Tatuadoras ganan terreno en oficio dominado por hombres

Las oportunidades laborales para que una mujer se desarrolle en este ámbito son limitadas. Tinta y Sangre es el primer estudio en la Ciudad que las apoya e impulsa
Minerva, al frente, tatúa un brazo mientras que al fondo Katyte , Spooky Pony y Némesis (sentada) posan junto a los bocetos que adornan el iluminado estudio, en pleno Centro Histórico. ()
09/05/2018
01:06
Consuelo Juárez
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Rodeadas de paredes cubiertas con todo tipo de ilustraciones, Katyte y Gypsy preparan las tintas, el papel hectográfico y las agujas para plasmar una imagen permanente en las pieles de las dos clientas que esperan pacientes. Némesis corre de un lado a otro ofreciéndoles té y dulces.

El Taller de Tinta y Sangre inició en 2014 y ha sido el lugar de trabajo de varias tatuadoras. Desde el año pasado está ubicado en la calle Donceles, colonia Centro, en la Ciudad de México. Es el primer estudio en esta metrópoli donde sólo laboran mujeres, según su creadora. Actualmente el equipo está conformado por ocho tatuadoras.

Su fundadora, conocida en el mundo del tatuaje como Némesis, de 30 años, comenzó “formalmente” hace cuatro y aprendió a tatuar de forma autodidacta, lo cual recuerda como un proceso arduo y tardado.

Cuando empezó a incursionar en el mundo del tatuaje, observó sus prácticas y había muchas “cuestiones” que no le parecían correctas. La mayoría sobre la relación entre cliente-tatuador. Muchas veces, ejemplifica Némesis, observaba la falta de conexión entre ambos para llegar a acuerdos respecto al diseño.

Además, estaba el trato al cliente, pues muchos tatuadores consideran la piel como un simple lienzo, sin importarles dar un significado real a su trabajo. A Némesis, dice, no le gusta referirse así al cliente, pues se de brinda un servicio, pero “no se debe perder el contacto con el otro”.

También observó que las imágenes tatuadas son repetidas constantemente y en Tinta y Sangre lo que se hace es ayudar a las personas a encontrar diseños originales que vayan con lo que realmente están buscando.

Un factor decisivo para ella fue la desigualdad que se apreciaba dentro del ámbito. La mayoría de tatuadores a los que conoció en los estudios eran hombres y, afirma, no hay tantos lugares en donde las mujeres puedan desarrollar su talento.

“Tristemente las oportunidades para entrar como mujer al medio del tatuaje son más complicadas, porque a pesar de que se ha abierto muchísimo y hay muchas tatuadoras muy buenas, es un ámbito que, como muchos otros, ha sido dominado siempre por los hombres”, afirma Némesis.

Esta situación se refleja en una base de datos de la Secretaría de Salud donde de los 521 tatuadores que solicitaron su Tarjeta de Control Sanitario entre 2016 y 2017, había registrados 368 hombres y sólo 153 mujeres.

Actualmente, el oficio del tatuaje sigue siendo relacionado al género masculino. Némesis explicó que es una idea cultural que se arrastra desde que el tatuaje empezó a practicarse por los presidiarios en las cárceles. “Si estabas tatuado implicaba haber estado en la cana [cárcel] y eso te daba un rango. Siempre era relacionado a actos delictivos y quienes más cometían esos actos eran los hombres”.

Por otra parte, en Tinta y Sangre el talento es lo que cuenta. Katyte se enteró del taller por medio de una convocatoria publicada en redes sociales, y “le llamó la atención” porque “no pedían experiencia”.

Némesis explica que lo que no se pide es una cantidad de tiempo determinada, pues “las personas talentosas se ven limitadas por ese requisito, en este y en otros ámbitos”.

Además, en pro de la igualdad, Némesis declara que no se busca desdeñar al otro género. “Una vez leí un comentario en el que decían que qué importaba si era hombre o mujer el que tatuaba, lo que importaba era el resultado final, así como a nosotras no nos importa tatuar a hombres y a mujeres”. Afirma que, aunque no tengan de primera mano información sobre algún estudio similar, esperan motivar a más gente a realizar su propio proyecto.

Portar un tatuaje con consciencia

Las tatuadoras de Tinta y Sangre se preocupan por el cliente. “No se trata sólo de practicar la profesión, sino de que tú, que te estás tatuando, entiendas el proceso y lo que está pasando en tu piel. Y para los que no se tatúan, también nos interesa que sepan, para que se interesen en el medio del tatuaje” dice Némesis.

Ejemplifica esta intención con la historia de una niña de 15 años que les escribió para pedir una cotización, afirmando que sus padres le habían concedido el permiso —a regañadientes—. “Le dije que no se tatuara ¿de qué me sirve tatuar a una niña que no sabe que lo que está haciendo es por un momento muy determinado y que después de siete años se va a arrepentir? Y es eso, darte este tiempo de responderle, de platicar con ella, de ver lo que sucede”, explica Némesis.

Como parte de esta labor, en Tinta y Sangre se reciben practicantes. Actualmente, son cuatro. Spooky Pony está sentada sobre un banco frente a una mesa con los bocetos que ha realizado durante su entrenamiento.

La practicante de 22 años comenzó a interesarse en el mundo del tatuaje hace tres y se incorporó al taller hace aproximadamente seis meses, en donde ya le permitieron tatuar en algunas ocasiones a clientes, siempre bajo la supervisión de Némesis o de las demás tatuadoras que siempre están ahí para apoyarla.

Acerca del concepto de Tinta y Sangre, se dice satisfecha, pero afirma que aunque su labor es muy importante, es blanco de muchas críticas. “Siempre hay personas que comentan en redes sociales cosas como ‘buscan igualdad pero son sólo mujeres’. Pero si nosotras tenemos en claro lo que hacemos, es suficiente”.