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Los negocios que el sismo colapsó

La familia Mena perdió su taller de piñatas en el sismo. Aún no tienen un dictamen oficial sobre su edificio; “hay situaciones más urgentes”, les dijeron las autoridades
Hugo, dueño del taller de piñatas, aún no sabe si podrá volver a su local en Circuito Interior. Un perito les explicó que los daños no eran significativos. (Fotos: IVÁN CRUZ)
10/10/2017
03:10
CRISTINA HERNÁNDEZ Y CARLOS LANDETTA
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El local que pertenece al negocio “Piñatas Mena Bambolinos”, que durante 12 años se caracterizó por su colorido al exhibir las piñatas hechas por la familia Mena, quedó prácticamente vacío después del sismo del 19 de septiembre. Ahora en el piso se pueden ver estas figuras empolvadas, entre los restos de las paredes destruidas por el terremoto.

Quedaron también algunos muebles, pero sobresalen los muros derruidos que dan un aspecto sombrío y la sensación de que en cualquier momento el techo se puede venir abajo. En la calle hay vidrios rotos y todavía está la cinta amarilla que prohíbe el paso a los peatones.

El negocio estaba en el número 288 en la esquina de Melchor Ocampo y Río Tiber en la delegación Cuauhtémoc. El edificio quedó con severos daños tras el temblor y ahora está en riesgo de colapso por lo que negocios y departamentos tuvieron que ser desalojados.

Es uno de los 452 mil establecimientos en la Ciudad de México dañados por el terremoto, según las estadísticas sobre afectaciones publicadas por el Inegi. De éstos, sólo 1 de cada 10 han recibido ayuda por parte de las autoridades.

La familia Mena rentaba en la planta baja de este edificio desde hace 12 años, allí fabricaban y exhibían sus piñatas. Todos sus ingresos provenían de ese negocio. Desde el día del desalojo, el 20 de septiembre, se han dedicado a buscar un local nuevo para seguir trabajando, pero aún no han encontrado el adecuado.

Por el momento les prestaron un departamento en Azcapotzalco donde guardan las figuras e intentan seguir fabricando, aunque resulta difícil por lo reducido del espacio. La encuesta del Inegi, señala que 4 de cada 10 locales afectados suspendieron actividades por más de tres días.

 

La tradición

Hugo recuerda que fue su bisabuelo, Julio Mena, quien inició el negocio familiar. Les enseñó a sus hijos y nietos cómo elaborar las piñatas tradicionales. Ahora los sobrinos e hijos de Hugo también conocen el negocio, pero por el momento se dedican a estudiar y casi no participan en el taller.

"La tradición fue pasando de generación en generación, cada quien fue aportando ideas", porque al inicio las piñatas se hacían con carrizo y papel periódico, después utilizaron ollas de barro para formar las tradicionales estrellas.

Con los años vieron que tenían poca variedad y se dieron cuenta de que podían hacer todo tipo de figuras; por ejemplo, imitar a las caricaturas de moda y así atraer la atención de los niños. Ahora la mayoría son de periódico y cartón. La familia pinta las piñatas a mano, por lo que todo el trabajo es artesanal.

En el taller ubicado en Circuito Interior trabajaban Hugo, Alicia y tres empleados más. Calculan que una sola persona trabajando ocho horas diarias puede hacer un promedio de ocho piñatas a la semana si hay un molde base, porque de lo contrario su elaboración requiere más tiempo.

Volver a empezar

El matrimonio Mena considera que su reubicación y la dificultad de no tener un lugar establecido afectará sus ventas durante los próximos meses, “ya teníamos a nuestros clientes cautivos que nos seguían desde hace muchos años por lo céntrico del local ubicado en el Circuito”.

Ahora que están al norte de la ciudad, las personas se quejan porque para algunos es una zona muy retirada. "Es empezar de cero porque tenemos que buscar un nuevo local y acreditarlo", dice la señora Alicia.

La familia Mena busca la manera de no dejar caer el negocio, por lo que ha recurrido a la venta por medio de las redes sociales. Aunque sus principales ingresos aún provienen de la distribución sobre pedidos, ya que tenían clientes cautivos que iban directamente a comprarles a ellos y los recomendaban.

Una piñata promedio cuesta entre 330 y 350 pesos, el precio varía según el terminado y tamaño que el cliente solicite. Hugo Mena dice que en este negocio no hay temporadas altas porque son variables, hay meses del año en los que venden mejor que en otros.

También comenta que hay opiniones encontradas respecto a la situación del edificio. “Los primeros días una persona de Protección Civil nos dijo que sacaramos las cosas bajo nuestro propio riesgo”. Días después otro perito les explicó que los daños no eran significativos, sin embargo el experto encargado de revisar el inmueble cada seis meses les notificó que el edificio completo ya no resistiría otro temblor porque está en riesgo de colapso.

La familia Mena dice que aún no hay un dictamen oficial, las autoridades les dijeron que “hay situaciones más urgentes”. “A mí la verdad me da mucho miedo el edificio por lo inclinado que está, las paredes también están casi derribadas”, cuenta Hugo.