2017. “El edificio se hizo como un acordeón”

Juan José Arias llegó desde pequeño al Multifamiliar de Tlalpan, donde vivió los sismos de 1985 y el de 2017. Aún hace guardias afuera del inmueble que habitaba (ALONSO ROMERO. EL UNIVERSAL)
21/12/2017
01:59
Andrea Ahedo
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¿Cómo lograrán aquellos jubilados pagar un crédito a 20 años para la reconstrucción de sus casas? Juan José Arias, de 65 años, lanza esa pregunta.

Desde muy pequeño llegó al Multifamiliar de Tlalpan con su familia.

En esas cuatro paredes vivió los sismos del 85 y 2017, éste último, el que tiró su departamento. Juan José pudo ser una más de las víctimas, pero segundos antes de que el 1C cayera por completo, él aventó a su hija de 19 años, y después se arrojó desde el cuarto piso.

“Caminamos hacia la puerta. Todo empezó a moverse muy feo, como si estuvieran taladrando, salimos al pasillo y los vidrios comenzaron a reventarse. Las paredes se partieron, 10 segundos desde que salimos botaron las ventanas y las escaleras se cayeron. El edificio se hizo como un acordeón”.

En el momento en que cayó el tercer piso, la celosia se desmoronó y Juan salvó su vida. “Caímos”, y de esa caída se descalabró y se cortó un dedo.

Juan José Arias es de los vecinos que hacen guardias afuera del Multifamiliar, aún resguardado por policías capitalinos.

Los damnificados de estos edificios crearon una asamblea para exigir que sus opiniones se escucharan y no se aprobara la Ley de Reconstrucción del gobierno capitalino; pero el lunes 27 de noviembre ésta fue avalada.

Antes del sismo, Juan tenía una rutina: llevaba a su hija a la escuela, regresaba a casa para preparar la comida. A los vecinos que fallecieron los conocía.

“¿Cómo se propone un crédito para aquellos departamentos que ya se habían comprado? ¿Cómo van a pagar? ¿Pasarán el resto de su vida pagando?”, dice. “Veo mucha incertidumbre, espero que se resuelva. El gobierno tiene una mentalidad muy distinta a lo que es cubrir las necesidades sociales cuando se presenta un evento de esta magnitud, una tragedia. Para ellos es una oportunidad para hacer negocio”.

Antes de jubilarse, Juan trabajaba en una oficina gubernamental; ahora vive con otros familiares y acude a las reuniones de la asamblea, que ahora contempla a otras delegaciones.

Hace unas semanas, llegaron hasta la calle Álvaro Gálvez y Fuentes un grupo de damnificados de Oaxaca, para instalar un puesto y vender fotografías y artesanías del Istmo de Tehuantepec para las familias que se habían quedado sin casa por los sismos que el sur sufrió, aún más que la capital.

Lo que sobresale en las carpas de el Multifamiliar es el bullicio de los niños, y los aplausos y porras que los vecinos se dedican. No pueden entrar a sus casas, pero las siguen cuidando desde afuera de los condominios.

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