​“No la pude sacar” dice tras derrumbe de edificio en Roma Norte

De acuerdo con personal de Protección Civil de la delegación Cuauhtémoc, el edificio se desplomó; en ese laboratorio trabajaban 100 personas
(Foto: Perla Miranda / EL UNIVERSAL)
19/09/2017
19:53
Teresa Moreno
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Lloraban. Salieron cubiertos de polvo, con el cabello cenizo. Se abrazaban. Dentro se quedaron sus compañeros, eran 10 o 12, las listas de trabajadores anotadas en una hoja de libreta se pasaban de mano en mano.

Alguien cayó en que Guadalupe, "Lupita", una administrativa, no estaba en la lista y tampoco en la calle. Eran 13.

De acuerdo con personal de la dirección de Protección Civil de la delegación Cuauhtémoc, el edificio localizado en la calle de Puebla 282 de la colonia Roma Norte se desplomó. En sus tres pisos trabajaban 100 personas. Era un laboratorio de Grupo Cencon.

Eran muchos los compañeros que no alcanzaron a salir del edificio; poco a poco comenzaron a llegar familiares y otras personas. Los trabajadores todavía usaban sus batas de laboratorio, algunas tenían manchas de color marrón.

Uno de ellos, un hombre corpulento y moreno, con los ojos rojos e hinchados, caminaba frenéticamente, iba y regresaba hacia la cinta de acordonamiento.

"No pudimos hacer nada. Ando viendo qué va a pasar, a donde la van a llevar", les decía a sus compañeros.

Cubierto de polvo, explicaba que, "Yo estaba a dos metros pero me trencé mi pie, no la pude sacar" y lloraba.

"No te culpes, hiciste lo que pudiste" le decían sus compañeros. Para él no fue suficiente.

"Estamos en shock, muchos de nuestros compañeros siguen adentro. Estamos esperando que saquen a 12", comentó una de las trabajadoras del laboratorio, una joven que intentaba contener las lágrimas al hablar.

Cuando ocurrió el sismo, el laboratorio se encontraba activo, lo que quiere decir que había reactivos químicos y sustancias peligrosas. Hubo un derrame tóxico, el olor dulzón de los químicos se extendía sobre la calle, se mezclaba con el olor del gas. Por si no fuera suficiente, había una fuga y cada vehículo que pedía el paso, representaba el riesgo de una explosión.

Más allá de las cintas amarillas con la leyenda de "precaución" que acordonaban la zona, más de 50 personas se abrazaban, lloraban, preguntaban.

lsm

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