20 | ENE | 2019
Ocho horas de catarsis para los damnificados
Pequeños manifestantes tomaron Calzada de Tlalpan como cancha de futbol para pasar el tiempo y luchar contra las bajas temperaturas. (GALO CAÑAS. CUARTOSCURO)

Ocho horas de catarsis para los damnificados

23/06/2018
01:24
Andrea Ahedo
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Determinados, y pese al frío, música, café y pan, los mantuvieron en pie

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Este fue un plantón de ocho horas con música, una fogata improvisada, partidos de futbol y café con pan dulce.

A las 20:00 horas del jueves los damnificados estaban listos con sus sillas, bancas de madera y casas de campaña. A las 20:10 caminaron hacia Calzada de Tlalpan para impedir el paso; 12 horas antes, cuando bloquearon por primera vez la vialidad, dijeron con micrófono abierto y en vivo: “Cerraremos indefinidamente sino hay respuesta del Gobierno”.

A las 22:00 horas, el vocero Israel Ballesteros, fue escuchado por los damnificados: “Es vergonzoso que tengamos que trasladar el campamento como único medio para ser escuchados.”

En sesión extraordinaria los afectados de Benito Juárez, Iztapalapa, Tláhuac y Coyoacán votaron de forma unánime y sin titubear, que el plantón estaría hasta que fueran publicados las reglas de operación del fideicomiso.

Un tamalero vendió 70 tamales en 20 minutos, pues los damnificados sabían que la noche sería larga y que levantarían sus casas de campaña hasta que sucedieran dos cosas: la respuesta del gobierno o la llegada de granaderos.

Los niños hicieron equipos mixtos y Calzada de Tlalpan fue su cancha de futbol. Un amenizador de Avenida del Taller prestó sus bocinas para oír música. También festejaron un cumpleaños; un joven se puso una máscara de lobo y bailó El Gato Volador.

Aunque la música siguió, el frío caló hasta que a las 3:50 horas de ayer recibieron un mensaje: en 15 minutos recibirían un oficio firmado en el que se comprometía la publicación de los lineamientos de fideicomiso en la Gaceta.

“Esta noche nunca la vamos a olvidar”, dijo Francia, una damnificada del edificio 1C del Multifamiliar. No bastó decir una palabra más, los vecinos alzaron el puño y comenzaron a llorar.

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