¿Tienes hambre? o ¿sólo son tus emociones?

No dejes que tu estado de ánimo controle lo que comes.
Foto: iStock
11/10/2017
13:54
Redacción
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A todos nos pasa, estamos satisfechos, pero vemos un alimento y no sabemos bien la razón, pero lo comemos a pesar de que ya no poder más, entonces ¿tenemos hambre en realidad? Sí y no. Se trata del hambre emocional, aquella que puede llegar a confundirse con la fisiológica, pero que en verdad es controlada por nuestros sentimientos, e incluso es más fuerte e impulsiva que la física.

En diversas ocasiones buscamos canalizar nuestras emociones, como la frustración, ansiedad o el simple aburrimiento, con la comida. Nuestro cerebro manda señales para calmar estos sentimientos y hacernos sentir mejor con la ingesta.

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Cuando tienes realmente ganas de comer, casi todo suena bien, pero la emocional es más selectiva y depende de nuestro estado de ánimo, lo que comemos. ¡Ojo! Hay que saber identificar este tipo de hambre, porque se puede llegar a volver una costumbre y un problema a la larga, generando aumento de peso y en consecuencia enfermedades causadas por ello.

Cómo aparece el hambre: En la emocional aparece repentinamente y de forma urgente. El hambre física es gradual y crece con el pasar del tiempo.

La saciedad: Con la emocional, no importa cuanto comas o si te sientes lleno, jamás será suficiente, es comer sin sentido y sin disfrutar de los alimentos. Al contrario de la física, que se calma en el momento en que te sientes satisfecho y eres más consciente de cuánto y qué comes.

Elección de los alimentos: Cuando se trata de hambre emocional, se tiene un deseo por algunas alimentos específicos —el antojo—, mientras que en la física se satisface con prácticamente cualquier comida y se está abierto a varias opciones.

Dónde está el hambre: La emocional se encuentra en tu cabeza: texturas, sabores, olores y colores en los que piensas y que te llaman. El hambre física se presenta en tu estómago y se manifiesta con el famoso dolor.

LA CULPA: Si una vez terminado de comer, tienes una sensación de arrepentimiento o vergüenza, es decir; si sientes que la culpa te invade, seguro comiste por culpa de tus emociones. El hambre física no genera esa sensación, ya que estás cumpliendo con una necesidad fisiológica.

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