos lo necesario”, destaca Delfina, vendedora de tortillas hechas a mano.

La señora platica que en su casa no prenden leña, emplean el anafre, aunque tienen cuidado porque es muy peligroso, pues el calor que emana y el humo son mortales.

Instalada en su pequeño negocio, de apenas un metro cuadrado, dice que el frío que debe enfrentar por las mañanas lo aminora con el calor del comal donde echa la masa.

“No es algo que nos haga mella, sí es un lugar donde hace mucho frío, luego vienen a visitarnos familiares de Toluca y dicen que es más helado que allá, pero sólo esperamos sólo que se deshaga el hielo y para prepararnos para el calor”, cuenta.

Rodrigo, otro de los habitantes, vendedor de ropa para Niños Dios, está cubierto con un gabán, se encuentra instalado justo a un costado del kiosco, la mesa de casi un metro donde muestra sus productos le sirve para resguardarse un poco del aire congelado. Dice que cada temporada se coloca en el mismo sitio, aunque no siempre descienden las temperaturas hasta los cinco grados bajo cero.

“No es común, hace muchísimo frío, lo que preocupa son las enfermedades. Hay mamás que sí hablaron con la directora y pelearon por entrar más tarde, aunque sea una hora, pero no hay forma, muchos dicen que sólo si el niño está enfermo se justifican las faltas, menos no”, reclamó.

Sin embargo, a las dos escuelas del nivel básico ubicadas en este poblado, la mayoría de los papás llevaron a sus hijos caminando, como si la temperatura no calara los huesos, pasaron después a la plaza, llevaron el mandado para la comida y se quedaron a platicar con las amigas.

“No es tan grave el frío”, comentan algunas señoras agrupadas en espera de recibir un programa social, coinciden en que es peor ir a la Ciudad de México, donde hasta emitieron alertas por el clima.

En Toluca, los pobladores portan dos o tres suéteres, chamarras, gorros, bufandas y hasta ropa térmica, algunos hasta cargan la cobija para envolverse mientras caminan por las calles. Los más jóvenes quienes visten ropa caliente; para los mayores estas heladas son el reflejo de la capital mexiquense de hace 30 años.

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